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Maltrato Animal: Un Crimen Legal

MALTRATO ANIMAL: UN CRIMEN LEGAL

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Quien asume la tortura y el asesinato de otros seres como algo ajeno, es tan responsable como el torturador y el asesino.

"Los hombres son nazis para los animales y su vida es un eterno Treblinka". (Isaac Bashevis Singer- Premio Nóbel).

martes 30 de junio de 2009

Ganaderos de lidia: criar para matar

Traspasar el umbral a partir del cual se extiende el mundo del toreo, es como franquear la entrada a una de esas “Casas del Horror”, donde tras cada puerta y bajo mil formas se esconde el espanto. Pero la diferencia es una y determinante: tales establecimientos no albergan más que una parodia cuyo objeto es entretener, la tauromaquia, que en el colmo de la aberración se arroga entre otros el mismo fin, es sin embargo real y el dolor y la muerte que exhibe no son una mascarada, pues uno de los actores, siempre diferente pero siempre perteneciente a la misma especie, acaba la función derramando invariablemente su sangre en el escenario y perdiendo la vida tras un sufrimiento hondo y atroz.

Creyendo que mi capacidad de asombro ante la suciedad taurina estaba ya colmada, se me ocurrió dar un “paseillo” al otro lado de una de esas puertas que llámese “Gayola” o “de Chiqueros” y aún sonando en el instante de cruzarla un pasodoble con más de composición fúnebre que de marcha ligera, no era sinó el acceso a un siniestro criadero. El nombre que rezaba en dicha entrada era: “Ganaderos de Lidia Unidos”, pero igualmente y atendiendo a la razón última de su existencia podría haber puesto: “Traficantes de seres vivos “. Así, sintiendo arcadas al leer el mensaje que invitaba a pasar diciendo: “Bienvenido al sitio web de la Cultura Taurina”, me adentré en la sórdida caverna donde habitan algunos de los bárbaros con más renombre en este País.

Quisiera hacer un repaso por los motivos de estos comerciantes de cadáveres y es que aunque durante su crianza alienten, la “materia prima” que utilizan está formada por muertos en vida, porque todos y cada uno de ellos están condenados de antemano. Muchos, la mayoría, ejecutados sin demora por no ser válidos para la lidia; unos cuantos destinados por escasez de cualidades a ser objeto de martirio ante el regocijo popular en cualquier festejo de los llamados “menores” - tal vez en presupuesto y difusión que no en sangre - de esa España cochambrosa y despiadada; el resto acabará en alguna plaza sostenida gracias a las subvenciones y a medio llenar, a menos que hayan regalado buena parte de las entradas para hacernos creer que es el segundo espectáculo de masas en el País, tal y como tienen la desfachatez de asegurar en su tenebrosa Página. Pero sea cual sea su destino, su olor a cadaverina se percibe desde el momento de su nacimiento.

Los Ganaderos dicen que el toreo posee valores como “respeto al medio ambiente” y “conservación de la Naturaleza”. Estos individuos, no sé si cegados por la sangre que emana indefectiblemente de su negocio o simplemente movidos por su hipocresía, parecen o quieren ignorar que el término “Naturaleza”, que proviene del latino “Natura”, significa: “el curso natural de las cosas” y hace referencia a la forma en la que “nacen y crecen las plantas y los animales”. Quisiera que alguno de estos mercaderes de la muerte me explicase qué tiene de natural criar a un animal para atravesarlo y mutilarlo. ¿Respeto al Medio Ambiente?, tanto como el violador por su víctima.

Dicen después que “la incultura es patrimonio exclusivo de los antitaurinos”. Vamos a dejar de lado la acepción que identifica “cultura” con “conocimientos” para que el Sr. Victorino Martín no se me ofenda, y centrémonos en el concepto nacido durante la Ilustración que la equipara a “Civilización”, ya que el redactor de la Página sin duda se refiere a eso, puesto que al hablar de la tauromaquia la considera indisoluble del arte, de la educación y hasta de la poesía – como no sea que torero y ganadero riman con majadero y carroñero -. Pues bien, Civilización implica progreso, evolución y mira por dónde, que este “ilustrado” defensor de las corridas, pretende hacernos creer que la tortura de un animal nos aleja de las sociedades salvajes de la antigüedad. E imagino que se quedó tan ancho después de escribirlo, le faltó dar la vuelta al ruedo o mejor dicho, a la gruta en la que sigue confinado adorando a las sombras y abjurando de las luces.
Hacen también, cómo no, el consabido repaso a literatos célebres partidarios de la tauromaquia pero llegan más allá, lo cierto es que tienen la desfachatez de utilizar este más que dudoso ardid para defender la crueldad aunque sea aderezándolo con la mentira – por otra parte como es habitual en ellos – pues afirman que: “todos los escritores españoles que han sido o son algo se han asomado al balcón de la tauromaquia”, quiero creer que se refiere para alabarla. Pues le voy a citar al instruido taurófilo unos cuantos nombres de escribientes que profesionales o no, han dejado constancia impresa de su repugnancia hacia este crimen institucional y ni siquiera este prosista de la ferocidad podrá dudar de su trascendencia; no estaría mal que los incluyese en su próximo libelo si para él la sinceridad tiene algún valor: Santiago Ramón y Cajal, Miguel de Unamuno, Jaime Balmés, Jacinto Benavente, Joaquín Costa, Julio Caro Baroja o Gregorio Marañón. Qué, ¿todos los que han sido algo estaban a favor de torturar a un toro en la plaza?. Otra mentira en boca de los suyos Caballero, ¡y van tantas!.

Y ya que nos habla también del impacto de la Fiesta en los intelectuales foráneos, me permito recordarle a este enciclopedista preso del Cossío, que más allá de nuestro territorio y en la mayor parte de los países modernos y con un grado adecuado de civilización, somos vistos como salvajes y sádicos gracias principalmente a las corridas de toros. Usted, con su defensa del padecimiento de animales como forma de placer, contribuye de forma notable a esta labor y le convierte en Embajador de la España Negra allende nuestras fronteras.

En otro apartado nos indica que la corrida “aleja al toro de la muerte indigna de un matadero”. Este Señor parece no haberse enterado de un detalle: la indignidad de la muerte no viene dada por las circunstancias en que se produzca ya que ésta aún sin ser provocada no es elegible, sino que la cualidad de abyecta o reprobable se la otorga el hecho de que lejos de ser fortuita, le venga causada por un tercero. El indigno es por lo tanto el sayón, en este caso todo aquel que participa en el proceso de la tauromaquia y nunca el animal, cuyo único papel en todo este despreciable asunto es el de víctima.

La necesidad de no extenderme me impide analizar como desearía las numerosas perlas nauseabundas que adornan su exaltación de la tortura y su panegírico a los verdugos, pero no quiero acabar sin referirme a una frase que utiliza para justificar su defensa de la tauromaquia y que concentra la esencia de la estulticia: “Somos porque existimos”. No me diga Señor redactor de los ganaderos, menudo descubrimiento. Pues de paso, le confirmo que los violadores, los ladrones, los tiranos o los pirómanos también “son porque existen”.

La Página de los Ganaderos de Lidia está plagada de alusiones a la “Cultura”, ¿sabe a qué me recuerdan esas menciones?, al cartel que en la entrada de Auschwitz rezaba. “El trabajo os hará libres”. Es tanta su mediocridad y tan poca su compasión, que no les causa el menor rubor despreciar a sus víctimas y mofarse de su sufrimiento. ¿”Gestores medioambientales” afirman que son?, no caballeros, simplemente gestionan la muerte de otros provocada por Ustedes y eso, tiene otro nombre.
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viernes 26 de junio de 2009

Reflexiones de un "animalista"

Estoy harto, harto y asqueado de la mala baba y de la estupidez de muchos de mis congéneres, cansado de escuchar sus argumentos envenenados y de responder a preguntas que en el fondo no buscan una respuesta, pues sea cual sea ésta va a dar lo mismo desde el momento en que esa aparente curiosidad es en realidad una trampa zafia y previsible por lo manida, ya que ni imaginación tienen y razones coherentes a las que asirse, menos todavía.

Pocos son los días en los que alguien, - afirmando o preguntando, eso no tiene importancia cuando se rehuye el debate congruente y únicamente se busca destruir al interlocutor – no trata de hacerme ver que mi actitud por la defensa de los animales luchando en la medida de mis tan limitadas posibilidades contra su maltrato, lo que esconde es un profundo desinterés y hasta desprecio por los numerosos padecimientos del ser humano.


