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Maltrato Animal: Un Crimen Legal

MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL


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Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).




martes 10 de noviembre de 2009

El Circo Ringling Bros en España, diversión y maltrato en la pista

Niños, Damas, Caballeros... Pasen y vean uno de los mayores espectáculos del mundo, pues llega a nuestro País el Circo Ringling Bros con su carga de música, de luz y de color, con su tropel de acróbatas, de trapecistas, de malabaristas y de payasos y, cómo no, con sus animales de diferentes y exóticas especies, enjaulados, fustigados, sometidos y asustados para demostrar al respetable cómo es posible lograr por medio de un exhaustivo entrenamiento basado principalmente en el castigo físico y psicológico, que estas criaturas muestren comportamientos atípicos y ejerciten números impensables en estado de libertad y reñidos con su naturaleza, fisiología e instintos.


Compren sus entradas y contribuyan a esta cruel explotación. Servirán para pagar los impuestos solicitados por los Ayuntamientos en los que tendrán lugar las representaciones, los mismos ingresos que condicionan a determinados responsables municipales para permitir la presencia de este Circo a pesar de las denuncias presentadas contra el mismo por su miserable trato a los animales.

Su dinero también valdrá para pagar los salarios de los seres humanos que trabajan y participan en él, algo muy lógico y respetable teniendo en cuenta que todos ellos, prestan sus servicios en el Circo de forma voluntaria y que constituye su medio de vida. Pero a los elefantes, a los leones, a los tigres o a los lobos marinos, entre otros, no hace falta destinarles un sueldo, son irracionales y no lo necesitan, es más, no es ni tan siquiera obligado pedirles consentimiento para capturarlos, retenerlos y obligarles a actuar, ¿para qué si no son personas?, no merecen por lo tanto la menor consideración y su cuidado, ha de ser el justo para que sobrevivan y puedan trabajar - a menudo enfermos o dañados, pero mientras el público no lo descubra no es algo relevante - pues lo contrario supondría pérdidas económicas indeseables.

La ONG Infocircos se ha puesto en contacto con los Ayuntamientos de diversas ciudades españolas en la que el Circo Ringling tiene previsto ofrecer funciones: Sevilla, Málaga, Valencia, Madrid y Zaragoza, informándoles acerca del rosario de denuncias y de irregularidades de esta Compañía en lo que a maltrato de animales se refiere, y que van desde graves lesiones y heridas por falta de cuidado en su manejo, hasta casos de tuberculosis por una higiene y alimentación inadecuada, pasando por efectuar disparos contra ellos, utilización de garfios, encadenamientos, muertes no notificadas ni investigadas, fallecimientos por mala ventilación y deshidratación, etc. Existen informes y grabaciones que dan fe de los abusos que se cometen con los animales en este Circo.

Pero claro, las autoridades municipales de esas poblaciones, no se han molestado ni en responder a la petición realizada por Infocircos, es más cómodo y lucrativo abrir la bolsa para echar en ella los cánones que estas empresas han de satisfacer, que ajustarse a las Leyes de Protección Animal vigentes, según las cuales: “se prohibe el empleo de animales en circos o actividades semejantes si con ello se les causa dolor o sufrimiento o son obligados a realizar comportamientos antinaturales”. ¿Para qué meterse en camisa de once varas si como siempre, sólo son animales y ninguno de ellos se va a presentar en comisaría para interponer una denuncia por malos tratos, ni tampoco va a acudir a un medio de comunicación para relatar a la sociedad lo que están pasando dentro de ese infierno llamado Ringling Bros?.

Pero en el fondo, da exactamente igual el nombre del Circo e incluso, que a los animales se les golpee, se les someta a descargas eléctricas, permanezcan horas amarrados a cadenas, se les prive de agua, de alimento, de la temperatura adecuada o se les fuerce en sus números hasta tal punto, que muchos de ellos tengan que ser sacrificados por las quemaduras o por las fracturas, no en un asomo de piedad, claro que no, sino por evitar una boca no productiva y también por no invertir en gastos veterinarios, ya que resulta más económico adquirir un animal nuevo que mantener en tratamiento e inoperativo a otro. Además, para eso está montado el inmenso negocio de tráfico de seres vivos, para nutrir de materia prima a estos centros de tortura, de explotación y de exterminio. Y da igual todo eso, decía, porque su utilización ya constituye de por si una forma de maltrato intolerable, mas allá de que después, venga aderezada con conductas más o menos aberrantes.

Existen Circos, afortunadamente cada día más, que se niegan a ofrecer espectáculos con animales, al igual que aumenta el número de Ciudades que prohiben su instalación si emplean a estas criaturas para sus números. Pero con todo, el avance es muy lento y noticias como la llegada del Ringling Bros a España, y la permisividad con sus prácticas demostradas por los políticos locales a pesar de estar advertidos de todo lo que arrastra esta Compañía en su siniestro historial, nos sumergen en la desesperanza, en la rabia y el asco que produce comprobar como por dinero, el respeto a seres vivos pasa a ser una cuestión de último orden y el hombre, a cambio de unas monedas, se convierte sin el menor reparo en tirano y verdugo de otras especies.


Pero no sólo son los responsables locales los cómplices con toda esta basura moral, también los padres que más por sus hijos que por ellos mismos, adquieren localidades para seguir alimentado esta industria basada en el sufrimiento. Desde Ringling Bros, han tenido la desvergüenza y el cinismo de afirmar que desean que en España sea permitida su presencia; “porque eso contribuye a la conservación de las especies a través de la educación...”. Y eso lo aseguran desde un Circo juzgado en Estados Unidos bajo la acusación de maltrato a los elefantes y que desde hace varios años, viene siendo citado por el Departamento de Agricultura de ese País para declarar por el incumplimiento de los estándares federales en el cuidado de animales, en cuestiones tales como la falta de atención básica a elefantes y grandes felinos para evitar lesiones graves, por cebras y camellos expuestos a daños físicos, transporte inadecuado, condiciones de habitabilidad y alimentación insalubres, falta de atención veterinaria, irregularidades en los registros, uso de medicamentos caducados, etc. .

Lo primero que debe de aprender todo ser humano es que es necesario respetar a los demás, que nadie puede erigirse en dueño de otro y mucho menos, disponer a su antojo de la existencia de terceros, decidiendo cuándo se les da de comer o cuándo no, obligándoles a hacer aquello que no desean o que les causa padecimiento, negándoles la asistencia por los daños provocados precisamente por ese sometimiento y ejecutándolos cuando le parece conveniente, normalmente por falta de rentabilidad.

¿Qué van a aprender los niños del comportamiento contra natura de unos animales a los que sólo el miedo al castigo les impulsa a actuar de ese modo?, Aunque tal vez me estoy equivocando al plantear esta pregunta esperando una respuesta de carácter positivo, ya que lo cierto, es que ese espectáculo transmite unas enseñanzas convertidas a día de hoy en máxima sagrada: que el dinero y la obtención de beneficios están por encima de cualquier consideración ética, que es lícito establecer jerarquías absolutistas de poder para así, justificar la explotación y la violación de los derechos fundamentales de los que están más abajo y sobre todo, en el caso que nos ocupa, imbuir en la mente de los niños la idea de que el hombre es el amo y señor del universo a su alcance, lo que incluye no sólo a los animales no racionales con los que convive en el Planeta, sino también a otros hombres que en razón de su raza o su carencia de medios, se encuentran en una situación de indefensión respecto a los que toman las decisiones y ostentan el poder, o sea, a los propietarios de los recursos.

Los padres saldrán del Circo muy satisfechos porque habrán regalado a sus hijos unas horas de alegría y de entretenimiento, y los críos, lo harán un poco más domesticados para el día de mañana, no tener ningún remilgo en contribuir al sufrimiento y a la muerte de animales “inferiores” en las muchas y variadas facetas de maltrato que en nuestra Sociedad siguen vigentes y ampliamente aceptadas. Por cierto, que este tipo de espectáculos circenses, son los dignos herederos de aquellos en los que se mantenía “encarcelados” de por vida a hombres y mujeres que debido a sus peculiaridades físicas, por malformaciones o anomalías notables y llamativas, constituían un número más dentro de la función. Vaya por último mi reconocimiento y admiración a Compañías que como El Circo del Sol entre otras, demuestran el valor, la dignidad, la sensibilidad y el grado de civilización necesarios como para negarse a utilizar animales en sus espectáculos. Ese es el futuro, pero ciertos responsables políticos parece no querer enterarse y siguen embarrados en la mediocridad y el egoísmo de su salvaje especismo.


jueves 5 de noviembre de 2009

El especismo que mata burras y envilece hombres

Una burrita muerta como consecuencia de las patadas que le propinaron un grupo de mozos y por haberle introducido un palo por el recto. Así de simple, pero de absurdo y de cruel es lo que ha sucedido en Torreorgaz (Cáceres), otro borrón negro en una España de eterno luto en lo que a actos de brutalidad extrema con los animales se refiere.

Los muchachos, un año más, decidieron que ese era un buen modo de celebrar su condición de “quintos”. Sí, han leído bien, de llamados por reemplazo a realizar el servicio militar. Aquí es cuando alguno se pregunta: “Pero, ¿ no ha desaparecido la mili obligatoria?". Pues sí, lo ha hecho, pero lo que permanece es la estupidez humana, que unida a la ignorancia en forma de incapacidad para analizar las consecuencias hacia terceros de nuestras conductas y para sentir empatía por el padecer ajeno, deriva en estas acciones que bien podrían estar localizadas y fechadas en el rural español más profundo de la posguerra, sin embargo han ocurrido en Octubre de 2009 en una Población con conexión a internet.

El Presidente de la Junta de Extremadura ha dicho que no se deben de cargar las tintas contra los responsables, y los padres, que parecen muy abatidos, pero no por el daño irreversible que sus hijos le han infligido a ese desdichado animal, sino porque probablemente tengan que tirar de billetera para indemnizar al dueño, ruegan que se retire la denuncia interpuesta contra ellos.

Políticos comprensivos con los chavales, progenitores dispuestos a pasar por alto lo que sus vástagos han hecho... todo muy enternecedor y solidario, pero, ¿quién piensa en el miedo y en el dolor experimentado por la burrita?. Claro, se me olvidaba que es sólo un animal irracional, y encima condenado por esas mentiras que el hombre convierte en credo, al estigma de su presunta y falsa carencia de luces. Habrá que pensar entonces que la burra transformada en balón de reglamento, la burra violada y reventada internamente con una barra de madera, no merece la menor consideración para algunos que en cambio, guardan toda su compasión para los presuntos autores del crimen. Esto es antropocentrismo en su estado más puro, el antropocentrismo de los verdaderos burros, atendiendo a la acepción popular y muy poco afortunada de la expresión.

La indecente fosa en la que tendremos que arrojar el cuerpo lacerado de esta burrita está repleta de restos, muchos de ellos tan recientes que su sangre apenas se habrá coagulado. Entre los cadáveres más frescos, nos encontraremos con el de un perro con las cuencas de sus ojos vacías y muerto a pedradas, o el de otro con numerosos cortes y rastros de tremendas hemorragias, el de un gato al que despellejaron vivo, el de un can al que tiraron al Río Miño atado a una piedra... Algunos se asomaron al borde de ese agujero y sólo la "suerte" impidió que cayesen al mismo, como el gatito al que unos niños le rompieron la columna pero logró sobrevivir. En definitiva, que la maldad del hombre no conoce límite y precisamente por eso, no se lo podemos poner tampoco de momento al número de criaturas que aplastadas, quemadas, desolladas, ahorcadas, ahogadas o envenenadas, acabarán pagando con su vida el precio de su indefensión por ser irracionales.

El suceso de la burra ha hecho estremecerse a los defensores de los derechos de los animales, que aún acostumbrados a los episodios más macabros que se puedan imaginar, no dejan de asombrarse al comprobar hasta qué punto el sadismo humano puede envilecerse cada vez más y elige como víctima a aquellos cuya seguridad jurídica es prácticamente nula, y eso ocurre porque el maltratador suele ser un individuo extremadamente cobarde. Pocas personas implicadas en el movimiento animalista ignoran lo que ha pasado en Torreorgaz a manos de un grupo de chavales, pero, ¿podemos decir lo mismo del resto de los ciudadanos?.