Esa que acabo de citar es su conclusión más habitual y generalizada, lo que no impide que otros decidan ir más allá y a la torticera argumentación anterior le añadan un nuevo ingrediente que deben creer producto de su sagacidad, cuando lo cierto es que ha sido parido por la ruindad que dicta sus pensamientos y sus actos. Así, a los llamados “animalistas”, nos acusan de que cuanto hacemos es por un fin lucrativo y que si bien puede no ser personal, sí responde al afán de enriquecimiento de las asociaciones que ellos identifican con sectas, a base de unas supuestas subvenciones y no sé que otras exóticas partidas económicas.

He de confesar que antes me molestaba en responder a estos ataques, ahora lo hago cada vez con menor frecuencia porque me he dado cuenta que es un esfuerzo inútil. No quieren saber porque no les interesa conocer la verdad, y es que admitirla implica que se venga abajo ese entramado siniestro en el que sustentan su justificación de la crueldad con los animales. Su insistencia no trata más que de desvirtuar una lucha que no les conviene y el ímpetu con el que esparcen tales deyecciones nacidas de su egoísmo, crece a medida que aumenta el número de voces que gritan contra la brutalidad ejercida sobre esas criaturas. La información es uno de sus peores enemigos, por eso son tan partidarios del oscurantismo y recurren con tal asiduidad a la mentira.

Y como a fuerza de repetida esta sucia estrategia de la que se valen ha llegado a repugnarme, la consecuencia ha sido que me replantee mi consideración no acerca del ser humano en general, sino de estos sujetos mediocres empeñados en disimular su absoluta falta de sensibilidad y de compasión, a través de una crítica feroz a los que sí están comprometidos con cualquier tipo de acción solidaria para erradicar de la Sociedad el maltrato, el abuso y las violaciones sobre aquellos que por diferentes motivos, están en una situación sangrante de debilidad o de desamparo.

Estos hombres y mujeres, cuya conducta es un ejemplo de vileza y de individualismo constante, han provocado en mí un hastío infinito y han motivado que reflexione sobre la importancia que su existencia me merece, cuando lo lógico habría sido no convertir el bien de unos en el mal de otros, pero son ellos, con su continua y torpe diatriba hacia los movimientos animalistas, los responsables de que entre en este juego absurdo y de que sienta la necesidad de contestar a sus ponzoñosos requerimiento para, probablemente, a partir de ahora no volver a prestarme a sus ruines manejos y dedicar todo mi esfuerzo a colaborar en la protección de algunos de los que realmente lo necesitan.

Yo trato de divulgar las bestialidades que se cometen con perros, cerdos, toros, monos o zorros, por citar unos pocos de una lista casi interminable, pero que me atormente de tal modo su espantosa suerte, no quiere decir que no sea consciente y no me afecte el extremo padecimiento de muchos hombres, por lo que manifiesto mi admiración hacia aquellos que luchan por denunciar y mitigar la angustia humana. Sin embargo hay algo que tengo muy claro: los que nos lanzan acusaciones de desdén hacia el sufrimiento de las personas por el hecho de centrarnos en el de los animales, son los mismos que jamás utilizan una mínima parte de su tiempo en la defensa de alguien que no sean ellos mismos, se llame la víctima Abderrahim, Yolanda, “Toby” o “Valentón”.

Es por eso que si he de elegir mis dudas son cada vez menores, y como con el tiempo voy creyendo menos en la universalidad e independencia de la justicia humana, así como en su intención de lograr el bien común por medio de la ética, la equidad y la honestidad, me queda el escaso recurso de confiar en que a veces, el azar cumpla la función que le correspondería a los seres racionales. No creo en el castigo físico como condena impuesta a una acción por inmunda que ésta sea, pues eso equipara al convicto y al juez, pero cuando es el destino quien interviene e impide la comisión de una atrocidad, no puedo menos que sentirme aliviado. Pongo algunos ejemplos.

Si un individuo está manipulando un explosivo con la intención de acabar con la vida de los pasajeros de un tren y el artefacto le revienta en las manos, lo prefiero antes de que mueran inocentes. Si alguien pretende quemar un bosque y se prende con la gasolina en el intento, escojo esta opción en vez de que alcance su propósito de arrasar un ecosistema. O si una persona desea arrojar vertidos contaminantes al mar y al ir a hacerlo resbala y se cae al agua, pues pienso que es lo mejor aunque no sepa nadar, pues se evita el que acabe con innumerables vidas y dañe gravemente el medio marino. No admitiría jamás que tal criminal – ni ninguno - fuese ejecutado y ni tan siquiera que recibiese la menor agresión, pero cuando es la casualidad quien imposibilita su crimen, me siento reconfortado. ¿Hipocresía?, no, es por una parte la necesidad de no identificar al hombre con un ejecutor porque de voluntades humanas todos dependemos y si la muerte o la represión física se convierten en herramientas del poder, lo único que nos queda es un sistema degenerado y despiadado, y por otra es el deseo de que no se imponga la maldad.

Les invito a que recapaciten en lo anterior y a que piensen qué es lo que elegirían ustedes. Y después, a que hagan lo mismo con un último caso en el que también el azar puede cambiar los acontecimientos. Qué es lo que escogen, ¿qué un matador torture y asesine a cientos de toros durante su vida, o que sea alcanzado en una cogida que le imposibilite seguir dedicándose profesionalmente a infligir sufrimiento a animales y a provocar su muerte?.

Me quedo con la cornada y no me siento un miserable por confesarlo. Porque estoy harto de la supuesta supremacía del hombre cuando tras de esta se esconde la justificación de crímenes cometidos sobre especies “inferiores”. Cualquier víctima, sea la que sea, me merece mayor valoración y consideración que su verdugo. Muchos rechazarán que emplee los términos “tortura” y “asesinato” al referirme a una corrida de toros, e igualmente podría estar hablando del Toro Alanceado de Tordesillas, de la caza de focas o del desollado de visones, la situación es muy similar, pero lo hago porque la acepción académica de un vocablo o su connotación legal, no es más que una fórmula pactada pero en todo caso, martirizar y matar a un animal es torturarlo y asesinarlo si atendemos a los efectos de la acción, aunque algunos lo denominen “tradición”, “cultura”, “arte” o simplemente, “negocio”.

Y repito, no me siento avergonzado por mi forma de pensar y por decirlo. Y es que ya está bien, resulta aberrante el que tengamos que ser los que expresamos nuestro rechazo absoluto a la tortura de animales, los que una vez tras otra hayamos de argumentar nuestra postura y seamos objeto de acusaciones por parte de los que pretenden perpetuar tales depravaciones. Está claro que la fuerza de su posición mezquina les viene otorgada por el apoyo que reciben en sus actuaciones por parte del Estado. Pero la historia ha demostrado en innumerables ocasiones cómo las leyes elaboradas por los hombres han sido a menudo nefastas, y no hay articulado que dignifique una perversión, ni fontanero, comerciante, periodista, cantante, ministro o monarca que pueda convencerme de sus bondades, ni ellos, ni tampoco su declaración institucional como “bien de interés general” o que esté respaldada por algún pérfido Patronato.

Y porque el hombre me duele, seguiré defendiendo a los animales. Transigir con su maltrato, además de hacernos cómplices en el origen de su sufrimiento, indica una intolerable desconsideración hacia el ser humano, ya que estamos permitiendo que el despotismo y la impiedad formen parte de su bagaje y por lo tanto, contribuyendo a su salvajismo, ignorancia y degradación. ¿Quién es, por lo tanto, el que realmente desprecia al género humano?.

lunes 22 de junio de 2009

Manifestación en Coria contra la tortura animal

El sábado 20 de Junio la mayoría de los caurienses, que no todos, fueron incapaces de contenerse y de disimular. A pesar de los llamamientos por parte de su Alcalde - que no olvidemos que está de acuerdo con esta costumbre sanguinaria - para que los habitantes de Coria siguieran con su vida normal cuando apareciesen en el Pueblo los manifestantes venidos de toda España con la intención de expresar su rechazo a la tradición del “Toro del Acerico”, una nutrida horda en apariencia integrada por seres humanos hizo caso omiso de la recomendación y esperó en las calles la llegada de los autocares con los activistas contra el maltrato a los animales.


Nada más bajarse de los vehículos los organizadores de la concentración recibieron un aviso muy clarificador por parte de los miembros de la Guardia Civil que se habían desplazado para garantizar la seguridad: “Lleven a cabo su acto porque es su derecho y cuentan con la autorización necesaria para el mismo pero por favor, no respondan a las provocaciones, a los insultos o a las amenazas de que sean objeto”.

Esa advertencia constituye una evidencia inequívoca de cuál es la actitud violenta de ciertos ciudadanos y que es conocida de antemano por parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Normalmente se atribuyen las conductas “radicales” a los que participan en una protesta, en este caso los protegidos eran los manifestantes y menos mal que así ocurrió, de no haber sido por la presencia de los Agentes, el 20 de Junio de 2009 habría sido recordado como el día en el que se produjo un linchamiento masivo en Coria.

La marcha por las calles de la Localidad, portando pancartas y gritando consignas en contra de la tortura a los animales y a favor de la abolición del Toro de Coria, fue respondida con una notable vehemencia verbal por buena parte de los autóctonos, la violencia física se limitó que unos cuantos escupiesen sobre los concentrados y al lanzamiento de algún huevo; la presencia policial logró que bastantes caurienses contuviesen a duras penas otro tipo de excesos de consecuencias mucho más graves.

Durante el recorrido fueron frecuentes los gritos de ciertos energúmenos calificando de "putas" a las activistas, o tratando de convencer a la Guardia Civil de que los "cabrones" a los que estaban protegiendo y que se habían atrevido a ir a "su Pueblo" para protestar por "su Toro", eran realmente "proetarras". Supongo que el suyo era un intento tan mezquino como burdo de rozar la fibra sensible de los miembros de la Benemérita, para que hicieran dejación de sus funciones y les permitiesen cumplir sus amenazas de hacerle a esas "furcias" y a esos "cornudos" lo mismo que a los toros. En ese momento cobró sentido la recomendación inicial hecha por las fuerzas antidisturbios.

Y producía asombro y pesadumbre comprobar como señoras ancianas empleaban el mismo lenguaje soez y cavernario que sus hijos y nietos, unos niños que se llevaban la mano a la entrepierna mientras chillaban: "mirad hijos de puta, aquí tenemos al toro", y eso lo hacían ante la mirada complacida y sonriente de los adultos. Es tal vez una de las traducciones más espantosas de este “bien de interés turístico”: la transmisión entre generaciones de la tortura y de la muerte de un ser indefenso como diversión y cultura. Pero, ¿qué podemos esperar de unos individuos entre los que la vejación salvaje a un animal alcanza la categoría de bien hereditario e inamovible?.

No causa sorpresa que tras la convocatoria y desde diferentes ámbitos en Coria, se afirme que no hubo agresiones verbales contra los defensores de los derechos de los animales. Teniendo en cuenta que para esta gente lo que le hacen a los toros no es maltrato, a quién puede asombrarle que no consideren sus expresiones como insultos y amenazas. No se le puede pedir un razonamiento coherente a quien tiene instalada la brutalidad en su mente y se siente orgulloso de ello.

El acto final tuvo lugar en la misma Plaza en la que se desarrolla lo más sangriento del martirio al toro durante las Fiestas de San Juan, a la que se llega a través de un arco en cuyo portón se advierte que se entra en una zona en la que el toro está libre y que el que accede allí lo hace bajo su responsabilidad, lo que se denomina “un lavado municipal de manos” ante los posibles heridos y muertos que se produzcan durante la sangrienta representación, aunque luego, cuando la desgracia ocurre, desde el Consistorio digan siempre que ellos “tomaron todas las medidas necesarias para evitarla”. "Eliminar un riesgo en su origen" - damas y caballeros que cobran por estar al servicio de los ciudadanos - esa es la primera de las premisas en la prevención, Ustedes parecen cumplir con avisar a la gente de que corre el peligro de morir allí dentro. Con el toro ni eso, a él lo matan después de atormentarlo y es que para tal fin lo han comprado con dinero público.

Se leyeron diferentes manifiestos entre los patéticos intentos de algunos caurienses por reventar la acción, valga como ejemplo el que en las puertas de un bar pusieran sus altavoces con la música a todo volumen, o los acelerones con los que castigó el motor de su motocicleta un pobre infeliz. En definitiva, trataron con el empleo de decibelios de acallar un mensaje de sensibilidad, de respeto y por la defensa de sus víctimas, pero lo único que lograron fue dar muestras de una actitud primaria, embrutecida, egoísta y cobarde.

Fue en ese momento en el que muchos habitantes de Coria lucieron su "yo" más rastrero, pues cuando Tony Moore - el viudo de Vicki Moore, la activista inglesa que acabó muriendo como consecuencia de las numerosas cornadas recibidas en Coria mientras filmaba la cruel costumbre con la intención de divulgarla - estaba leyendo un comunicado en el que expresaba su repulsa por esta tradición y por lo que de sufrimiento implica para unos animales cuya capacidad sensorial es muy similar a la nuestra, la turba enardecida le cubrió de insultos y trató, sin conseguirlo, de humillarle. La serenidad de Tony Moore, la de la hija que tuvo con Vicki y la de su actual compañera, allí presentes también, contrastaron con la miserable mezquindad de un grupo de sujetos incapaces de frenar sus instintos violentos ni tan siquiera en un instante como ese. No extraña pues, visto eso, que uno se pregunte si las antiguas sospechas de que Vicki fue empujada para que cayese al paso del toro no son algo más que rumores.

Si 150 personas llegadas de toda España y sabiéndose protegidas por miembros de la Unidad de Antidisturbios de la Guardia Civil, pueden experimentar tal sensación de acoso e intimidación por decir que "NO" a la crueldad con animales como parte de un Programa de Fiestas, imagínense Ustedes qué será lo que sienta cada uno de esos toros, rodeado por semejante masa exaltada provista de cerbatanas, en no pocos casos bajo los efectos del alcohol, lanzándole dardos y alimentando su padecimiento entre gritos, risas y siniestras demostraciones de placer ante su desdicha para al fin, matarlo de un disparo y cortarle los testículos. Y esos toros están solos, a ellos no les ampara ninguna Ley. Nosotros gozamos del derecho constitucional a manifestarnos, los infortunados toros de Coria únicamente poseen el de ser martirizados por los hombres con la colaboración necesaria e indispensable de los responsables municipales.

Esta ha sido la primera protesta organizada en Coria, en las mismas calles en las que los toros padecen y son asesinados. Habrá más, porque ese grupo dominado por el salvajismo y aún amparado por una norma que, incomprensiblemente, le autoriza a cometer tortura sobre seres vivos, tiene enfrente a un colectivo acostumbrado a luchar contra la necedad y la ferocidad humanas, aspectos indisolublemente unidos y sobre todo, comprometido por ser la voz de los que carecen de ella siendo tal limitación la causa de su condena. El sábado 20 de Junio de 2009 llegaron a Coria tres autocares llenos de personas dotadas con la fuerza que otorga la sensibilidad, venían apoyados por otros muchos a los que por diferentes motivos no les fue posible asistir pero que hubieran deseado estar allí expresando su rechazo. A los "Sanjuanes" de Coria de 2010 serán todavía más los que acudan a gritar ante los crueles: "¡No a crueldad!". Ojalá no sea necesario hacerlo, pero mucho me temo que la cobardía y la indiferencia de los políticos, seguirá siendo una triste realidad en un País en el que un Consejo de Ministros otorga la Medalla de Honor al Mérito en las Bellas Artes a un matador de toros y en el que su Monarca, le hace entrega de la misma.

Entre el 23 y el 29 de Junio varios toros derramarán su sangre, doblarán sus patas y sucumbirán entre estertores en las calles de Coria, mientras muchos vecinos disfrutan con su miedo, aplauden su agonía y esperan impacientes la llegada de la próxima víctima. Durante esos mismos días, no pocas personas en España se estremecerán al pensar en la soledad y en la indefensión de esos animales frente a una muchedumbre desquiciada y violenta. Y es que en esta ocasión, entre cada uno de los toros y sus torturadores, no habrá miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado para impedir su padecimiento y su muerte. Si Ud. disfruta siendo testigo de la angustia de un animal no lo dude, acuda esta semana a Coria, pero si tal hecho le repugna no vaya sin escolta policial, so pena de que puedan lincharle por “puta” o por “cabrón” y en todo caso, por apoyar a la ETA. Sí, todo eso por estar en contra de la tortura de animales.

martes 16 de junio de 2009

Gran Tour Verano 2009: "Circuito España Cruel"



PROGRAMA DEL VIAJE:



1º Día: Llegada al Aeropuerto de Barcelona. Traslado en autocar a Amposta (Tarragona), donde podrán asistir al Toro Ensogado y disfrutar de la visión del animal con una cuerda atada a los cuernos y a la cabeza, de la que sobresalen dos cabos para que los alegres mozos puedan tirar hacia la derecha y hacia la izquierda a la vez. Durante la celebración se le lanzarán petardos al toro, que resbalará en varias ocasiones quedando sus pezuñas con graves heridas, pero se levantará gracias a los tirones de la soga. Al final será conducido al matadero. Hasta no hace mucho era degollado en la calle y los niños jugaban a mojarse los pies en la sangre.