Los medios de comunicación buscan sobre todo grandes titulares y dos de los condicionantes para considerarlos como tales, son la exclusividad y la novedad de la noticia. Hoy en día, la crueldad con los animales ya no es algo sorprendente y en ese sentido, ha perdido una característica imprescindible para que decidan hacerse eco de ella, al menos de forma destacada, las televisiones o los diarios. La gente se acaba aburriendo de hechos repetitivos y los responsables de los soportes informativos son conscientes de ello, al igual que tampoco hoy se preocupan por contarnos algo que siendo bueno o malo, en su momento constituyó un hecho de gran alcance pero que ya se ha convertido en algo común, como un trasplante de corazón con éxito o incluso cuestiones mucho más recientes, como la de un nuevo muerto por la Gripe A, reseña ésta que va perdiendo espacio y difusión según pasan las semanas.

Con los crímenes cometidos contra animales está pasando algo similar, que son tantos que ya dejan de interesar porque no llaman la atención. Si no son mediáticos no llegan a los ciudadanos, y si éstos, por cansancio o por desconocimiento no expresan su rechazo y su preocupación por los mismos, desaparece la presión sobre los responsables de establecer la legislación que les afecta, así como en aquellos encargados de aplicarla y de dictaminar las condenas por su transgresión; el resultado es que el asunto deja de ser prioritario, lo que normalmente le lleva a ser excluido de las acciones pendientes de estudio.

Esto, por supuesto que no lo van a admitir los políticos, que en todo momento nos hablarán de su gran inquietud por tales asuntos, dirán que figuran en sus agendas y tratarán de transmitirnos su profunda sensibilidad al respecto. Mentiras, eso es lo que son en la mayor parte de los casos, argumentos falsos que sólo pretenden evitar cualquier tipo de agitación social. Por eso mismo, me repugna oírles decir que van a comenzar a debatir cambios en la Ley de Protección Animal, pero ya avisan de antemano de lo prolongado del proceso y piden que entre tanto, cesen los ataques contra ellos por esta razón.

Ustedes, animales racionales metidos a políticos, en vez de asumir errores y carencias, lo que procuran es enmascarar su negligencia y despreocupación, y para ello se escudan tanto en la reglamentación respecto a plazos, como en el empleo de advertencias que no dejan de ser amenazas veladas. Pero esas estrategias no sirven cuando hay muertos de por medio. En otros aspectos las demoras no tienen mayor importancia; un torero, por ejemplo, podría esperar muchos años hasta que se aprobase su concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes sin graves consecuencias, de hecho, lo deseable sería que aguardase por ella toda su vida; pero cuando estamos hablando de crímenes y de víctimas, el único adverbio de tiempo admisible es "ahora", porque esperar es seguir llenando la fosa de la que hablaba y de eso, aunque no rocíen de gasolina al animal y le prendan fuego directamente, se están encargando Ustedes.

Ustedes y la indiferencia de los ciudadanos, que si bien en su mayoría no son seres embrutecidos y condenan estas acciones, tampoco causan en ellos el estupor y repulsa que merecerían. Otra cosa sería, claro, que el agredido fuese una persona. Si nos cuentan que un joven ha sido atacado por una docena de personas, que le han pateado y le han metido un palo por el ano hasta acabar con su vida, todo el País se estremecería con la noticia y los políticos intervendrían en el debate inmediatamente. Pero es sólo una burra, y no se puede decir lo mismo del especismo que nos aqueja que de la brutalidad, si ésta es escasa, el otro es inherente al hombre; esta distinción que hacemos del sufrimiento ajeno en función de la especie de la víctima, es la que permite que un mismo acto y de idénticas consecuencias, produzca horror o pase desapercibido según la naturaleza del muerto. Y no es justo, ni justo ni habla en beneficio del ser humano. De demostrarse su autoría, los causantes del sufrimiento y de la muerte de la burrita, deberían de ser condenados a una pena de privación de libertad con cumplimiento efectivo de la misma. No ha sido una travesura inocente, sino un crimen repugnante y repetido.

viernes 30 de octubre de 2009

La incontinencia taurina del Sr. Sánchez Dragó

La otra noche estuve viendo en la televisión un debate entre partidarios y detractores de la tauromaquia, suscitado con motivo de la próxima votación para la Iniciativa Legislativa Popular presentada en la Cámara Catalana, cuya aprobación supondrá la eliminación de las corridas de toros en esa Comunidad, y estableciendo un precedente que sin duda, habrá de trasladarse poco a poco al resto del País, intención ésta que es la que mueve el espíritu de este movimiento contra la crueldad con animales.

El participante como defensor de la lidia era el Sr. Sánchez Dragó, valedor de causas e ideologías rancias pero siempre vestido con la camisa del progresismo y de la modernidad, y pletórico de vehemencia en sus intervenciones pues este Caballero, lejos de dialogar, sienta cátedra cada vez que habla y lo hace mezclando apresuradamente fechas, acontecimientos, citas literarias y ataques furibundos con tono jactancioso contra su interlocutor, en una especie de andanada del absurdo que busca aturdir y acogotar más que convencer, además de impresionar a los oyentes al estilo del "Usted no sabe con quién está hablando", pues falto de razones dignas trata de disimular su carencia de argumentos, al menos en este tema, sepultando con su incontinencia verbal, como si la palabrería fuese un sustituto de la coherencia.

Pero no es así, a quien plantea las cuestiones desde la cordura y la ética, le sirven pocas frases para expresarse ya que no necesita de la confusión como aliado; tal vez por eso y ante la pregunta de si consideraba o no tortura lo que se le hace al toro en la plaza, evadió la respuesta en diferentes ocasiones con la excusa de que esa era una disputa estéril. Es una técnica bastante burda la de soslayar la verdad indiscutible en la que se basa todo este asunto: que el animal es maltratado hasta la muerte y que algo así, es inconcebible que siga siendo legal y subvencionado, pero hay que reconocer que tampoco tenía más opciones el Sr. Dragó, o rehusaba contestar o habría de acudir al absurdo y a la mentira si quería defender su postura.

Y así le ocurrió, que el hombre entró en una especie de éxtasis dialéctico y perdió la noción de la realidad, de tanto escucharse a si mismo se le olvidó que estaba en un plató de televisión y ahí vino el desastre, pues dijo algo digno de figurar en la antología del disparate o en las páginas de El Cossío, panfleto al que por cierto se refirió en repetidas ocasiones.

El Sr. Sánchez Dragó, sin que se le empañasen las gafas por el rubor, afirmó con toda su cachaza que: “el toro, cuando se le introduce la pica y se le escarba con ella, al clavarle las banderillas y en el momento de ensartarle con el estoque, no sólo no sufre, ¡qué va!, sino que incluso - sujétense el estómago – genera hormonas de placer”. Ignoramos si cuando los pulmones se le encharcan y se ahoga en su propia sangre, momento en el que se producen los estertores y los vómitos sanguinolentos que todos hemos podido ver, el animal disfruta como si estuviese degustando una copa de Vega Sicilia. Habrá que preguntárselo a D. Fernando, todo un compendio de cultura de la fisiología animal al servicio del cinismo, de la desfachatez y de los intereses taurinos.

La verdad es que yo, como contrario a que los animales padezcan cualquier tipo de maltrato, agradezco la comparecencia de este individuo y espero verlo batirse públicamente en más ocasiones a favor de la tauromaquia, porque está tan pagado de si mismo que no piensa lo que dice, simplemente adoctrina y como todos aquellos que están endiosados, su vanidad es también su perdición, pues sandeces como la de que el toro es feliz sintiéndose atravesado por el acero, hacen mucho más por la toma de conciencia de los ciudadanos ante esta tragedia y por su erradicación, que cualquier exposición de un defensor del respeto a los animales.

Sr. Dragó, si no fuese porque detrás de todo esto están la tortura y la muerte de seres vivos inocentes, la otra noche gracias a sus declaraciones me hubiese reído de buena gana, que conste que a punto estuve de hacerlo cuando le oí asegurar que “nadie amaba más que Usted a los animales”. Lástima que las arcadas que me vinieron se adelantasen a las carcajadas.

jueves 29 de octubre de 2009

El Toro Júbilo de Medinaceli, otra tradición sádica



Sus defensores se enfrascan orgullosos en interminables disquisiciones acerca de su origen pero éste, en cualquier caso, está sumido en la negrura de los tiempos, no por lo lejano sino por lo dantesco, y permanece aferrado todavía a la primitiva ignorancia que dio aliento a su existencia perversa e inmoral.

No se trata de saber dónde, cuándo y por qué nació la sobrecogedora tradición del Toro Júbilo, lo imprescindible e inmediato es averiguar cómo es posible que siga vigente a día de hoy, en una era en la que el hombre se jacta de haber superado cualquier vestigio de salvajismo. Al menos eso es lo que se deduce escuchando las declaraciones de los líderes del “Primer Mundo”, ese al que dicen que pertenecemos los españoles, lástima que realidades como esta lo desmientan una y otra vez.

El 14 de Noviembre, en Medinaceli (Soria), inmovilizarán con violencia a un toro y embolarán sus cuernos con dos conglomerados de material inflamable a los que les prenderán fuego, después soltarán al astado por las calles para divertirse acosándolo, mientras el animal, aterrado, tratará inútilmente de librarse de esas bolas incandescentes sobre su testa y de las brasas que desprendidas, ulcerarán su cuerpo a pesar de la capa de barro. Al final, cuando el jolgorio se acabe, la desdichada criatura será sacrificada según el Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares de Castilla – León, así será aunque sus cínicos valedores, esgrimiendo como siempre la mentira, afirmen que disfrutará de un retiro placentero.

A nadie le puede extrañar que en más de una ocasión durante esta atroz exhibición de crueldad, el toro haya acabado por suicidarse golpeando repetidamente su cabeza contra una pared. Lo que sí tendría que estremecernos, es que su agonía constituya un motivo de alegría para los hombres y un aleccionamiento sobre la licitud del sadismo y del ensañamiento para los niños que acompañan a sus mayores, en una especie de pedagogía degenerada acerca de la relación del ser humano con el resto de especies animales. En España la infancia tiene libre acceso al martirio y al asesinato injustificado de animales.

El mismo día que se lleva a cabo dicho acto popular de tortura, el PACMA, en colaboración con diversos colectivos contra el maltrato animal, ha organizado concentraciones de protesta y de repulsa en Medinaceli y en Soria. Los responsables políticos harían bien en tomar buena nota de ellas y en extraer conclusiones, porque representan el sentir de la mayoría de los ciudadanos, y denuncian no sólo la brutalidad de unos pocos energúmenos, sino también la complicidad de la Administración, empezando por el apoyo económico que le brinda a estas muestras de indignidad humana y acabando por su clasificación como “Fiestas de Interés”. El crimen, por más que se institucionalice, no deja de serlo, y el Toro Júbilo de Medinaceli, con varios agresores y una víctima inocente a la que martirizan y matan, sin duda lo es.

domingo 25 de octubre de 2009

Nueva escuela taurina en Cádiz para instruir en al tortura animal


El Gobierno Andaluz continúa su aberrante y estrafalaria cruzada a favor de la tauromaquia, y en ese inútil afán por recuperar prestigio y afición para lo que no son ya más que los patéticos vestigios agonizantes de una tradición degenerada e infame, está recurriendo a las más desesperadas estrategias por lograrlo, casi todas ellas, cómo no, acompañadas de la consiguiente inyección de dinero público.

Charlas, coloquios, corridas gratuitas o descuentos para niños, ferias, presentaciones de libros, búsqueda de patrocinadores, presencia en los medios de comunicación... toda una campaña muy bien organizada y convenientemente maquillada bajo mil disculpas pero que a la hora de la verdad, no puede disimular lo que bajo ella subyace: la exasperación de los círculos taurinos por el paulatino e imparable declinar de su fiesta, y sus mezquinos y esperpénticos esfuerzos por impedir lo inevitable presionando al poder, pues de influencias no carecen, además del apoyo de un mayestático taurino y escopetero de caza mayor.

Y entre tanta maniobra pensada para que a estas alturas, nos sigamos creyendo que martirizar hasta la muerte a un animal es un modo adecuado e indispensable de transmitir belleza, sensibilidad y cultura, para pretender que contemplemos bondades donde sólo hay dolor, sangre y muerte, la última perversión que nos llega es la de la apertura de una Escuela Taurina en Cádiz, y con ésta ya son veintitrés las que existen en Andalucía.

No se pierdan la justificación para su creación, pues para los responsables constituye: "un instrumento fundamental para canalizar el potencial de los jóvenes andaluces aficionados a este arte y ofrecerles la oportunidad de aprender con independencia de la capacidad económica de sus familias".

¿Arte?. No Señores, se están equivocando, porque si para manifestarse le cuesta la vida a alguien ya no es una expresión artística, sino un crimen. El alanceamiento, la evisceración, la mutilación o el descabello de un ser vivo, es cierto que como el arte, requieren que alguien esté en disposición de llevarlos a cabo y que posea la siniestra habilidad necesaria para ello, pero nunca la exteriorización de un acto humano ha merecido el calificativo de artística, si ha sido necesario torturar y asesinar para realizarla. De otro modo, los crímenes de Jack el Destripador, por lo certeros e impunes, o los del Régimen Nazi, por lo numerosos y prolongados, deberían también alcanzar la categoría de arte. Qué despropósitos los míos, ¿verdad?, seguramente, en su doble moral, interesada y rastrera, no conciben como puedo establecer tales comparaciones. Tal vez porque no soy especista.

Y luego tenemos a los jóvenes. Están instruyendo en la tortura a los mismos que luego dicen proteger luchando contra el “botellón”, informándoles sobre los riesgos de las drogas o de las enfermedades de transmisión sexual, amparándoles ante el abandono, la crueldad o la explotación, educándoles en la tolerancia y en la comprensión... Sí, todo eso está muy bien, pero, ¿no les parece una muestra de cinismo permitir y alentar que por otra parte, crean que infligirle padecimiento extremo a un animal como forma de espectáculo popular es una salida laboral digna para ellos?. Están consintiendo y poniendo los medios para que unos niños se conviertan en torturadores y matarifes profesionales, y eso es degradante y repugnante.

Al final de su estremecedor argumento, echan mano del sentimentalismo tratando de rozar la fibra solidaria de la Sociedad, y para eso nada mejor que presentarse como unos mecenas de la educación, explicando que aunque las familias de los futuros verduguillos no tengan poder adquisitivo, Ustedes se harán cargo de los gastos generados durante la formación. Se puede emplear dinero en fabricar armas para vendérselas a países en guerra y que sean utilizadas por niños soldado, en crear redes de narcotráfico y conseguir que muchos jóvenes se conviertan en drogadictos para asegurarse la clientela, o en enseñar a adolescentes cómo torturar animales, empezando por becerros y novillos, para acabar con toros al final del proceso de aprendizaje. Ustedes han escogido esta última vía como modelo de inversión.

Con esta Escuela recién creada en Cádiz dan un paso más hacia atrás y siguen sumidos en las sombras de la ignorancia y del atraso, pero no pretendan que los ciudadanos les acompañen en ese viaje a través del sufrimiento y de la vergüenza porque cada día, encuentran menos hombres tan ruines y egoístas como para que les satisfaga cometer semejantes atrocidades con un toro. Ya sabemos que detrás de todo esto, lo que hay realmente es la rabia de algunos por su lucro cesante al estar desapareciendo la tauromaquia, pero como ese hecho es lógicamente inconfesable ante la opinión pública, siguen enredando con sus argumentos falsos y retorcidos: los de la especie y dehesas en peligro, lo de que es una lucha de igual a igual, que representa a la vida misma... y toda esa serie de majaderías que tanto les gusta repetir dentro y fuera de nuestro País.

La última es que se declaren las corridas de toros “Bien de Interés Cultural” y hasta “Patrimonio de la Humanidad”, dicen algunos en el colmo de la enajenación mental. Caballeros, el toreo es un cadáver del que cada día se alimenta menos carroña. Hagan el favor de asumirlo pero sobre todo, por favor, dejen de invertir dinero público en abrir escuelas donde se enseña a los niños una actividad cuya prohibición, se está extendiendo sin cesar, por el bien de todos, empezando por el de los toros, esos a los que tanto dicen querer Ustedes, pero luego les cortan las orejas, el rabo y los sacan de la plaza arrastrándolos y dejando un reguero de sangre tras de si. La tauromaquia está llena de hipocresía, de sadismo y de oscurantismo.

miércoles 21 de octubre de 2009

Liberar visones es malo, ¿y despellejarlos?

No voy a ser yo quien le lleve la contraria a Plutarco ni a las conclusiones de Julio Cesar, así que siguiendo la recomendación de éste último y como la mujer del Emperador, no sólo soy honesto sino que quiero aparentarlo, no vaya a ser que me acusen de “apología de la liberación”, que no existirá todavía como acción delictiva, pero cualquier día de estos algunos individuos, entre montería y corrida, propondrán que se contemple dicha figura legal a propósito de las frecuentes sueltas de visones en granjas y los que las aplauden.

Por eso afirmo que aquellos que las llevan a cabo son malos y tontos y que está muy feo liberar a estos animales, principalmente para el industrial peletero, que mira por donde ve como con cada una de estas actuaciones miles de sus esclavos, que permanecían todos condenados a muerte, corretean libres por los montes y con ellos, los millones que va a dejar de percibir por despellejarlos.

Los hechos ocurridos en Galicia hace pocos días, Comunidad en la que perduran la mayor parte de salvajes y sangrientas explotaciones de este tipo en España, han desatado una corriente de rechazo hacia los responsables de las liberaciones, linchamiento mediático al que se ha sumado la mayor parte de la prensa y de la televisión, que ya se sabe que esto de los productos suntuarios es como los lobbies taurinos, repletitos de gente forrada de pasta y con gran poder para influir en la línea de opinión. Porque los abrigos de visón no los compran los de los 420 euros mensuales, ¿no?.

¿Cómo es el discurso?: “Terrible impacto ecológico con grave peligro para las especies autóctonas por la acción del visón americano...”. Vamos, que mientras estén encarcelados no hay problema, lo peliagudo del asunto viene cuando alcanzan la libertad. Igualico igualico que cuando llevaban a los ilotas africanos a Norteamérica: si estaban encerrados en las plantaciones todo estaba bajo control, lo malo llegó con su manumisión, que se extendieron, proliferaron y ahora así les pasa, que tienen al descendiente de uno de ellos en la Casa Blanca.

Respecto a las consecuencias de que estos animales estén libres podrían ponerse bastantes “peros” a algunas de las falacias esgrimidas por las partes interesadas en su confinamiento: como que son solitarios y territoriales, lo que implica un índice de ocupación muy bajo por esta especie. Tampoco está de más recordar que antes que los defensores de los derechos de los animales, fueron algunos de los propios encargados de granjas peleteras, los que los soltaron cuando este infamante negocio perdió cuota de mercado y decidieron deshacerse de ellos, aparte de las evasiones fortuitas que desde la década de los 70 se vienen produciendo.

Luego nos cuentan, o mejor dicho, tratan de envenenar a la opinión pública, argumentando que “¡menudo amor a los animales!” el de los que hacen esto, pues la gran mayoría de los visones que se liberan morirán. Y tienen toda la razón, pocos serán los que sobrevivan, pero la pregunta que enmudece esa razón rastrera es la siguiente: ¿cuántos de ellos se salvarían de una muerte prematura en el caso de seguir enjaulados?. La respuesta es siempre la misma: ninguno. Probabilidad cero contra posibilidades escasas. ¿Qué escogen”.

Así que no nos vengan con consideraciones piadosas porque suena como un discurso de integración racial en boca del Führer, de hecho los propietarios de los visones invitan a que la gente mate a los evadidos y les lleven sus cuerpos no por evitarles sufrimientos mayores, sino para poder desollarlos y continuar con el negocio, del mismo modo que si la época del año en la que se produce la liberación coincide con aquella en la que las hembras están preñadas, el ruego es que se capturen vivos, así no perderán tanta materia prima.

Yo comprendo que en esta Sociedad, si uno no es “políticamente correcto” se le echarán encima y después, resulta muy complicado limpiar la imagen, sobre todo si conviene mantenerla inmaculada para poder pisar en ciertos salones, en ese caso entonces es mejor pasarse al otro lado o simplemente, no participar en estas cuestiones, pero lo triste es proclamarse en defensor de los animales y denostar a los que tienen el valor y la dignidad de jugarse el tipo por conseguir que se hable de su espantosa situación. No hay charla en ningún salón de actos, que tenga tanta repercusión como abrir las cárceles de estos seres.

Yo mantengo prisioneros de por vida a miles de visones para cuando alcanzan el tamaño y el grosor de piel adecuado, asesinarlos con gas o mediante electrodos y acto seguido, muertos si la ejecución ha tenido éxito o sólo aturdidos si no ha sido así, arrancarles toda la piel y en más de una ocasión, arrojarlos a un contenedor en carne viva y todavía moviéndose. Y si vienen unos señores y permiten que se escapen antes de que yo lleve a cabo mi lucrativa matanza, resulta que soy el bueno y el que puede lloriquear delante de las cámaras afirmando que esos asaltantes son gentuza sin escrúpulos. Hay que fastidiarse con la escala de valores vigente y con aquellos empeñados en que nada cambie.

Entonces, si dijese – que no lo hago, que para eso tengo un primo abogado - que las sueltas de visones me parecen un mal menor y buenas como llamada de atención sobre estas prisiones – cadalsos de seres vivos, sería tachado de delincuente y hasta de terrorista, palabrita ésta última muy de moda en boca de los maltratadores de animales para referirse a los que rechazan sus crímenes y exigen respeto por estas criaturas, pero resulta que si las critico, estoy contribuyendo a un negocio sangriento y miserable que acarrea verdaderas atrocidades cometidas con los animales para que unos cuantos, se vistan con sus pieles. Así que a la vista de lo dicho, que cada uno interprete mi postura como quiera, sobre todo teniendo en cuenta que soy gallego.

domingo 18 de octubre de 2009

Galicia, un cortijo de cazadores

En las Parroquias de San Amaro y Punxin (Ourense), se encuentra situado el TECOR (Terrenos cinegéticamente ordenados) 10.105, en el que existen refugios de fauna, fincas segregadas y zonas de seguridad, espacios todos ellos perfectamente delimitados y señalizados en los que no se puede practicar la caza, quedando ésta circunscrita a las extensiones autorizadas dentro de dichos terrenos.

En el B.O.P. de Ourense Nº 202 de 03/09/2005, se publicó la relación de fincas que se pretendía segregar y se abrió el periodo de alegaciones. Posteriormente, la Consellería de Medio Ambiente de A Xunta, envió una copia del escrito correspondiente a la dirección del TECOR y a todos los afectados, informando de cuáles eran estas parcelas y ofreciendo los datos necesarios para identificarlas y situarlas.

Resumiendo, que cualquiera que hubiese tenido el mínimo interés en determinar su ubicación disponía de información sobrada para ello, con lo que no es posible alegar desconocimiento. Lo que sí se puede hacer, como en su día se le ocurrió al Presidente de este TECOR, es difundir por una emisora de radio que no pensaba respetar la normativa, invitando a los propietarios del suelo a desistir de su derecho sobre el mismo.

¿Y todo esto por qué?. Pues se debe a que el hecho de que sus legítimos dueños recuperen el dominio de sus fincas, impide a los 150 cazadores que pertenecen al TECOR emplear sus armas para matar animales dentro de ellas, algo a lo que unos cuantos, no todos, no están dispuestos a renunciar. Su obsesión por apuntar a una criatura, apretar el gatillo y rematarla a cuchillo cuando sea menester, les domina de tal modo que les hace despreciar la propiedad privada, la legislación y hasta el riesgo de alcanzar a un ser humano.

Nos encontramos entonces con que siguen efectuando disparos en las zonas de seguridad, en refugios de fauna y en las mencionadas fincas. Ellos, que en ningún momento niegan esta vulneración legal, aducen que la señalización de esos espacios es deficiente. La realidad es que las indicaciones abundan y son repuestas por los propietarios hasta la saciedad, ya que los cazadores las destrozan con sus armas o las arrancan, para luego poder defenderse diciendo que no sabían que estaban en lugares no autorizados.

Enfrentarse al grupo de escopeteros que arma en mano, pululan por estas zonas prohibidas a la caza en el citado TECOR, es recibir un aluvión de insultos, de amenazas y cómo no, de agresiones físicas. La última fue la sufrida por el portavoz de un grupo ecologista y también dueño de algunas de las parcelas invadidas por los cazadores. Le atacaron con los puños, con piedras y con palos. También blandieron armas blancas aunque éstas no las llegaron a utilizar. Sus lesiones fueron múltiples y existe el parte médico que lo demuestra, así como una denuncia interpuesta por dichos hechos.