Comida y regreso a Barcelona, donde conocerán las famosas Ramblas, en las que podrán deleitarse con los innumerables animales enjaulados puestos a la venta y adquirir alguno si así lo desean. Por la noche cena en un afamado restaurante de la Ciudad Condal en el que degustaremos un exquisito foie, obtenido después de alimentar forzosamente a una oca a través de un tubo y engordarle el hígado diez veces su tamaño natural. Alojamiento.

2º Día: Desayuno. Salida a primera hora hacia Medinaceli (Soria). Llegada y comida para luego asistir al Rito del Toro Júbilo, en el que a un astado se le coloca una gamella en los cuernos provista de unas bolas a las que se les prende fuego. El animal corre por el Pueblo para deleite de los congregados, mientras padece las quemaduras procedentes de los rescoldos de las bolas incandescentes. Con un poco de suerte podrán ver cómo se suicida golpeándose repetidamente contra algún muro, a veces ocurre. Si no se mata él mismo se le sacrificará. Cena y alojamiento.

3º Día: Desayuno. Saldremos temprano hacia Tordesillas (Valladolid) realizando una parada en el camino para la comida. Una vez en nuestro destino seremos testigos de una de las tradiciones con más renombre en España: El Toro de la Vega o Toro Alanceado, declarada de interés turístico, lo que da idea de su apoyo por parte de la Administración. Podrán disfrutar de cómo un toro es perseguido por cientos de personas a pie y a caballo armadas con lanzas, que le clavarán al animal en repetidas ocasiones los que dispongan de más habilidad y sadismo. Al cabo de un tiempo, cuando el dolor y las hemorragias le impidan seguir huyendo, vendrá el gallardo lancero que le asestará el golpe definitivo ensartándolo con bravura. Este valiente mozo recibirá un trofeo por parte del Ayuntamiento y sobre todo, tendrá el honor de poder desfilar con los testículos del toro clavados en la punta de su lanza. El pregón, titulado: “El antitaurino, ese imbécil, golfo y friki”, correrá a cargo del Periodista D. Carlos Herrera, Cena y alojamiento.

4º Día: Desayuno. En esta jornada viajaremos hasta la Provincia de Ourense, donde llegaremos a la Localidad de O Carballiño; allí realizaremos una excursión facultativa por las fosas con cadáveres de perros excavadas en las proximidades de la Perrera. Al mediodía asistiremos al sacrificio de una parte de los perros allí encerrados. Se recomienda llevar algún refrigerio, ya que la duración de la agonía después de ser inyectados se puede prolongar bastante.

Por la tarde acudiremos al Pueblo de Laza (Ourense), donde quedaremos fascinados con las batallas de hormigas. Los participantes cogen ejemplares rojos de esta especie, los empapan en vinagre y los mezclan con harina para luego lanzárselos los unos a los otros; la diversión radica en el escaso humor de los insectos debido al sufrimiento que el ingenioso aliño les provoca. Cena y alojamiento.

5º Día: Desayuno. Por la mañana salida hacia la Localidad pontevedresa de Rodeiro, en la que asistiremos al Campeonato de Caza del Raposo. Tal vez tengamos la oportunidad de observar a perros atrapados en cepos, a hembras embarazadas abatidas o lazos y trampas con veneno. Al mediodía podremos contemplar en el Pueblo la entrega del trofeo al que haya matado más ejemplares de zorro, así como una bella estampa con el suelo de la Plaza principal sembrado de cadáveres de esta especie. Comida.

Tras el almuerzo visita guiada a la granja peletera de una conocida firma de prendas de visón. Tendremos la ocasión de ser testigos de cómo los visones son aturdidos con un electrodo introducido en la boca y otro en el ano, así como de conocer el proceso de desollado del animal. Advertimos de los posibles chillidos emitidos por aquellas criaturas a las que se les arranca la piel todavía conscientes, la excursión será por lo tanto un inolvidable recuerdo tanto visual como sonoro. Visita a la exposición por si desean comprar un abrigo elaborado con 70 visones despellejados.

Cena en un restaurante del entorno adornado con motivos cinegéticos. Podremos degustar diferentes platos típicos mientras desde las paredes, nos observan docenas de cabezas naturalizadas de corzos, rebecos y jabalíes. Departiremos con cazadores que nos ilustrarán sobre su profundo amor por los animales. Alojamiento.

6º Día: Desayuno. Tomaremos el autocar para desplazarnos hasta Madrid parando a comer en Benavente, ciudad famosa por su Toro enmaromado. Al llegar a la Capital asistiremos a una corrida benéfica en la Plaza de las Ventas. Contaremos con la excelsa presencia de Su Majestad el Rey como invitado de honor mostrando su afición y apoyo a la “fiesta más culta”. 6 toros 6, serán los que entusiasmen a los tendidos con los diferentes tercios: varas, banderillas y espada, acáso un poquito de descabello como excitante ingrediente final. La recaudación obtenida por el sufrimiento y muerte de estos animales será destinada a un fin altruista. Podrán aquellos que lo deseen realizarse una fotografía junto al diestro José Tomás embadurnado en sangre ajena (instantánea no incluida en el precio).

Por la noche cenaremos langosta en una afamada marisquería madrileña, un delicioso manjar con el aliciente de saber que para su preparación, el crustáceo se ha cortado en rodajas estando vivo. Alojamiento.

7º Día: Desayuno. A primera hora partiremos hacia Carpio del Tajo (Toledo) donde participaremos en las Fiestas en honor de Santiago Apóstol, en las que el plato fuerte son las carreras de gansos, consistentes en colgar a ejemplares de esta especie atados de una soga sujeta en sus extremos a dos palos altos, después pasarán por debajo mozos a caballo y el juego consiste en tratar de decapitar a los gansos, ganando aquel que corte más cabezas.

Seguiremos hacia la Localidad toledana de Villatobas, donde almorzaremos al aire libre la tan típica tortilla de patatas española, elaborada con huevos de gallinas ponedoras encerradas por miles en jaulas de un cuarto de metro y en grupos de cinco, sin apenas plumas ya que la piel se les va llenando de llagas por el roce con los alambres, cubiertas con los excrementos de las que están en los pisos superiores y con sus ciclos naturales alterados artificialmente para forzar la puesta. Mientras comemos en este paraje, tendremos la ocasión de observar una nutrida arboleda en cuyas ramas crece un fruto singular: cientos de galgos ahorcados por cazadores. Resto de tarde libre para realizar fotografías de los cadáveres. Cena y alojamiento.

8º Día: Desayuno. Salida hacia Coria (Extremadura), donde nos esperan las Fiestas de San Juan y una costumbre declarada bien de interés turístico: El Toro de Coria, también llamado El Toro del acerico, debiendo su sobrenombre al estado que presenta después de que con cerbatanas los asistentes le lancen cientos de dardos llamados soplillos; el fin del jolgorio llega cuando al animal, herido y agotado, se le descerraja un tiro, cortándole los testículos que se llevará como trofeo aquel que haya sido el primero en lograr tocárselos.

Tras la comida viajaremos hasta Villanueva de la Vera (Cáceres), para observar la Fiesta del Burro de Pero Palo, de interés turístico regional y según responsables del Ayuntamiento, “de riqueza antropológica indiscutible y simbología fálica”. Contemplado el sufrimiento del asno seguiremos hasta Sevilla, Ciudad taurina por excelencia, donde disfrutaremos de la tarde libre para realizar compras; si lo desean podrán adquirir hermosos recuerdos como banderillas, carteles taurinos, toreros articulados o colecciones de postales con imágenes de matadores famosos. Cena de gala organizada por la Mesa del Toro, en la que escucharemos a ganaderos de renombre explicarnos lo mucho que quieren al toro y a un conocido veterinario afirmando que el animal no sufre durante la corrida. Alojamiento.

9º Día: Desayuno. Traslado al Aeropuerto de Sevilla, donde tomaremos un vuelo con destino a la Isla de Gran Canaria. A nuestra llegada nos dirigiremos al Polideportivo de López Socas, en el que asistiremos a una de las habituales peleas de gallos que se celebran cada domingo en dicho recinto. Aquellos que lo deseen podrán realizar apuestas. Comida.