Esta gente, que no tiene el menor reparo en violar la ley de caza, dice ahora sentirse "amenazada" por el ecologista al que golpearon con brutalidad, cuya conducta tienen la osadía calificar de agresiva. El ataque, cobarde y feroz, se produjo cuando después de explicarles que allí no podían cazar, regreso al lugar tras ir a su casa a buscar la documentación que así lo acreditaba para demostrárselo. Y esas declaraciones las hacen los mismos que le dieron una paliza, los que amagan con pegarle a un tiro a aquellos que les reprenden por su desprecio a la legalidad escudándose en que "será un accidente y ya pagará el seguro".
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Su actitud chulesca y el hecho de que vayan siempre en cuadrilla y armados, les basta para mostrar su bravuconería con cualquiera que les indique que están cazando donde no está permitido. Sin embargo, ante la opinión pública y las autoridades, quieren ir de inocentes y de acosados, por lo que ahora le han pedido a la Subdelegación del Gobierno que establezca vigilancia en el monte, ya que el comienzo de la temporada de caza es inminente y se sienten "asustados" ante el portavoz de la asociación ecologista al que dejaron herido entre cuatro. Qué repugnante mezcla de salvajismo y de hipocresía.

Esta falta de control es precisamente lo que vienen denunciando los afectados por los cazadores desde hace años, ya que sólo el SEPRONA, desbordado de trabajo, se preocupa por vigilar esas zonas, pero el escaso número de efectivos imposibilita abarcar todo y no existe presencia de guardas forestales para participar en dichas labores. En lo que se refiere a este TECOR, los perjudicados por los desmanes de los cazadores, han dirigido a diferentes estamentos de la Administración más de veinte escritos en los cuatro últimos años, exponiendo los casos de abusos, amenazas, actuaciones peligrosas, violaciones de la ley y en casi la mitad de ellos, solicitando una inspección suficiente y efectiva.

También puede ocurrir que la Administración, ante la petición de una mayor vigilancia en los terrenos del TECOR, necesaria según una cuadrilla de cazadores para un ecologista solo no les pegue, y a juicio de los que no se dedican a esparcir vísceras de animales, para que los discípulos de San Huberto no conviertan todo el monte, sectores vedados incluidos, en su particular campo de exterminio, responda que no disponen del presupuesto que les permita establecer dichas rondas. Y probablemente tendrán razón, sobre todo después de que hayamos conocido que la Consellería de Medio Rural, ha decidido aportar 170.000 euros para fomentar la actividad cinegética. Es lo que tiene subvencionar a los verdugos, que luego no quedan dineritos para las víctimas.

Dejando ya aparte de lo discutible de la caza, un deporte que aunque quiera disfrazarse con el atuendo del conservacionismo, no es más que darle gusto al simple placer de matar, es inadmisible el comportamiento de ciertos cazadores, que se creen que todo el monte, incluyendo terrenos en los que por su especial consideración es ilegal cazar, es un escenario en el que pueden reventar a disparos a un animal sin que nadie tenga derecho a impedírselo.

Son violentos, son chulos y cuando no hay testigos que puedan comprometerles, hacen de las amenazas su seña de identidad y de las agresiones sus argumentos. Alguna prueba en vídeo existe sobre este comportamiento intimidatorio tomada durante un Campeonato de Caza del Zorro en Galicia. Este ecologista, que no hacía más proteger sus propiedades, recordarles la ley y evitar matanzas de animales allí donde está prohibido ejercer la caza, tuvo que sufrir los golpes y la brutalidad de cuatro de ellos. Ahora le toca soportar la falsedad y desvergüenza de estos escopeteros, tratando de convertirse en víctimas cuando son ellos las que las causan.

Se creen los amos y señores del monte, por el que transitan a sus anchas portando armas y dejando innumerables regueros de sangre, a menudo humana, no hay más que repasar las hemerotecas. Y están acostumbrados a que los ciudadanos, en vez de poder ejercitar su derecho de pasear libremente por lo que es patrimonio de todos, opten por quedarse en sus casas o tengan que escoger otros lugares, ante el miedo de recibir el disparo de un cazador.

Este TECOR de Galicia, es sólo una muestra más de un problema que afecta a todo el País, porque muchos de estos señoritos siguen pensando que cualquier terreno en el que hay piezas susceptibles de ser abatidas, forma parte de un inmenso cortijo de su propiedad que pueden sembrar de cadáveres a su antojo, sin admitir que nadie se atreva a negarles esa “prebenda” que ellos solitos se adjudican cuando obtienen la licencia de caza.

Ataques a personas, muerte indiscriminada de animales, sufrimiento, furtivismo, perros heridos, abandonados y asesinados, “accidentes” con víctimas humanas, tráfico de animales y de trofeos, conculcación de los derechos de muchos ciudadanos, infracciones legales... todo eso y más trae consigo la caza. Y encima, los responsables de tales desafueros, quieren jugar el papel de mártires ante la Sociedad. Algunos, movidos por su pasión por matar, no encuentran límites ni en la moral, ni en la razón, ni en la Ley.

sábado 10 de octubre de 2009

El inminente declive laboral de José Tomás

¿Qué vas a hacer dentro de muy poco tiempo, José Tomás, cuando se te reduzcan las posibilidades de que te contraten para matar?. Hasta ahora, toda España constituía para ti un inmenso patíbulo en el que podías ejercer impunemente de verdugo de inocentes a cambio de suculentas sumas de dinero; pero mira por dónde que llegan unos cuantos antitaurinos, de esos a los que tú temes más que a los cuernos del toro – a los animalistas no se les puede “afeitar”, ¿verdad? – y te encuentras con que son capaces de presentar una Iniciativa Legislativa Popular que va a conseguir que Cataluña, sea declarada zona libre de tortura y de muerte en las corridas. Y encima muchos miles de ciudadanos respaldan con su firma la propuesta.

Ya sabes lo que eso significa porque hasta los más brutos son capaces de percibir el peligro: no sólo que a partir de su aprobación La Monumental de Barcelona deje de ser un recinto, como si de un circo romano se tratase, en el que se celebren cruentos sacrificios de animales para llenar tu bolsillo, el de algunos ganaderos y también el de empresarios taurinos, así como para practicarle una transfusión de sangre ajena a esos aficionados incapaces de vivir sin ver como otros mueren después de un intenso sufrimiento. Si no que esto es el comienzo de un cerrar y abrir de puertas en todo el País, porque por cada una que se os clausure a ti y a tu cuadrilla en una Plaza, se abre otra a la justicia, a la compasión y sobre todo, a la razón. Contigo y con los tuyos, se va el olor de la muerte y entra el de la vida, mucho más sano para todos, empezando por los toros.

Tú, aún furibundo porque vas a quedarte sin muchos kilómetros cuadrados que sembrar de cadáveres, te consolarás pensando que son todavía abundantes los ruedos de España en los que situarte frente a un toro herido y disminuido por el picador y por algún otro previamente, en los que ensartarle el acero en las entrañas, y después de unos minutos de rendirle homenaje al sadismo, mientras el animal agoniza entre vómitos de sangre, pasearte orgulloso como sueles hacer, hinchando pecho, marcando paquetillo y mirando con ese aire petulante al tendido, mostrando arrogante las manchas rojas que en tu traje dejó el roce con el cuerpo de aquel que entre estertores, pagó con su vida el precio de una gloria tan mezquina como la que apeteces.

Pero en el fondo, sabes como yo, como muchos, que la cordura puede imponerse con tanta celeridad como la estupidez. Es cuestión de romper la inercia de una o de otra y a partir de ahí, su crecimiento se vuelve continuo e invulnerable. Después de muchos años de ruindad moral, en los que la saña con seres vivos cobró institucionalmente la categoría de arte y de cultura en el colmo de la perversión, la ILP de Cataluña marcará el comienzo de otro movimiento imparable, el del respeto hacia los inmolados una de las formas de maltrato mortal más extendida y cruel en nuestro País: la tauromaquia.

Empezamos por el Noreste José Tomás, y no dudes que acabaremos por el Suroeste pasando incluso por Galapagar, tu tierra natal. Porque ni es divertido, ni educativo, ni tiene el menor sentido o razón de ser, el que tú sigas cobrando por provocarle padecimiento a los toros y `porque los martirices hasta la muerte. Ese, el del rechazo a semejante brutalidad, es el sentimiento de la mayor parte de la Sociedad española, sólo hacía falta el cauce legal para expresarlo y convertirlo en realidad. En Cataluña esa herramienta existe y va a dar resultados, en el resto de las Comunidades es cuestión de tiempo, ya verás como no demasiado, porque ningún bien nacido puede admitir la licitud de un crimen y ya son demasiados los que habéis vivido de perpetrarlos.

Tal vez tenías que haber venido al mundo hace cien años, cuando en España los animales eran simples objetos al servicio del hombre, al igual que las mujeres, por cierto. Pero escogiste mala época para convertirte en matador, porque resulta que a día de hoy, el movimiento contra el maltrato animal es una fuerza incontenible y creciente, presente en todos los rincones del País y algo que ya no pasa desapercibido para los políticos, poco sensibles y bastante cobardes, pero no tan majaderos como para ignorar eternamente una demanda que está alcanzando tal magnitud. Y los animalistas gallegos, castellanos, andaluces o extremeños, los de todos los rincones de esta Nación, José Tomás, vemos en la ILP de Cataluña un ejemplo a seguir, así como una primera batalla ganada decisiva para triunfar en esta “guerra”, en la que, no lo olvides, los únicos que matan, los responsables de las víctimas, sois vosotros, los taurinos. Pero por poco tiempo sayón, tu declive laboral ha comenzado.

miércoles 7 de octubre de 2009

Lo sencillo de mutilar, cegar y lapidar a un perro


Les traigo el desayuno Sres. Políticos y espero que se les atragante, aunque lo dudo, porque Ustedes sólo se estremecen ante la pérdida de votos y de poltrona. Así que, anúdense la corbata para ir a justificar los muchos cientos de euros que perciben diariamente por su labor, pero por favor, antes de salir de casa échenle un vistazo a las fotos que acompañan a este escrito. Si después de hacerlo no devuelven encima de su traje, ese cuyo precio supera el subsidio de desempleo mensual de muchas familias españolas, es que no tienen conciencia, ni corazón, ni vergüenza. Su repulsión no debería de estar tanto provocada por la visión de tan espantosas imágenes, como por saber que esto sigue pasando, día tras día, por su culpa. Si dispusieran de un mínimo de dignidad sentirían repugnancia de Ustedes mismos. Pero no es así, estoy convencido.

Las fotografías se corresponden con los siguientes episodios: el primero fue el pasado 2 de Septiembre, cuando un podenco canario que hambriento y en los huesos deambulaba por la Barriada de la Constitución, en Güimar (Tenerife), fue atacado brutalmente por un joven de dieciséis años que según testigos, venía amenazando con matar al perro. Y lo cumplió con una piedra de grandes dimensiones, pero no sin antes vaciarle un ojo. Una mujer de una Asociación canaria contra el maltrato que acudió al lugar tras una llamada de la policía, relató como el muchacho, que tenía las manos manchadas de sangre, y la madre de éste, también presente, se reían de ella cuando desesperada les preguntaba que dónde estaba el animal. La policía halló su cadáver en el interior de una zanja. La autopsia indicó: “múltiples fracturas expuestas en la cabeza con pérdida de piel, músculo y hueso, así como exposición de la masa encefálica, fracturas en huesos frontales, occipitales, maxilar, mandíbula, vértebras cervicales, en las zonas atlanto oxipital y atlanto axoidal con desgarros musculares, y el globo ocular totalmente fuera de la cavidad orbital…”.

El segundo suceso tuvo lugar el día 6 de Septiembre en una parcela particular de Utrera (Sevilla), y el desgraciado protagonista fue un pastor alemán que se encontraba dentro de un recinto cerrado en la finca. Los agresores rompieron la malla de cerramiento y atacaron al can con objetos cortantes. Las fotos son espeluznantes y muy explícitas, muestran perfectamente el feroz encarnizamiento con el que estos monstruos actuaron. Un detalle escalofriante: el pobre perro todavía fue capaz de mantenerse en pie hasta la llegada de su amo, en ese momento cayó desplomado muriendo poco después.

De los autores del asesinato de éste último no se sabe nada. El engendro que cometió el primer crimen y su tutora legal fueron localizados por la policía y pasaron a disposición judicial. Pero la pregunta es: ¿va a tener lo que han hecho, para uno como autor material y para la otra como responsable del menor, alguna consecuencia legal?. Es más que dudoso, puesto que en este País casi nunca le ocurre nada a los que perpetran acciones similares. No sólo son pocos los medios que se disponen para investigar estos casos y muy contadas las ocasiones en las que ofrecen resultados satisfactorios, sino que una vez detenidos, lo que sigue es un pequeño trámite que apenas les acarrea problemas, ya que para que matar a un animal conlleve efectos punitivos es obligatorio demostrar que se ha actuado injustificadamente y con ensañamiento. Al parecer el cadáver no les sirve como prueba, pues hace falta que “el autor no tenga motivos y que se haya prolongado y aumentado deliberadamente más allá de lo necesario (sic) el sufrimiento del animal”. Resulta increíble pero eso es lo que dice la Ley.

Pero claro, ni aún por esas tenemos garantizada la justicia, porque luego llegan jueces como el que decidió sobre el caso de Javier Ferrero, el “Matagatos de Talavera”, o el que juzgó a un joven que colgó a su perro de un saco de boxeo y le cosió a puñaladas hasta esparcir sus vísceras por toda la habitación, y no encuentran razones para sancionarlos; magistrados que no tienen el menor reparo en permitir que estos canallas se vayan a sus casas el mismo día de la vista al considerar que no existe delito y ni tan siquiera falta.

No acaba ahí la aberración, porque en las contadas ocasiones en las que se dicta un veredicto de culpabilidad, la sentencia se reduce a una pequeña multa que servirá para ayudar a que los políticos a los que estas palabras van dirigidas se compren nuevos trajes, o para pagarles viajes con “corazonadas”, pero en ningún caso el criminal es condenado a una pena que le obligue a entrar en prisión.

La consecuencia es que los que planean acciones similares, pueden permitirse el lujo de reírse como hacía el muchacho de Güimar después de asesinar salvajemente al desdichado podenco, sabiendo que si le cogen unas cuantas monedas serán suficientes para compensar el inmenso padecimiento provocado al perro. Seguramente quien haya hecho lo de Utrera tampoco alberga la menor inquietud y repasa satisfecho su hazaña. Esta gente suele sentirse complacida contemplando lo que a nosotros nos produce arcadas.

Por eso la historia se repite una y otra vez, porque no existe el temor a ser castigados de un modo acorde al daño causado, con lo que el efecto disuasorio del Código Penal se pierde y España permanece convertida en un gigantesco cementerio, en el que se pudren los cuerpos de animales con los sesos desparramados, despellejados, con las cuencas de sus ojos vacías, quemados, mutilados o ahorcados. Y detrás de cada uno de ellos hay un ser humano que se ríe y disfruta por lo que ha hecho. A veces son casi niños, también orgullosos de su acción, y en ocasiones como la de Tenerife, con su madre delante defendiéndole y despreciando a quien recrimina su actitud.

Pero por encima de las conductas envilecidas de algunos ciudadanos, más allá de su agresividad desmedida, de su tremenda cobardía y de su absoluta falta de consideración hacia el padecimiento de criaturas desamparadas, está la vergonzosa apatía de los políticos, a los que no les conmueve la visión de un perro con el hocico seccionado, con su masa encefálica esparcida o con las cavidades oculares vacías, ni les inquieta que sigan libres quienes fueron capaces de cometer tales atrocidades.


No pueden aducir desconocimiento, ni tampoco, asumiendo ya que el sufrimiento de los animales no les afecta, hacer como que no conocen todos los estudios que indican que muchos de los que comienzan ejerciendo la violencia con estos seres, acaban escogiendo como víctimas a los hombres, informes avalados por infinidad de historiales delictivos que así lo corroboran. ¿Cuál es entonces el motivo de una indiferencia negligente hacia estos sucesos?, ¿por qué están siempre dispuestos a endurecer, por ejemplo, las penas por infracciones al Código de la Circulación, pero no muestran la misma diligencia cuando se trata de enjuiciar casos de tortura y de muerte de animales?.

Termínense sus cafés, Sres. Políticos, instalen en sus rostros la sonrisa populista y mediática y súbanse en sus coches oficiales para ir a sus despachos. Yo espero que durante sus días y sus noches, les asalten continuamente las imágenes de estos perros brutal y cobardemente asesinados en Güimar y en Utrera, sólo dos de una inmensa lista que no para de crecer, y confío en que cuando el único identificado, el joven de dieciséis años que mató al primero sea actualidad por haber asestado treinta puñaladas a una persona, Ustedes se estremezcan pensando que ambos muertos, perro y hombre, lo están porque no tuvieron ni el valor, ni la dignidad, ni la decencia, ni la honestidad, de trabajar por la implantación de una Ley de Protección animal adecuada.

Déjense de Olimpiadas y empiecen por traer a este País la justicia y la civilización. Su “Pan y Circo” cada vez resulta menos efectivo como táctica política y se están quedando desnudos ante los ciudadanos, porque despojados de sus golpes de efecto, de su retórica vacía y de la credibilidad popular ante sus falsas promesas, lo que permanece de Ustedes es su desprecio hacia la construcción de una Sociedad en la que no prevalezcan la violencia y el abuso como conductas impunes, mientras los cadáveres de aquellos que parecen no tener derechos fundamentales como consecuencia de una situación histórica de desamparo, se amontonan en sus conciencias sin que el hedor que despiden parezca servirles de revulsivo.

Me gustaría que en todos los colegios, por más duras que sean, se exhibiesen las fotografías de los perros de Güimar y de Utrera, acompañadas de la aclaración de que los autores de esas salvajadas están en libertad y que en el caso de ser encontrados y juzgados, ninguno de ellos acabará en la cárcel, que sería el único lugar en el que puede permanecer alguien que alberga esos instintos criminales y capaz de torturar con tanta saña y de matar a esas criaturas.

Claro, que unos cuantos lo verían como un atentado contra el derecho de los niños a no ser expuestos a imágenes que puedan causarles algún tipo de trauma, pero curiosamente parte de estos valedores infantiles, son los mismos que no tienen el menor reparo en que los mismos críos vean corridas de toros, acudan a festejos taurinos de todo tipo, practiquen la caza con sus padres o vayan a circos con animales. No será, Sres. Políticos, que lo que realmente les ocurre es que tienen miedo de despertar en los infantes una actitud de rebeldía ante la permisividad con el maltrato a los animales y tal vez, en el fondo, prefieren asumir el riesgo de que un adolescente de dieciséis años le vacíe los ojos a un podenco y lo mate a pedradas, que alguien seccione vivo a un pastor alemán, o que unos niños de diez años le partan la columna vertebral a un gatito, como ha ocurrido no hace muchas semanas, antes que el de afrontar soluciones para lo que ha adquirido la magnitud de tragedia.

viernes 2 de octubre de 2009

Los taurinos y sus argumentos desesperados

Supongo que el Sr. Jiménez Losantos, es una de las pocas personas ante las que se puede tener la desfachatez de erigirse en defensor de la libertad y de proclamar el respeto como un valor necesario, mientras ambas poses sirven realmente para justificar la tortura prolongada de un ser vivo y su posterior asesinato a manos de los hombres, en un alarde abyecto de hipocresía y de cinismo.

¿Cabe mayor atentado contra los derechos fundamentales de terceros y una muestra más flagrante de falta de consideración que disfrutar con el sufrimiento ajeno, que convertir la agonía de una criatura desprotegida en un negocio miserable y que enfrentarse de forma airada a los que expresan su repulsa por esa conducta violenta, abusiva y cargada de sadismo?. Dar lecciones de ética cuando se tienen las manos manchadas de sangre es muy ruin, y también suficiente para valorar la verdadera naturaleza del farisaico moralista.


El Sr. Alberto Taurel, responsable de la Tertulia Taurina del Hotel Diplomatic, cree que la ILP Catalana - refrendada por casi cuatro veces las firmas necesarias para ser admitida a trámite de votación - esconde una carencia de sentido común, puesto que pretende la abolición de la tauromaquia en Cataluña. Así de ofensiva para la inteligencia y la sensibilidad es la hipótesis formulada por este erudito en el martirio institucionalizado durante una entrevista realizada por el conocido Periodista, otro partidario de la España de sables, peinetas y pasodobles.

Respeto, Libertad y Sentido Común… Se hace duro tener que explicar todavía cómo los tres conceptos son incompatibles con el hecho de someter a un animal a repetidas situaciones de padecimiento, todo ello como parte de un proceso de selección y de adecuación antes del acto final y definitivo colmado de vileza: veinte minutos de infligirle un dolor espantoso a toro para como colofón, procurarle una muerte lenta y atroz.

Dice el Sr. Taurel estar preparando como réplica a la Iniciativa Catalana un Manifiesto por la Libertad. Seguramente habrá que leerlo conteniendo las lágrimas y las arcadas, porque para defender el sufrimiento gratuito de un animal a través de la palabra, el único modo de hacerlo es articulando frases repletas de mentiras, de despropósitos y de aberraciones de la razón y de la ética. Por otra parte nada nuevo en la tauromaquia.

Este individuo tan obsesionado en perpetuar uno de los mayores motivos que tenemos para avergonzarnos los españoles, tal y como se demuestra que está ocurriendo, ha encontrado un aliado muy particular en su detestable cruzada: el Diario estadounidense New York Times, que achaca a razones políticas la ILP afirmando que su verdadera intención es alimentar el espíritu del separatismo. Y quizás sea cierto, pues persigue “separarnos” de tradiciones instaladas en las sombras de la brutalidad humana y muy alejadas por lo tanto de las supuestas luces del hombre moderno.

Tal vez estos periodistas de la Tierra en la que se siguen celebrando los rodeos, un espectáculo cruel que por cierto pretenden que importemos en España, deberían de saber que para empezar, casi la mitad de los promotores de la Iniciativa no son catalanes, lo que ya demuestra la poca credibilidad de tan manido y torticero argumento que sólo busca desprestigiar este logro trascendental, y quiere hacerlo porque saben que va a recibir el apoyo necesario para salir adelante.

Por otra parte, habría que buscar entonces pretensiones similares en la prohibición, hace ya una década, de las corridas de toros en las Islas Canarias, porque si se atreven a degenerar la sensatez convirtiendo el resultado de tal depravación en un instrumento al servicio del egoísmo, que tengan al menos la decencia – ya lo sé, es pedirles demasiado – de presentar los hechos sin tergiversarlos a su conveniencia.

El movimiento animalista es el resultado inevitable de la cada vez mayor información sobre unos asuntos tradicionalmente sumidos en el oscurantismo, y también la consecuencia de un nivel educativo creciente en los ciudadanos, lo que desemboca en una sensibilidad efectiva sobre esta tragedia que se traduce en la extensión de un compromiso activo por erradicar costumbres tan bárbaras e imposibles de justificar a día de hoy.

La ILP es simplemente lo que el progreso trae indefectiblemente de la mano, y no una estrategia para alimentar intereses políticos de cualquier índole. Querer confundir a la Sociedad y tratar de predisponerla en contra de lo que cerca de un ochenta por ciento de los españoles, y no digo catalanes, digo españoles, desean, que es la abolición de la tauromaquia, es un comportamiento muy rastrero e indigno, que sólo puede merecer la repulsa colectiva por intentar mantener a los hombre y a los animales irracionales, esclavos de costumbres tan salvajes.

Llega el citado Periódico al sinsentido de indicar que esta pretensión es “síntoma de una cultura insegura”. Un medio de comunicación con tanta influencia en la formación de la opinión de sus lectores, debería de mostrar un poco más de coherencia y de rigor, porque no hace ningún favor a su obligación de respetar la verdad, si afirma que torturar animales es indicio de una cultura adecuada y acreedora de ser transmitida a los niños, acusando por lo tanto de incivilizados a los que no admitimos que se siga considerando el maltrato como una seña de identidad y proporcionándole respaldo desde la Administración.