Como fin de viaje y pensando en los más pequeños por la tarde presenciaremos una función de circo, en la que los niños podrán disfrutar de curiosas atracciones con animales como protagonistas: elefantes subidos en taburetes, leones saltando a través de aros de fuego, monos montando en bicicleta, etc., de tal modo que se llevarán un grato recuerdo de indudable función didáctica, ya que comprobarán como por medio de golpes, drogas, electrocuciones y demás métodos coercitivos, estas criaturas son capaces de realizar acciones impensables en el caso de estar en libertad.

10º Día: Traslado al Aeropuerto de Gran Canaria y fin de nuestros servicios.


El precio incluye: Hotel, comidas, traslados, recipientes para el vómito, toallitas para limpiarse después y un ejemplar del relato de ficción: “Ley Marco de Protección Animal en España”.

El precio no incluye: Gatos y perros para ser torturados y asesinados por el cliente, así como el importe de la pequeña multa que le impondrá el juez si le sorprenden llevando a cabo tales acciones.

Recomendaciones: En las localidades de Tordesillas y de Coria les sugerimos que se abstengan de utilizar cualquier medio de grabación o de captación de imágenes, no son bien vistos en esas celebraciones, por lo que la Empresa declina cualquier responsabilidad por la sustracción o deterioro de dichos equipos, así como por las posibles agresiones que reciban si declaran su rechazo por los ritos taurinos.

Durante la jornada del Campeonato cinegético se ruega que no se separen del grupo, ya que son habituales los “accidentes de caza” en los que alguna persona resulta herida o muerta por arma de fuego.

Aviso: Si alguno de los viajeros por ser especialmente “blandito” no quisiera asistir a alguno de los actos programados no le será reintegrado el importe correspondiente, ya que la Empresa organizadora entiende que con dicha actitud, no estará respetando unas tradiciones y una cultura hispana preservada y fomentada con orgullo por la mayor parte de las administraciones. Y que no se moleste llegado el caso en presentar una queja ante el Defensor del Pueblo, pues el Sr. Múgica le responderá que es tonto.


viernes 12 de junio de 2009

El Rocío, un maltrato animal piadoso

En la Página Web del Rocío se trata de explicar en qué consiste esta festividad religiosa, paradigma de la hiperdulía de este Pueblo y para ello emplean varias expresiones, he aquí alguna: “El Rocío es la luz, la armonía, la belleza, es el amor”. No voy a ser yo en mi ateísmo quien ponga en duda tales afirmaciones transmutadas en axiomas para el fervor ajeno, pero sí tengo que apuntar que se olvidaron de un par de ellas para realizar una descripción completa y fidedigna de la realidad de tan famosa Romería: “El Rocío es maltrato animal, El Rocío es muerte para algunas criaturas”.

¿Qué por qué añado tan macabras oraciones para calificar una escenificación popular y multitudinaria de reverencia a la Virgen?, pues porque en la Edición de 2009 de esta “peregrinación a la Blanca Paloma”, 23 caballos se han dejado la vida en nombre de una fe que ni ellos ni yo compartimos, pero al menos a mí no me ha supuesto la muerte; ellos, no pudieron elegir.

¿Casualidad?, ¿fatalidad?, no, nada de eso ha sido la causa, esta muerte masiva tiene otra explicación: brutalidad, alimentación e hidratación inadecuadas y agotamiento. ¿Los responsables?, unos cuantos romeros devotos que en su afán por rescatar a la Virgen y cubrirla de pétalos de rosas como muestra de cariño y piedad, consideran que la vida de un caballo es un precio muy bajo a cambio de las indulgencias obtenidas por ser tan “buenos hijos de dios”.

El año pasado fueron 25 los animales que pagaron con su muerte la salvación de su amo. Bueno, lo de “amo” es un decir, parece ser que muchos de estos vehementes jinetes los alquilan, tal vez previendo las mismas contingencias que si de un vehículo se tratase y por ello, optan por obtener un “transporte” con kilometraje ilimitado y servicio de retirada en caso de siniestro. No es por lo tanto un hecho puntual, sino tan presente cada año como el Santo Rosario o el Salto a la Reja y lo que es peor, asumido y aceptado.

No voy a caer en la tentación de culpar a la Iglesia por estos hechos, pero sí de responsabilizarla solidariamente y es que en este caso tiene mucho de que avergonzarse, pues en un acto tan célebre que constituye una manifestación notable de su poder ante un pensamiento cada vez más iconoclasta y racional que hace peligrar sus numerosas prerrogativas, su actitud es la de “callar y otorgar”. Callar ante la crueldad conocida y extrema con seres vivos, y otorgar porque su silencio, propicia solución de continuidad a las fatales consecuencias que para unas criaturas inocentes, tiene la exaltación religiosa de unos cuantos cafres egoístas.

Tampoco me llama la atención el desprecio mostrado por la jerarquía católica hacia la muerte absurda de estos caballos, no olvidemos que en su seno el estigma del maltrato a los animales ha sido una constante en el tiempo, tal vez no en autoría pero sí en connivencia, y valga como ejemplo de ello cuando las monjas fabricaban los dardos que sirven para torturar al Toro de Coria, o la bendición eclesiástica para las plazas de toros y para el verdugo que martirizará y asesinará al animal en el ruedo. Que el camino al Rocío quede sembrado de cadáveres no parece afectar a la Iglesia, otra cosa hubiera sido, supongo yo, que en vez de despojos mortales desparramados por los senderos se tratase de preservativos, ahí sí que oiríamos las voces de la curia repudiando y condenando.

Los caballos caen reventados después de tener que desplazarse sin descanso, recibiendo una alimentación insuficiente y permaneciendo amarrados al sol, además de por los numerosos episodios de maltrato físico directo. La Junta de Andalucía, como suele ocurrir en estos casos con la Administración, se cura en salud alegando que realizaron inspecciones y que repartieron 3.000 folletos explicando cómo se debía de tratar a los animales. Es lo de siempre, nada de preguntarse qué han hecho mal para evitar que una sangría semejante se repita año tras año, sino justificarse y escurrir el bulto, mejor dicho 23 bultos, porque para ellos, los políticos, esos caballos muertos no son más que eso, trozos de carne que hay que retirar del camino, que queda muy feo tropezarse con un animal muerto en medio de tan mediática y lucrativa Romería.
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Fanatismo religioso, caballos que sucumben apaleados o extenuados, indiferencia desde las instancias oficiales frente a las muertes continuas de animales y su apoyo económico para actividades que las generan. A menudo, al entrar en el cine, pienso que antes de la película me voy a encontrar con el NODO, porque a juzgar por este panorama, en cuestión de respeto a los animales, seguimos sumidos en aquella España siniestra en la que El Dictador entraba en la Iglesia bajo palio y en la que los seres irracionales, no eran más que bestias sin el menor derecho, cuyo sufrimiento o muerte no tenían la menor importancia. En eso y en algunos aspectos más.

Transcribo para terminar un fragmento de una de las frases con las que la Hermandad del Rocío intenta ilustrar sobre el significado de esta fiesta religiosa: “El Rocío es... unos bueyes, mansos y pacíficos, que desbordan de alegría llevando a Vuestra Madre, al paso que algún otro muere de pena porque un día lo condenaron a no llevar ya más al Simpecado del Rocío”. ¿Qué les parece?, son estos romeros tan conocedores del “alma” de los animales, que sabiendo que algunos perecen de tristeza por no poder participar en futuros peregrinajes para tocar a la Virgen, deciden en un acto de piedad “matar” a unos cuantos cada año, no vaya a ser que se suiciden cuando se enteren de que el siguiente sábado víspera de Pentecostés, no van a tener la mística oportunidad de trotar hasta reventar y de abrasarse bajo el sol, sin apenas comer ni beber y recibiendo golpes a manos de los piadosos peregrinos. ¡Y a todo esto la Virgen callada!.

www.asanda.org

martes 9 de junio de 2009

Los gatos, ¿una especie cinegética?

Así es, los “conservacionistas” del 1 de Marzo de 2008, los “escopeteros” que en esa fecha se manifestaron por las calles de Madrid bajo el lema “Por el campo, la caza y la conservación”, los que quieren hacernos comulgar con postas y sangre contándonos que no son más que el modo de expresar su infinito amor a los animales, consideran que los gatos comunes, esas criaturas con las que muchos convivimos, son una especie cinegética y susceptibles de ser abatidos.