Supongo que el conglomerado taurino de nuestro País considera la proximidad de la cordura, al menos parcial, como una amenaza tanto para sus intereses materiales, como para esa necesidad casi enfermiza que tienen de someter a los toros a una angustia tan intensa y de consecuencias mortales, para afianzarse en lo que ellos denominan como una actividad enriquecedora y que califican de mayoritariamente aceptada.
Mienten, siempre mienten porque sólo en las falacias pueden encontrar argumentos. No creo que el que la tauromaquia se vea cada día más acorralada gracias a la racionalidad popular bien entendida, sea precisamente un indicador de la tolerancia de la Sociedad hacia esta cruenta práctica. Y la perspectiva real e inminente de ver recortada la extensión de arena en la que derramar la sangre de seres inocentes impunemente, les hace desplegar toda una estrategia desesperada y que habitualmente acaba por volverse contra ellos, porque quien sólo puede esgrimir la estulticia o el embuste como armas, está condenado al fracaso y la lógica repulsa por la indecencia de su conducta.

Y acabo con un asunto que acaso puede parecer metido con calzador, sin embargo diré en mi descargo que el maltrato a los animales toma muy diferentes formas pero la demanda de erradicarlo es sólo una, al igual que considero significativa una coincidencia: el pasado reciente del Sr. Jiménez Losantos con el origen del hecho que a continuación quiero reseñar.

Hace pocos días, el Papa Benedicto XVI daba en la República Checa una conferencia sobre lo humano y divino - principalmente sobre lo segundo, que siempre es más difícil de demostrar – cuando una araña se comenzó a pasearse sin el menor respeto por las vestiduras del Santo Padre. El hombre, capaz de tener línea directa con Dios pero no de calcular un manotazo, trató infructuosamente de librarse del arácnido, que con herética insistencia avanzaba convencido hacia la virtuosa cabeza papal.


Lo realmente vomitivo del asunto es comprobar la reacción posterior de algunos medios, que en el colmo de la adulación afirman que el inquilino “by the face” de El Vaticano, falló a propósito en su intento de aniquilar al pobre artrópodo por el inmenso amor que profesa a los animales y su rechazo a cualquier tipo de maltrato hacia los mismos. Pero a esta pandilla de cobistas se les olvidó mencionar un pequeño detalle, que la estola y el camauro que utiliza este hombre para no acatarrarse están confeccionados con piel de armiño. Ya ven Ustedes, a Joseph Alois Ratzinger no le agrada darle una colleja a una araña, pero no tiene ningún reparo en que se despelleje a un animal para cubrirse él sus santas orejas.

sábado 26 de septiembre de 2009

Decisiones judiciales con ensañamiento


Julio de 2000: Una Jueza de Barcelona rebaja en nueve años la condena a un hombre que había asesinado a un amigo de la infancia de 21 puñaladas, nueve de ellas en la cabeza y en la cara cuando la víctima ya estaba en el suelo. Según la Magistrada: “no hubo ensañamiento”.

Agosto de 2007: un Juez de Barcelona absuelve a un joven que dejó atado a su pastor alemán sin procurarle agua ni alimentos hasta que el perro murió de inanición, al apreciar que “no hubo ensañamiento”.

Enero de 1999: El Tribunal Superior de Justicia Catalán disminuye de 15 a 12 años la pena a un vecino de Cornellá después de que este le asestase 70 puñaladas a una amiga de su esposa. Consideraron que: “no hubo ensañamiento”.

Octubre de 2007: Un Juez de Santander castiga a pagar una pequeña multa a un hombre que persiguió y acorraló a un perro para después golpearlo repetidamente con una azada; el animal, que se había refugiado debajo de un coche, fue obligado a salir con los golpes y al final tuvo que ser sacrificado como consecuencia de las gravísimas heridas. Para el Letrado: “no hubo ensañamiento”.

Mayo de 2000: El Alto Tribunal Catalán le exime de siete años de la condena a un hombre que pateó, estranguló y descuartizo a su compañera al estimar que: “no hubo ensañamiento”.

Septiembre de 2009: Un Juez ordena archivar el caso de Javier Ferrero, conocido como El Matagatos de Talavera. Este joven en compañía de un amigo mató a numerosos gatos a pedradas, y tras realizarse unas fotos jugando sonrientes con los cadáveres de los infortunados animales, las colgaron en internet para jactarse de lo que habían hecho. La decisión judicial de sobreseimiento se basa en que: “no hubo ensañamiento”.

Podría seguir enumerando casos similares pero no lo creo necesario, y si he mezclado aquellos en los que el muerto es un ser humano con otros en los que se trata de una criatura irracional, es por una parte como contestación anticipada a todos lo que en un afán de justificar los crímenes cometidos con animales, alegarán de forma torticera e interesada que los animalistas pedimos el reconocimiento legal de los derechos de éstos pero que despreciamos a las personas, echando mano del consabido embuste de que nos importa la suerte de los hombres. Es la estrategia indigna del “difama que algo queda”.

Y por otro lado lo anterior viene a demostrar como las actitudes permisivas con el maltrato a estos seres carentes de cualquier tipo de protección efectiva, viene ligada a un menoscabo del amparo para las personas. Se hace evidente por las sentencias anteriores cómo el concepto de Justicia puede estar degenerado hasta tal punto, que aquellos que han de impartirla pervierten a menudo los principios de igualdad y universalidad que han de regirla hasta dejarlos convertidos en un engendro.

Los autos judiciales mencionados tienen en común el no apreciar la circunstancia agravante de “ensañamiento” en los casos mencionados, y para entender mejor el alcance de este término dejo aquí las referencias al mismo en el Código Penal: El artículo 139.3º lo describe como: “aumento deliberado e inhumano del dolor del ofendido”. En el 22.5ª vuelve a aparecer así: “aumento deliberado e inhumano del dolor de la víctima, causándole a ésta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito”.

Como mis palabras vienen a cuento del último caso, el del Matagatos de Talavera, incluyo el artículo 337 del Código Penal, en el que se nos habla del maltrato a los animales: “Los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales domésticos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”.

Todos podemos hacernos una idea de lo que supone morir lapidado. Dudo que alguien piense que la víctima fallece de forma instantánea al primer golpe, y menos si estamos hablando de gatos cuyos movimientos implican que la piedra les alcance en cualquier lugar, dejándoles en todo caso heridos e imposibilitados para huir, pero no muertos en el acto. ¿No es por lo tanto, el recibir una lluvia de piedras, motivo suficiente como para padecer un sufrimiento prolongado y profundo causado por supuesto de forma deliberada por su autor?. Y en cuanto a la expresión “injustificadamente”, existe excusa alguna para cometer un acto tan miserable y repugnante con unos gatos que ningún daño le habían causado?. Respondamos de forma honesta a estas cuestiones y analicemos si se produjo o no ensañamiento en este caso, y después valoremos la conclusión del Juez.

Pero más allá de la tortuosa interpretación judicial acerca de este condicionante, nos encontramos con una explicación que igualmente nos produce asombro y repulsión: el Juez indica que la muerte de los gatos “fue fruto de una cacería”. El que sigue es el artículo 335 del Código Penal: “El que cace o pesque especies distintas de las indicadas en el artículo anterior, cuando esté expresamente prohibido por las normas específicas sobre su caza o pesca, será castigado con la pena de multa de ocho a 12 meses e inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de cazar o pescar por tiempo de dos a cinco años...”. Sin embargo y a pesar de esta Norma, el caso es sobreseido y archivado tras calificarlo de “cacería”.

Como antes indicaba, en un Sistema Judicial en el que asestar docenas de puñaladas a una persona no es actuar con saña para algunos magistrados, poco puede extrañar el que nos encontremos con sentencias como las anteriores, que incluso absuelven a individuos que sí han transgredido otros artículos del ya de por si escaso, insuficiente y profundamente injusto Código Penal en lo que a la protección de los animales se refiere.

Tal vez estos hechos deban de ser dignos de reflexión para aquellos que se empeñan en no ver la indiscutible relación que existe entre la violencia ejercida con las especies irracionales y la que tiene como objeto al ser humano, así como lo inevitable de que una Sociedad en la que los segundos son continuamente despreciados y condenados a la indefensión, adolezca también de falta de sensibilidad ante las agresiones padecidas por unos hombres a manos de otros. El sentido de una justicia verdadera e inequívoca se tiene o no se tiene, pero por la misma naturaleza de la cuestión, no es posible hacer gala de ella en unas ocasiones sí y en otras no; tal aberración vulnera uno de los principios básicos en los que se sustenta dicho concepto.

Es inevitable llegar a la conclusión de que estas barbaridades judiciales invitan a que actos similares sigan teniendo lugar, sobre todo cuando las víctimas son animales, ya que si con las personas nos encontramos que no se les aplica la circunstancia agravante de ensañamiento pero sí existe una condena por su delito, con los gatos o con los perros, el resultado es que el autor del crimen sigue paseándose libremente por las calles, las mismas en las que encontrará a futuros animales a los que “cazar” y dar muerte.

Lo “políticamente correcto” es afirmar que se respetan las decisiones judiciales. Pues bien, como “respeto” significa “el reconocimiento de que algo tiene valor”, al menos yo, declaro mi absoluto desprecio por conclusiones de jueces como las expuestas, y lo único que puedo hacer es aguantarme con ellas porque no dispongo de medios para invalidarlas, pero no me pidan que comulgue con la sangre de inocentes y que encima exprese mi admiración por la efectividad de la Justicia en este País en determinadas ocasiones.

No sé si el Juez que atendió el caso del Matagatos de Talavera tiene licencia de caza y un abono en algún tendido, pero nada me extrañaría a la vista de su veredicto, como tampoco dudo demasiado del machismo y de la falta de ética de aquellos que no apreciaron ensañamiento en las múltiples puñaladas recibidas por mujeres a manos de varones, o del que tampoco lo distingue cuando la víctima, tirada en el suelo, es cosida a navajazos en la cara y en la cabeza.

Me produce pavor saber que dependemos del arbitrio incontestable de estos individuos que por ejercer la judicatura como profesión, pueden degradar hasta tal extremo la aplicación del poder de que disponen, pero sobre todo me asusta mucho más que la Sociedad no se rebele contra estos atropellos, porque si a algunos en razón de su especismo no les afecta el encarnizamiento con los animales, deberían al menos de sentirse preocupados porque tales atrocidades legales también se perpetren contra los seres humanos. Con razón afirmó Mahatma Gandhi que: “El progreso moral y desarrollo de una Nación, puede medirse por el trato que reciben sus animales”. Atendiendo a tan sabia máxima en España seguimos sumidos en el Medioevo, pero nosotros tan tranquilos y contentos, mientras no nos “salpique” el asunto. Así nos va.

jueves 24 de septiembre de 2009

El Senado ante el maltrato a los animales

Han vuelto a meter los pies en la prehistoria Señores del Gobierno, y lo han hecho de la mano de sus supuestos oponentes políticos, a los que sin embargo parece unirles el gusto patológico por la crueldad con los animales. No voy a introducir en el mismo saco de inductores al maltrato de seres vivos en festejos y tradiciones a todos sus representantes en el Senado, porque algunos creo que tuvieron que contener las náuseas al comprobar las inclinaciones de sus compañeros de Partido, pero lo que no admite discusión es que su Grupo, en el que tal vez habría que cambiar el significado actual de la última sigla de su acrónimo por el de “Especista”, tiene verdadero pavor a dar cualquier paso que represente conceder la razón a quien la tiene: todos los que exigen el fin de la tortura a los animales.


Están Ustedes mucho más cómodos así, les llega con quitar de las calles nombres asociados al Franquismo pero sin embargo, conservan uno de los indicadores de la España más atrasada y salvaje. Siento repugnancia por su cobardía o por su complicidad con estas acciones cargadas de sadismo y de brutalidad, y espero que su comportamiento les pase la factura correspondiente, porque no se puede confiar en unos estadistas que se niegan a erradicar el ensalzamiento de la violencia. De poco vale que digan buscar soluciones a la crisis o a los accidentes de tráfico, si por otra parte fallan en lo más elemental: en coadyuvar a que la ciudadanía considere el respeto ajeno y la protección a los más indefensos como valores fundamentales, eso si que sería el remedio contra otros muchos males sociales.
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Después de esta vergonzosa sesión, su Orden Ministerial de 2006, en la que se prohibían las fiestas en las que se maltratasen a los animales, queda convertida en un monumento al oportunismo y bañada en sangre, porque es incontestable que a Ustedes les trae sin cuidado el sufrimiento de estas criaturas, cuando a pesar de ese paripé legal, siguen permitiendo la vigencia de aquellas cuyo origen es anterior a esa fecha. Si lo que pretendían con semejante decisión era contentar a los animalistas en busca de su voto se han equivocado por completo, porque estamos en contra de la tortura y de las condenas a muerte con independencia del día en el que se redactó el artículo que las ampara.

Les convendría tomar nota de sus “colegas” del PSC, que han demostrado una dignidad y una moralidad de la que Ustedes carecen. E imagino que suscriben por lo tanto las palabras del Senador conservador cuando indicó que “la definición de maltrato es opinable”. Aquí Caballeros - por mostrarles consideración atendiendo a razones de educación, que no de convencimiento - lo único discutible es su honestidad, porque les recuerdo como muchas veces se ha hecho ya, su promesa de elaborar una Ley de Protección Animal. Pasaron los mítines previos a las elecciones y su talante progresista se transformó en actitudes cavernarias.

Por eso me suscita una risa amarga cada vez que les escucho jactarse de cumplir algo que les gusta tanto nombrar: su “hoja de ruta”; en la que parece que se han saltado el párrafo referido al amparo de los animales y que alguno de sus asesores durante la campaña les aconsejó que incluyesen, porque “unos cuantos votillos ganaremos”. Lo cierto es que en su día, con aquella Norma, reconocieron que lo que padecen los animales en las tradiciones populares es agravio físico y psicológico y no otra cosa, y que el que le sigan otorgando legitimidad atendiendo a su antigüedad les convierte en mecenas de la brutalidad y en responsables de esas prácticas.

Si realmente, como alegó el Sr. Marqués, lo que le hacemos a los animales es susceptible de ser calificado de maltrato o no según interpretaciones, lo mismo les digo acerca de las violaciones o de la quema de bosques. Mientras para algunos de Ustedes la crueldad se pueda denominar arte o cultura, no tendrán la menor justificación moral para que ciertos individuos no puedan declarar que forzar sexualmente a una mujer es un acto de amor incontenible, o que dejar reducidas a cenizas cientos de hectáreas, no se trata realmente de un homenaje a uno de los elementos primarios: el fuego.

Que un torero, que se gana la vida matando, defienda su miserable ocupación es lamentable pero hasta cierto punto comprensible, atendiendo a su naturaleza agresiva y egoísta, pero resulta todavía más deleznable ver como Ustedes, que perciben su sueldo por “servir a la Sociedad”, se erigen en baluartes de esas tendencias criminales. Tanto si lo hacen por miedo como si es por placer, lo cierto es que se aprovechan de la ignorancia y de la indiferencia de la gente al respecto, pero no se confíen, cada día la información y el compromiso son mayores y por lo tanto, su notoria ruindad se hace también más patente.

Me gustaría disponer del poder para llevar a cabo una acción: la próxima vez que aparezcan en cualquier televisión proclamando lo modernos, lo avanzados y lo adelantados que somos en este País, mostrar inmediatamente después de su intervención las imágenes del feroz lancero que el pasado día 15, trataba de extraer su lanza del cuerpo sangrante de Moscatel, el Toro de la Vega de Tordesillas, escarbando con ello en sus ya tremendas heridas y todo con la intención de volver a ensartársela. Sería muy ilustrativo contemplar cómo se les helaba en ese instante su sonrisa ladina e hipócrita, teniendo que tragarse sus mentiras con un buen sorbo de la sangre del desdichado animal.

El verdadero interés turístico en España no está en contemplar como alancean, abrasan, atropellan, ahogan o mutilan a un toro, sino en observar a ejemplares de caminar erguido propios de la Edad de Piedra, disponiendo de carta de diputado.

sábado 19 de septiembre de 2009

La necesaria unión del animalismo

Este artículo está redactado en colaboración con Mercedes Cano Herrera, Profesora Titular de Antropología Social de la Universidad de Valladolid, una persona admirable, sensible y una animalista muy comprometida, a la que agradezco su apoyo, su ayuda y su generosidad, por saber compartir y transmitir sus muchos y acertados conocimientos.


La máxima maquiavélica de “divide y reinarás (vencerás)”, ha sido a lo largo de la Historia una estrategia empleada con profusión para lograr la derrota del enemigo. Todos somos conscientes de que al aunar esfuerzos, la capacidad de defensa y de respuesta es mucho más eficaz que si los disgregamos, por lo tanto, aquel que librando una batalla de la índole que sea, es capaz de sembrar el enfrentamiento entre las filas de sus adversarios, tiene mucho camino avanzado para obtener la victoria.

Un contrincante taimado, sabe cómo buscar los puntos débiles de su oponente para alimentar las hostilidades internas, averiguando y aventando las rivalidades que sin duda existen dentro de cualquier colectivo o entre grupos afines, pero lo realmente asombroso y desolador, es cuando esas disensiones se producen sin que medie la intervención del antagonista, cuando sin éste haberlo intentado siquiera, contempla muy satisfecho cómo los otros se descabezan entre si, haciendo parte del trabajo que a él le correspondería y de paso, debilitándose lo suficiente como para propiciarle el triunfo.

Es curioso comprobar que así como la táctica del “prietas las filas” se da habitualmente en las agrupaciones más conservadoras o totalitarias, sabiendo mantenerse como unidad inquebrantable a la hora de iniciar confrontaciones con otras facciones, las desavenencias entre pares surgen por lo general en aquellos que defienden posturas más progresistas y cercanas a los conceptos de libertad y de justicia universal. Y tal vez esto ocurre por la mayor disposición hacia actitudes democráticas de los segundos, empezando su puesta en práctica por ellos mismos al no estar sometidos a una férrea disciplina interna que evitaría esas divisiones, enriquecedoras en cualquier caso porque el debate siempre es positivo, pero muy perjudiciales a la hora de presentar batalla.

Existen muchos ejemplos de lo anterior, pero queremos centrarnos en uno muy actual y cuya presencia está cobrando, afortunadamente, gran fuerza en España: el movimiento animalista – empleamos un término no reconocido académicamente para esta acepción, pero que creemos que la define de un modo muy claro -. A nadie se le escapa que la lucha por los derechos de los animales y por lograr que se les reconozca un respeto del que hoy carecen crece en importancia día a día, como no podía ser de otro modo en un País en el que los casos de maltrato y de muerte de estas criaturas, alcanzan la categoría de torturas y de asesinatos con el apoyo frecuente de la Administración y elevados al rango de espectáculos públicos.


Nos encontramos pues con toda una suerte de atrocidades sádicas que padecen los animales, aunque las más emblemáticas sean los festejos taurinos en cualquiera de sus variantes, desde la tradicional corrida a perversiones como los toros alanceados, ensogados, embolados, las becerradas, etc. Los que participan y amparan o se lucran de estas acciones vómicas, son un frente común sin resquicios cuando de preservar sus criminales divertimentos se trata, enfrentándose sin miramientos ni vacilaciones e incluso empleando la violencia frecuentemente, contra todos aquellos que exigen el fin de costumbres tan miserables.

Y del otro lado tenemos a los animalistas, empeñados en una contienda cuya existencia es difícil de concebir, pues no se entiende como en el Siglo XXI y en un País del Primer Mundo, se hace necesario todavía estar explicando que la brutalidad con los seres vivos no se puede considerar como negocio, cultura ni arte, sino como una abyección repugnante propia de mentes enfermas y ejercida por individuos agresivos, cuyas conductas son socialmente peligrosas y por supuesto, letales en el caso de los animales, a los que se dedican a martirizar con tanta saña y encarnizamiento.

Pero resulta que los avances por acabar con semejante crueldad son exasperadamente lentos, porque tanto el Estado Central como los órganos de poder autonómicos, provinciales o locales, baluartes últimos e imprescindibles para su existencia de todas estas muestras de salvajismo, no se sienten lo suficientemente presionados por los ciudadanos como para tomarse en serio este asunto, prefiriendo ignorarlo antes que afrontarlo temerosos de las consecuencias. Y es que les preocupa más la reacción de unos cuantos violentos adictos al maltrato animal, carentes de cualquier escrúpulo, que la de los defensores de estos seres, pacíficos por naturaleza, partidarios del respeto y, he aquí el mayor problema, a menudo afectados por el cáncer de la desorganización o lo que es peor, de la desunión.

Creemos que las mentes pensantes de cualquier colectivo, hacen mal si pierden de vista la filosofía que mueve a sus bases, a todos aquellos que en la calle son la fuerza y la voz que canaliza las reivindicaciones que se persiguen, pues no hay mayor honestidad, valor, ni pureza de pensamiento, que las que poseen los que se entregan a un compromiso solidario sin estar desvirtuados por “intrigas palaciegas”, que no hacen más que enrarecer el ambiente, entorpecer la labor por muy noble que ésta sea y alimentar el germen de la fragilidad e incluso de la destrucción interna.

Y llegados a este punto, nos planteamos la siguiente reflexión: si los problemas suelen surgir por los disentimientos o desafíos existentes entre los que capitanean los movimientos, cada uno con su forma peculiar de entender un mismo asunto, pero no afecta a los que fuera de los órganos decisorios de cada grupo forman su verdadera fortaleza: el inmenso número de ciudadanos que cree en una causa y a ella se entrega, sin perderse en contubernios ni en maquinaciones extrañas y sumamente perjudiciales, entonces habrá que llegar a la conclusión de que así como los que lideran son el origen de las divisiones, a los demás, es decir, a casi todos, les une un mismo deseo e ideal con independencia de bajo qué siglas contribuyan con su trabajo a esta causa.

Se imaginan por lo tanto que los que dirigen las innumerables asociaciones animalistas de este País realizasen un examen de conciencia, recordasen cuáles son los motivos que les llevaron a esta lucha y fuesen capaces de romper las cadenas que su intransigencia o egoísmo les procuran, y desembarazándose de las limitaciones que tales actitudes les imponen demostrasen la valentía y la inteligencia de unir, de combinar el esfuerzo de todos los que les apoyan, a lo que habría que sumar probablemente el de los que por no entender tan absurdas desavenencias, a día de hoy batallan por su cuenta y de forma independiente. ¿Pueden hacerse una idea de lo poderoso que sería ese “ejército” de seres humanos decididos a cambiar la trágica suerte de los animales en España?.

Nadie discute que la organización es absolutamente necesaria, pero ni el modo de entenderla ni tampoco el orden o las prioridades en una guerra con tantos frentes abiertos, pueden constituirse en rémoras como lo están haciendo, con el resultado de acciones dispersas, mutiladas y de escasa efectividad. Aquí sólo hay que tener presente un hecho: que luchamos por acabar con el sufrimiento de los animales a manos del hombre y sin duda, ese objetivo lo suscriben todos los que están empeñados en esta causa, por más que luego se difiera en estrategias o en tiempos.


Somos muchos, la gran mayoría, los que aborrecemos la crueldad con los animales y comparados con nosotros, son muy pocos los que presentan esa patología de maltratadores, ¿Cómo es posible entonces que nos ganen siempre en número cuando de manifestarse se trata?. Tenemos el contingente humano y sobre todo es nuestra la razón, porque defendemos la vida y aborrecemos el sometimiento mortal que se ejerce sobre seres más débiles y sin el amparo legal que necesitan y merecen. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo hacer sonar nuestra voz, la de todos, como si fuese una sola, ante los que tienen la capacidad de modificar una realidad tan sangrante?.

Es imprescindible superar de forma inmediata desavenencias y rencillas que nos convierten en grupúsculos cuando somos legión. Es el momento de asumir que nuestras miserias están contribuyendo a que el destino atroz que padecen tantos animales hoy, vuelva a repetirse mañana, un hecho imperdonable en quien asegura defenderlos y del mismo modo, es ya la hora de organizar una movilización masiva, en la que participen absolutamente todos los que se dicen animalistas, que no quede ni uno solo fuera, y llevarla a cabo allí donde los políticos ya no podrán decir que no nos ven ni nos oyen, en el mismo Centro del Poder de este País. Millones de personas, sin banderas, sin siglas, sin colores, sin afiliaciones y unidas, como no puede ser de otro modo, gritando con una sola voz a la cara de nuestros gobernantes que exigimos una Ley de Protección Animal amplia, suficiente, sin excepciones e inmediata.