Y no lo digo sólo por el suceso del que aquí quiero dejar constancia, sino por una actitud muy extendida entre los amantes del rifle y del cuchillo y que se puede comprobar entrando en cualquiera de sus numerosos foros, esos en los que se prodigan con profusión los mensajes donde los del cepo y el perro destripado por un jabalí, describen distintos métodos para acabar con la vida de los gatos atendiendo a diferentes aspectos: rapidez, economía de medios, alcance de la matanza, discreción para no ser descubiertos, etc. A los perros, además de ahorcarles o dispararles, a veces les brindan la oportunidad de sobrevivir abandonándolos, parece que con los mininos ni tan siquiera eso.

Emplearé el concepto de presunción para relatar lo ocurrido ya que por ley – y me parece lo correcto – aquí nadie es culpable mientras no se demuestre ese extremo, así que a la espera del resultado de la denuncia interpuesta y del esclarecimiento de los hechos, no voy a ser yo quien determine la autoría de un crimen cuya existencia sí es incuestionable, por más que las evidencias tengan nombre y apellidos. Me estoy refiriendo a la matanza de gatos caseros que ha tenido lugar en una Finca del término de “Lagar El Monte”, en Moriles (Córdoba).

Ocurrió así: la propietaria del terreno, que permanecía cerrado con una cadena, entró en él tras escuchar los disparos de una escopeta de caza. Al cabo de un momento se encontró allí con el guarda de una Sociedad de Cazadores de la zona denominada NACUMO; este hombre, armado, llevaba un gato muerto colgando agarrado por sus patas traseras, tal y como acostumbran a hacer los dedicados a esta cruenta actividad con los conejos que cazan; el vigilante, sin inmutarse, saludó a la dueña y arrojó el cadáver del animal a un camino cercano. Recordemos que tal escena transcurría dentro de una propiedad particular perteneciente a la mujer.

La señora, entre atónita por el hecho y horrorizada al darse cuenta de que el gato asesinado era suyo, se fue a buscar a su marido sin decirle nada al individuo que deambulaba tan tranquilamente por su finca cargando con el cuerpo inerte del malogrado felino. Al regresar, el matrimonio pudo comprobar espantado como su terreno aparecía sembrado de gatos acribillados, algunos con sus vísceras fuera, entre ellos el de una hembra que estaba en el momento de su muerte amamantando a su camada.

Consternados realizaron varias fotografías de los cadáveres de los gatos y presentaron una denuncia en el cuartel de la Guardia Civil, indicando la identidad de la persona que se habían encontrado en su propiedad y que según los indicios, había acabado presuntamente y de un modo tan brutal con la vida de los infortunados animales. Se trata como decía del Guarda de la Sociedad y que es conocido con el sobrenombre de “El mataperros”, imagino que no lo habrán bautizado así porque se dedique precisamente a desparasitarlos, a bañarlos y a darles de comer.

Las investigaciones a quien correspondan, pero a nosotros nos asiste el derecho de opinar, de informar sobre lo ocurrido y sobre todo, acerca de lo que esto significa, porque más allá de un hecho lamentable y trágico, es la consecuencia lógica y muy habitual de la conducta mostrada por una gran parte de los individuos volcados en el crimen con licencia: la caza. Unos cuantos limitan sus tropelías legales a las especies catalogadas como cinegéticas, otros muchos, llevados por su instinto depredador pero no por la necesidad básica de alimentarse, sino porque les satisface y divierte, no se limitan a matar aquellos animales que la ley les permite, eso no les sacia, les sabe a poco y en cuanto creen poder refugiarse en la impunidad del anonimato, revientan y destrozan a través de diferentes métodos a seres vivos aún protegidos en un intento de aplacar su ansia exterminadora.

Pero ese anhelo por destruir vidas es insaciable y no se le puede pedir a quien ha convertido el sufrimiento y la muerte ajena en su principal entretenimiento, que muestre respeto y aún compasión, su codicia por atesorar despojos mortales no hay litros de sangre que la aneguen ni trofeos naturalizados que la colmen. No se explican de otro modo mensajes como los siguientes escritos por cazadores y que cualquiera que lo desee puede leer, ya que figuran en foros públicos y en esta ocasión, teniendo en cuenta lo ocurrido, los que he escogido se refieren a gatos, en concreto a sus consejos para acabar con ellos (las frases están transcritas de forma literal):

“ Pues yo me da lo mismo lo que diga medio ambiente, nosotros habido dias de matar hasta 5 gatos. Duro con ellos sin compasion !!!!!!!”.

“ no os da vergüenza, yo sería incapaz de dispararles las balas y cartuchos cuestan mucho, asi que a palo limpio y cuando veais que le sale una pasta blanca por las orejas es que ya le queda poco”.

“ les pones una sardina dentro de una jaula trampa y cuando le hayas capturado nada de complicarte la vida con sacos ni garrotes ni nada, que escapara. Le sumerges en un recipiente con agua donde quepa toda la jaula y arreglado”.


La crueldad y la cobardía son difíciles de disfrazar, por eso creo que con estas pocas muestras, aún siendo muy numerosas las existentes, es suficiente para dejar clara la actitud de muchos cazadores, su absoluto desprecio por otras formas de vida y el espíritu violento que impregna sus actuaciones, tal y como ha ocurrido con el asesinato de gatitos en Moriles, presuntamente cometido por el guarda de una Sociedad de Cazadores, su hombre armado de confianza, que al parecer carece de problemas para combinar su labor profesional con sus aficiones cinegéticas, y es que en definitiva ambas tienen un denominador común: mantener, fomentar y practicar una actividad basada en la muerte cruenta e inútil de animales. Imagino que por eso saludó con tanta naturalidad a la dueña de los gatos asesinados llevando uno de ellos en la mano, y es que para esta gente apuntar, disparar y matar a seres vivos es un derecho que consideran inalienable, lo mismo les da un jabalí, un venado o un zorro, que gorriones, urracas, urogallos, perros o gatos. De la cacería de todas estas especies, incluidas las protegidas, encontramos abundantes relatos y noticias en ambientes cinegéticos.

Pero se las seguirán dando de ecologistas, contándonos que su labor es de regulación y de conservación, afirmando que nadie les supera en amor a los animales y al campo, aunque a los primeros los maten y el segundo lo contaminen; tampoco van a dejar de proliferar los casos de furtivismo, de tráfico de especies y de trofeos, de prácticas ilegales, de encontrarnos con propuestas de empresas españolas para matar en el extranjero osos, tigres o elefantes, continuaremos contabilizando heridos y muertos humanos todos los años en los llamados “accidentes de caza” y no dejarán de salir voces defendiendo esta brutalidad, que se analice como se analice, consiste en matar por diversión. Curiosa y macabra manera de entender la ecología.

Sólo quiero añadir algo más. He escrito a la Alcaldesa de Moriles para solicitarle información acerca de los hechos así como para conocer cuáles son las medidas que piensa tomar como máxima responsable municipal. Su respuesta ha sido el silencio. Es común que los ayuntamientos traten de echar tierra sobre asuntos como este para no verse involucrados en ellos, sobre todo en localidades pequeñas, en las que todos se conocen y “mirar hacia otro lado”, es la mejor manera de evitar enfrentamientos, aunque a veces no se esté de acuerdo y se sea consciente de que se está encubriendo un posible delito. Estoy casi convencido de que en Moriles, la conducta de “el mataperros”, tal vez a partir de ahora también conocido como “el matagatos”, es tan sabida como consentida y silenciada. La justicia resolverá, con una pena ridícula como siempre si se determina su culpabilidad, veremos cuál es la postura del Consistorio, porque el silencio es el argumento de aquel que no tiene argumentos sensatos que aducir, pero esos gatos masacrados no pueden ser ignorados ni olvidados, su dueña no lo hará y nosotros, los que no conservamos ni amamos matando, tampoco.
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domingo 7 de junio de 2009

El Maltrato Animal no es noticia

Leer a diario informaciones deportivas, destacando por su número las relativas al balompié, o acerca de las más nimias vicisitudes de aquellos que son famosos por ser famosos, no produce ningún efecto de cansancio en la mayoría de la gente. Cuando nos acercan injusticias, conflictos o situaciones de miseria ya resultan más “cargantes” y el lector las administra tendiendo a la cicatería en su consumo; me refiero por supuesto a sucesos acaecidos fuera de su ámbito o que le trasladen episodios sangrantes pero ajenos a su cotidianidad, por más que sean tristemente habituales o en el fondo le afecten aunque no sea consciente de ello, como ocurre con las guerras, las hambrunas, la represión o falta de libertad, que si hablamos de un tirón junto al portal de ese ciudadano, la noticia adquiere para él un cariz dramático y que eclipsa en importancia a cualquier genocidio planetario.