¿Es un sueño?, tal vez, pero esta vigilia que nuestra necedad nos procura, es la condena de millones de animales. Convendría no olvidarlo ni un solo instante.

jueves 17 de septiembre de 2009

Becerradas en Algemesí, un nuevo capítulo de la barbarie


Si las manchas de la sangre derramada sobre la tierra fuesen indelebles, sería muy complicado caminar por España sin pisar en rojo. Nuestro País es una suerte de gigantesco proscenio maligno, en el que organizar continuas exhibiciones abiertas de asesinatos reales es de una sencillez estremecedora. Existe toda una industria del crimen organizado destinada a convertirse en espectáculo de masas y lo más turbador es que este negocio, indigno y letal, es completamente legal.

Disponemos a tal fin de actores, bien es cierto que para uno de ellos su primera escenificación siempre es la última; también de público, muy satisfecho al saber que en la obra que contemplan no hay lugar para la ficción, que no son simulados el sufrimiento ni la muerte del actor al que le corresponde indefectiblemente el papel de víctima; hay productores, llámese financiación pública, y de divulgación del cartel, canales de difusión previa que nos anuncian la inminente tortura de seres vivos. Entre todos se encargan de garantizar la permanencia de esta suerte de cultura gore sin efectos especiales. Aquí no hay trucos de maquillaje, las armas no son imitaciones en plástico, las heridas sangran realmente y las convulsiones no son fingidas.

Todavía somos incapaces de contener las náuseas que nos han producido las imágenes del miserable y cobarde alanceamiento de Moscatel, el desventurado Toro de la Vega de Tordesillas, y ya vemos como la Parca ha encontrado una nueva caterva de hombres feroces dispuestos a ofrecerle más carne inocente, esta vez será en Algemesí (Valencia), donde tendrán lugar las infaustas Becerradas Cadafaleras. Otro nombre, otro lugar, pero una misma filosofía: martirizar con un ensañamiento difícil de asimilar a animales, haciendo de ello un motivo de fiesta y de diversión.

En el caso de Algemesí, en el que las desdichadas criaturas que van a ser torturadas son torillos que ni han alcanzado la edad para ser considerados novillos, careciendo por lo tanto y debido a su juventud, de la fuerza y de efectividad en sus defensas naturales, el concepto de entretenimiento a través del sufrimiento de un animal alcanza el paroxismo de la perversión, puesto que los fiesteros no se limitan a permanecer como espectadores, sino que participan directamente y son ellos los encargados de literalmente, reventar a cada uno de los desdichados becerros, cuya angustia es inimaginable por lo profunda y prolongada.

Disfrazados, la ejecución del animal no es más que una charada para ellos, a menudo embriagados no sólo de brutalidad, sino también de alcohol y por supuesto, sin la menor experiencia en lides taurinas, estos verduguillos de opereta, sabedores de que los desvalidos becerrillos como mucho podrán propinarles un golpe pero jamás una cornada fatal, se lanzan a los improvisados ruedos dispuestos a demostrar su virilidad ante unas criaturas aterrorizadas e incapaces de defenderse. Exhalando vapores etílicos, anegados en testosterona hasta las meninges y amparados por una muchedumbre enardecida por la violencia legítima, comienzan lo que sólo puede calificarse de degradación del ser humano llevada al límite.

Empleando banderillas cuyo arpón tiene ocho centímetros de longitud, los amigos del juerguista escogido por sorteo para hacer de matador, se lanzan sobre los becerros y se las clavan allí donde el azar decide; no se trata de acabar con la vida del animal lo más rápido posible, sino de acertarle, así que teniendo en cuenta que ni son toreros, ni cobran por ello, ni tienen la menor idea de cómo actuar en esta siniestra suerte, estos émulos escasos y físicamente disminuidos de matarifes, lo mismo se las hunden en una pata que en el costado, en la cabeza o en la espalda, cualquier rincón de los temblorosos cuerpos de esos becerrillos les sirve para ensartar el acero.

Finalizado este primer acto repugnante llega el momento de la espada. Su impericia sigue siendo la misma, pero los chillidos escalofriantes del animal, la visión de su sangre manando por las numerosas heridas y el saberse jaleados por la chusma cada vez más exaltada, acentúa el instinto cavernario de estos matachines ruines, que intentan rematar su faena creyéndose verdaderos héroes e imaginándose en el centro de la arena de las Ventas. Pero la realidad es otra y eso lo demuestra que los pinchazos frenéticos al animal se suceden sin que sean capaces de asestarle la estocada definitiva. Sólo después de incontables intentos, con el becerro vomitando sangre y convertido en un acerico desvencijado, se llega al final de esta esquizofrenia colectiva, a menudo después de la intervención de algún profesional, pero no por piedad hacia el becerro, sino porque a pesar de continuar con vida, lo deplorable de su estado impide que siga ofreciendo el criminal espectáculo que satisface a estos espíritus degenerados, ya que sólo que le quedan fuerzas para agonizar.

Y como casi siempre, en este circo monstruoso no faltan los niños, testigos de la crueldad, entendiéndola, - gracias a sus mayores - como algo cotidiano y positivo, endureciendo su sensibilidad infantil punzada tras punzada, enterrando la compasión y alimentando el germen de la violencia que hará que algún día puedan cumplir su sueño: el de saltar ellos a ese ruedo y creerse que son toreros, mientras docenas de becerritos son inmolados para perpetuar la depravación del hombre y la inmoralidad de los políticos que lo consienten.

No es Algemesí el único lugar donde fiesta equivale a salvajismo, las becerradas también son populares en lugares como El Escorial (Madrid) u Orozko (Bizkaia) entre otros. El 19 de Septiembre, se llevará a cabo una protesta en la Localidad Valenciana, pero este acto de repulsa no será el primero ni el último, porque como decía, la sangre de inocentes tiñe perpetuamente a España de un rojo infame y la crueldad con los animales, es una realidad que nos golpea día a día desde mil lugares diferentes; cada minuto que pasa sin que pongamos fin a todo esto, nos identifica más como un Pueblo malvado, corrupto y envilecido. ¿Quién responderá, cuando desterremos el crimen como pasatiempo lícito, de todo este holocausto animal y de sus terribles consecuencias también en el ser humano?.

http://www.pacma.es/

lunes 14 de septiembre de 2009

La mordaza y el embuste, al servicio del Toro de la Vega

Uno de los recursos utilizados para que durante una corrida no se puedan escuchar los lamentos de dolor del caballo si es empitonado por el toro, es seccionarle las cuerdas vocales. La técnica del silenciamiento, la de esconder y la de la mordaza, parece que son estrategias habituales entre los taurinos en todas sus modalidades. Les espanta que se hagan públicos los detalles más escabrosos de sus pasatiempos, porque eso implicaría tener que ofrecer muchas explicaciones para aquello que no existen razones cabales que lo justifiquen, así que una veces adornándolo con su parafernalia siniestra, y otras pisoteando los hechos con la bota del poder a su servicio para ocultarlos, la cuestión es que el oscurantismo está tan presente en la tauromaquia y en sus actividades afines, como las alusiones enfermizas a la virilidad o la tradición.


Han querido arrinconar la protesta contra el Toro Alanceado de Tordesillas y para ello, obligaron a los cientos de activistas que acudimos a participar en la concentración, a llevarla a cabo en una apartada explanada de tierra en vez de en el Puente de la Ciudad, que es el lugar que se había solicitado por la vía legal y estipulada para este tipo de actos. En una trágica coincidencia, aquellos que tratábamos de salvar la vida de Moscatel, hemos tenido que expresar nuestro rechazo a esta costumbre criminal en el mismo lugar en el que el desdichado toro comienza su huida hacia la muerte. Hay hombres cuyo instinto les lleva a asesinar, y les da lo mismo acabar con la vida de un toro que hacerlo con la palabra que no les gusta, la que les duele porque les recuerda lo miserable de su condición y sobre todo, la que convierte su ignominia en una cuestión de dominio público. La brutalidad siempre es enemiga de los testigos y de la divulgación, porque el desconocimiento de un atropello, contribuye a su impunidad.

Pero hay algo de lo que no son conscientes. Que en lo que se refiere a la esencia de este lamentable asunto, va a dar lo mismo que la próxima vez quieran enviarnos a denunciar la crueldad con los animales al Islote Perejil, porque tratar de amordazarnos no modifica la realidad, como tampoco impide el sufrimiento atroz del caballo en la plaza su enmudecimiento provocado. Poco importa lo que hagan, Señores Políticos y Magistrados, todos los fascismos han manejado los mecanismos del poder a su conveniencia, pero hasta ahora, no han hallado el modo de doblegar a las conciencias decentes y honradas. Esos abusos rastreros, no hacen sinó confirmar lo que venimos denunciando desde hace tiempo. Podrán tratar de ahogar estas reivindicaciones, pero jamás serán capaces borrar la sangre que gracias a Ustedes se vierte en Tordesillas y en otros tantos lugares.

No pueden impedir el reconocimiento constitucional a llevar a cabo una protesta, aunque parece que ganas no les faltan, pero resulta humillante y doloroso asumir que en España, ese derecho se restringe y desvirtúa por todos los medios posibles cuando no conviene que ciertas cuestiones se difundan, mientras en países como Austria, el bienestar de los animales está recogido incluso en la Constitución. Cuando al fin termine toda esta locura, algunos deberían de responder ante la Sociedad por su decisiva cooperación con comportamientos salvajes y con el entramado que los sustenta.

Por último, quisiera reseñar algo que demuestra cómo estamos todavía muy lejos de que se le ofrezca a los ciudadanos una información veraz y que les ayude a reflexionar sobre estos sucesos, para que extraigan sus propias conclusiones, meditadas y razonadas. Una conocida Agencia de Prensa, presente durante las protestas contra el Toro de la Vega, ha redactado una nota que está siendo publicada por varios medios de comunicación. De ella he extraído el siguiente párrafo:

“Se trata de un torneo de raíz medieval que anualmente contemplan y secundan decenas de miles de espectadores, con un reglamento propio que respeta y ensalza al animal, un astado de gran trapío que puede resultar vencedor como ha ocurrido en varias ocasiones durante los últimos años...”.

De origen medieval también son instrumentos de tortura y muerte como el aplastacraneos o la garrucha, al igual que el derecho de pernada o condenar a seres humanos a morir abrasados en la hoguera. ¿En algún caso, lo rancio de su procedencia, justifica dichas acciones?. Dicen que el reglamente respeta y ensalza al animal; el toro es obligado a participar, siempre como víctima, en esa infamante tradición, y primero sufre y después muere. ¿Eso es respetarlo y ensalzarlo?. No Señores, aquí sólo se enaltece la cobardía y la crueldad del hombre con seres más débiles y desprotegidos, a los que somete y mata. Y en cuanto a lo de resultar vencedor, recordar que en los últimos años únicamente ha ocurrido una vez, y el pobre animal murió igualmente como consecuencia de los tremendos lanzazos recibidos. ¿Cómo se entiende en concepto del “indulto”, cuando el perdonado no ha cometido delito alguno que le haga merecedor de tan despiadada condena?. Todo fascismo, repito, elabora su propia literatura perversa para dotarse de legitimidad.

Asqueado, asqueado y avergonzado me siento de que en España esté ocurriendo todo esto. Que una celebración tenga como acto central el alanceamiento de un toro, que muchos medios de comunicación pongan serviles su capacidad informativa, muy degenerada por cierto, al servicio de conductas tan repugnantes y encima, que las instituciones encargadas de velar por la libertad, la justicia y la protección universal, se conviertan en el cauce legal por el que transitan los maltratadores, es inconcebible.

Moscatel se desangra por las espantosas heridas que le causan las lanzas, pero nosotros también lo hacemos por las lesiones sufridas en nuestra dignidad, porque la represión, el engaño y el totalitarismo al que estamos sometidos, nos degradan como hombres y nos convierten, como los caballos o los toros de la tauromaquia, en simples objetos, manipulados y mutilados, beneficiando los intereses egoístas de unos cuantos. En Tordesillas se mata y en toda España se muere moralmente; unos lo llaman tradición y otros, defensa de los derechos del ciudadano. Lo triste, por no decir repugnante, es que prevalezcan los de aquellos que un año tras otro, torturan y asesinan a un toro para divertirse.