¿Pero qué es lo que pasa si encima los protagonistas luctuosos del hecho no son seres humanos, sino animales de los denominados irracionales? – que la animalidad es una característica común a un Señor de Murcia o a un cerdo de Lugo - pues que el hastío se apodera del leedor con sólo ver el titular y lo que es más lamentable, el desinterés lo hace del medio de comunicación, centrados como suelen estar en brindar noticias de saldo y oferta, pues saben que son las que la gente demanda con fruición y abundancia, así su producto se vende mejor, los beneficios aumentan y el alcance universal de la información queda para mejor ocasión o para otro medio, que también los hay que se ocupan casi a diario de estos asuntos, es justo reconocerlo, y aunque algunos acaban cediendo a la presión de sus consejeros y poco a poco dejan de contarnos acerca de toros torturados, de zorros despellejados o de perros destrozados tras alguna pelea ilegal, otros tienen la honestidad y la responsabilidad suficientes como para publicar estos hechos una vez tras otra, y es que el maltrato a los animales es todavía más frecuente que los encuentros de fútbol o las bodas, bautizos y separaciones de los famosos. Aunque no lo parezca, en España hay más crímenes con resultado de muerte que uniones o desuniones civiles y encuentros deportivos juntos.

Después de escribir numerosos artículos tratando de divulgar esta cuestión, intentando que el mayor número de gente posible se comprometa a través de su conocimiento en la lucha contra el padecimiento intolerable al que el ser humano somete a los animales de tantas y tan terribles maneras, he sido testigo de cómo algunos diarios o soportes informativos dejaban de publicarlos imagino que aburridos por su repetición o rendidos ante determinadas presiones. Es en todo caso una claudicación penosa y un ignorar voluntariamente una realidad continua. Pero por mucho que algunos se dejen llevar por el “ojos que no ven, cabeza que no piensa”, esa tragedia sigue ahí y eso no hay consejo editorial que pueda cambiarlo.


Qué tal vez es reiterarse con machaconería decir que las corridas o que los toros embolados, alanceados, del aguardiente, etc., son un espectáculo cruel y vergonzoso, pues sí; o explicar que engordarle el hígado a una oca diez veces su tamaño, adiestrar a un elefante por medio de golpes y de drogas o arrancarle la piel a un visón son salvajadas infames resulta redundante porque el proceso es siempre el mismo, pues también; como lo es hablar de los abandonos, de las matanzas de perros y gatos en las perreras, de la caza como deporte repugnante o de arrancarle los ojos a un conejo para anotar los resultados; todo eso es insistir acáso con pesadez en lo que ya se sabe, estoy de acuerdo. Pero, ¿cuál debería de ser nuestra actitud?, ¿denunciar públicamente una sola vez y cumplido el trámite y satisfecha nuestra cuota de solidaridad, olvidarnos del asunto y dejar que siga ocurriendo?, ¿todo por no aburrir con nuestra insistencia?. Entre indiferente y fatigoso, elijo el segundo adjetivo. Me duelen menos las críticas que recibo por pelma que la muerte atroz de miles de animales, para ser exacto, las primeras no me afectan pero esos asesinatos a manos de cobardes exaltados me revuelven las entrañas.

Tal vez olvidar el tema sería lo más inteligente desde el punto de vista mediático, que a nadie le gusta tropezarse cada día con vísceras, sangre, cuerpos desollados o seres ahorcados, pero el que entre tantas páginas hablándonos de fichajes, de divorcios, de los zapatos de Leticia o de las copas de Nadal, no quede espacio para describirnos el espanto diario al que se ven sometidos cientos de miles de animales en nuestro País, lo que indica es cobardía de unos y egoísmo de otros. Mientras tanto, los responsables de impedir que tales hechos sigan teniendo lugar, están muy tranquilos porque sólo hay que dar explicaciones al Pueblo de lo que se convierte en noticia; el resto, lo que se intenta esconder, forma parte de ese alimento moral, podrido y envilecedor, que de manera forzada nos meten a través de un tubo hasta bien adentro, exactamente igual que a las ocas de antes. Ellas mueren entre terribles sufrimientos al cabo de unos días de iniciado el proceso, nosotros tenemos mayor resistencia, porque entre miseria y miseria, nos dan algún cachito de carnaza para que nos sintamos satisfechos.

Lo cierto es que pienso seguir así por más chaparrones que me caigan; otros se manifiestan un día sí y otro también hasta que les ponen un centro de atención primaria cerca de sus hogares o para protestar por la peligrosidad de su barrio. Pero cuando los afectados son incapaces de coger una pancarta, de organizar una concentración o de presentar una denuncia en el juzgado, ¿cómo actuamos?, ¿los abandonamos a su suerte, a su infausta suerte?. Claro, son animales, ¡qué más da!, si ni tan siquiera pueden hablar. Pero resulta que tampoco ese argumento me sirve, porque he visto a “estrellas mediáticas” cuyo mensaje me resultaba más ininteligible que el rebuzno de un burro, esas mismas criaturas que se siguen utilizando para que nuestros encantadores hijos den paseitos por la feria, así hasta que mueren extenuados y molidos a palos – los burros, no los niños – aprendiendo de paso gracias a nosotros que maltratar a los animales es algo natural.

miércoles 3 de junio de 2009

El Toro de Coria ya está en el corredor de la muerte

Quedan pocos días para que Coria, una Localidad situada en la Provincia de Cáceres, celebre las Fiestas de San Juan y con ellas, como cada año, lo más atractivo y esperado para unos cuantos autóctonos y foráneos: el denominado Toro de Coria. En realidad no se trata de uno, sino de varios los animales que durante estos festejos - que por cierto están declarados de interés turístico - serán acosados, maltratados y asesinados para regocijo de muchos de los presentes y también para dolor de algunos asistentes, testigos indispensables y dolientes de aquella tortura con el objeto de poder informar sobre lo que allí ocurre y por supuesto de incógnito, ya que manifestarse contrario a esa salvajada en aquel lugar es asegurarse insultos, amenazas y agresiones. Quien es violento con los animales no se vuelve de pronto piadoso con las personas, una realidad que los estudios médicos avalan, las pruebas demuestran y los legisladores prefieren ignorar, en un nuevo alarde de pusilanimidad y sordidez política.

En una información acerca de los horarios de las fiestas indica que “la hora de la muerte del primer toro de la tarde dependerá del juego que dé en las calles”. ¡Es un juego!, un pasatiempo sangriento, sádico y brutal, pero asumido como un entretenimiento en definitiva; así consideran en Coria las instancias oficiales y sus seguidores esta cruenta tradición, como una diversión apetecida, necesaria y probablemente, en el colmo de la majadería, creen que les dignifica como transmisores de cultura. La cultura de la atrocidad y de la muerte, en la que se asienta necia y miserablemente la defensa de ésta y de otras muchas costumbres infames con padecimiento animal incluido todavía existentes en nuestro País.

Y tienen el cinismo de rematar ese documento informativo con la siguiente frase: “El toro es el protagonista de las fiestas, no lo maltrates e impide que otros lo hagan”. ¿Qué es esto?, ¿el absurdo de la mano de la brutalidad?, ¿un sarcasmo macabro?, ¿o tal vez una simple fórmula metida a la fuerza allí donde jamás podrá encajar, añadida porque la ley les obliga a considerar ese extremo?. La misma Ley que en España prohibe maltratar cruelmente animales pero que excluye de su cumplimiento a “los espectáculos autorizados”. Las excepciones a los crímenes, Señores legisladores, siguen siendo crímenes. La sangre de los toros que este mes morirán a manos de unos cuantos brutos en Coria, la de estas “salvedades” cuyo organismo es exactamente igual al de aquellos sí contemplados en las disposiciones legales, encanalla su Norma, envilece su honradez moral como gobernantes, menoscaba su dignidad como seres humanos y es la evidencia de que su preocupación por el bienestar de los animales es tan solo una farsa burda y abominable.

"¡Pero si el toro no sufre!", esa es la sandez repetida hasta la saciedad por los aficionados a esta escabechina. Según ellos, los dardos que lanzan con cerbatanas al animal y que se le van clavando por todo el cuerpo, partes blandas y ojos incluidos, ni los siente. El miedo por verse perseguido y el agotamiento físico tampoco los nota a su juicio. Al igual que el disparo que acaba con su vida en el instante en el que aprecian que ya no está en condiciones de ofrecerles más divertimento; cuando llega ese momento es porque el toro está tan herido y extenuado que carece de fuerzas para continuar, pero claro, todo eso lo experimenta sin dolor ni angustia. Creo que el argumento se califica a sí mismo con sólo decir que hasta hace pocos años, se le cortaban los testículos cuando todavía permanecía vivo porque formaba parte de la tradición, ahora se ha prohibido con gran descontento de los participantes, pero estos defensores de lo imposible afirmaban lo mismo entonces que ahora: “el toro no sufre”, y eso lo decían con el animal agonizando en el suelo desagrándose y con un eufórico cafre mostrando orgulloso los órganos genitales del astado en su mano.

Tal vez sean de interés turístico pero sin duda, también poseen interés patológico, pues tales demostraciones de goce con el sufrimiento y muerte de varios animales martirizados, son señales inequívocas de graves desarreglos mentales y de una peligrosa degeneración del concepto de ética. El sufrimiento de varios toros, su asesinato y el sadismo autorizado de muchos hombres, tienen ya una nueva fecha en Coria: del 23 al 29 de Junio. El día 21 se concentrarán allí activistas contra el maltrato animal llegados de toda España, para ofrecer una muestra de cordura y de sensibilidad frente a tanta mediocridad institucionalizada, además de para exigir su prohibición, y es que es incomprensible el que todavía no se considere un delito semejante ostentación de saña y de encarnizamiento. Y como siempre, seguro que tendrán un recuerdo para Vicky Moore, la inglesa que llegó a nuestro País como turista y que años después, tras luchar sin descanso contra el abundante maltrato animal que se encontró en esta Tierra, murió a consecuencia de las cornadas recibidas tiempo antes mientras obtenía un documento gráfico para denunciar la vergonzosa tradición del Toro de Coria.

Los organizadores y seguidores de este espectáculo se libraron entonces de una opositora muy dura, pero poco imaginaban que el número de Vickies crecería como lo ha hecho y que cada vez estarían más solos justificando su conducta ruin. Aunque ellos aseguren muy prepotentes que nada ni nadie les va a arrebatar su diversión. Porque los miserables de espíritu, los partidarios de la crueldad, los que practican el abuso sobre seres más débiles, utilizan a partes iguales la mentira y la chulería como sostenes de sus desafueros. Pero a nadie asombra tal comportamiento, porque en quien es capaz de atormentar a un animal, de acabar con su vida y encima de sentir placer con ello, su actitud fanfarrona y embustera no deja de ser casi anecdótica, en todo caso, mucho menos grave que su participación en un crimen legal.

www.pacma.es
www.liberaong.org
www.cacma.org

domingo 31 de mayo de 2009

Niños que ladran y hombres que matan... animales



La reciente aparición de una niña de cinco años en Rusia que aún viviendo con sus padres y abuelos había permanecido hasta ese instante sin salir jamás de su vivienda, rodeada de perros y de gatos, careciendo de apenas contacto con humanos y según indica la noticia: "criada por los animales" y atendida por ellos hasta tal punto, que su forma de comunicarse es a través de ladridos además de imitar a estas criaturas en sus movimientos, puede servir para reflexionar no sólo a qué extremos puede llegar la perversión o la ignorancia de algunas personas, sino también acerca de nuestro comportamiento con los animales cuando sucesos como éste, nos recuerdan que nosotros también lo somos.

Siempre que se denuncia el mal trato que éstos reciben por parte del ser humano se utiliza como argumento a favor del abuso y disfrazándolo de derecho la superioridad del hombre, su incontestable papel de único animal racional y que por lo tanto, se arroga el privilegio más que cuestionable de someter al resto, en nombre de una supremacía cuya interpretación degenerada le lleva a considerarse con bula para oprimir, explotar, torturar, matar e incluso perdonar – la clemencia es un sarcasmo cruel cuando no existe delito ni por lo tanto pena que condonar -. Esta niña cuya "socialización" se ha producido entre cánidos y felinos, ¿no es acáso una muestra de cuán equivocados estamos?, ¿no es el antropocentrismo actual una idea tan peligrosa y falsa como lo fue en el pasado el teocentrismo?, sin duda que lo es, principalmente cuando sirve de excusa para justificar desmanes y crímenes.


¿Qué hubiese ocurrido si la niña no hubiese sido rescatada?, con su forma antropomórfica pero su inteligencia animal, dominada por instintos irracionales, con conductas que denominamos salvajes y mucho más cercana a su familia de perros y gatos que a la humana, ¿nos correspondería también el derecho de clavarle banderillas, de alancearla, de despellejarla, de cebarla y sacrificarla, de experimentar con ella, de ponerle una inyección letal si nadie reclamaba su custodia o de encerrarla en una jaula para entretenimiento de visitantes?.



Perros que se juegan la vida por ayudar a un compañero atropellado en medio de una autopista, que aguardan durante más de una década a la puerta del hospital donde su dueño entró un día para morir o junto a la lápida de su amo fallecido, leones adultos en libertad que mucho tiempo después, reconocen al humano que los atendió de cachorros y se lanzan a él lamiéndole, loros que avisan porque un bebé se está asfixiando, perros que conviven con gatos, gatos que lo hacen con ratones, zorros jugando con cervatillos, delfines que salvan vidas, pájaros que no abandonan el cadáver de su pareja, conejos que adoptan palomas, chimpancés ejerciendo de madres de tigres y de leopardos... la lista es muy extensa, aunque no tanto como la de los crímenes del hombre cuyas víctimas son todos estos animales y muchos, muchos más, criaturas sin embargo capaces de mostrar sentimientos y conductas que equivocada o tal vez torticeramente, negamos en ellos y sólo reconocemos como posibles en nuestra especie.


En la Edad Media, esta niña rusa habría sido considerada con toda probabilidad un ser demoníaco y como tal encerrada o ejecutada, pues el ser humano suele deshacerse sin contemplaciones de todo aquello que no comprende o que le recuerda sus limitaciones y su mediocridad. Hoy en día, poseedores de los conocimientos suficientes como para explicar el porqué de sus reacciones y posiblemente con capacidad para "humanizarla", acabar con su vida sería considerado un asesinato intolerable. Y lo es. ¿Pero qué calificativo merece cometerlo con sus "iguales", porque de no haber sido encontrada, nada en ella, excepto su apariencia externa, le diferenciaría de los animales con los que convivía y junto a los que fue creciendo, los perros y gatos que ella asimiló como "parientes" y cuya conducta imitaba.

Ya no quemamos en la hoguera ni ahorcamos a las mujeres y a los hombres que son "diferentes", pero seguimos mordidos por el analfabetismo moral y por el oscurantismo, pues lo que hemos conseguido no es que desaparezca la crueldad ni los abusos, sino desplazarlos hacia otro tipo de seres vivos, y es que parece que el hombre necesita destruir para satisfacer sus más bajas pasiones, incapaz de dominarlas, las orienta hacia aquellos seres cuyo maltrato se ejerce con impunidad. Lo más repugnante de esta realidad es que tal licitud viene dictada por los que "trabajan por el bien y el progreso de la Sociedad".

Si además de todas las barbaridades todavía permitidas: corridas de toros, vivisección, peletería, granjas intensivas, circos con animales, etc., se derogase la prohibición de algunas ahora ilegales: peleas de perros, ahorcamiento de gatos, lanzamiento de cabras al vacío, etc., que nadie albergue la menor duda de que se empezarían a producir de forma más o menos abundante, pues no tenemos más que comprobar cómo es así en aquellos lugares en los que la ley todavía las autoriza. No es habitualmente por desgracia la cordura, la sensibilidad o la cultura quienes erradican la brutalidad del acerbo humano, sino el miedo a sus consecuencias penales y cuando éstas no existen, surge nuestro lado más salvaje y despiadado.

Tal hecho muestra como la maldad es una característica inherente al hombre y que sólo una norma estricta, adecuada y suficiente, puede poner fin a tantos espectáculos sangrientos y basados en el padecimiento extremo de animales. Porque es un crimen matar a una niña que sólo sabe ladrar, al igual que lo es asesinar a un toro que únicamente puede mugir, a un gato limitado a maullar o a un mono capaz exclusivamente de chillar, porque todos, todos ellos, pueden sufrir. Y es que el hombre, a diferencia de cualquier otro animal, es el único que puede combinar los verbos matar y disfrutar.

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martes 26 de mayo de 2009

De cobardías y silencios ante el maltrato animal

Cuando en España un grupo de enemigos de la democracia gestó y materializó el llamado “Alzamiento Nacional” dejando después y por intervención del azar – o acáso humana – su continuidad en manos de un acomplejado y vengativo criminal, el Pueblo puso nombre a su esperanza de recuperar la libertad: Europa. Sin embargo, los países vecinos, testigos pusilánimes de la inicua sublevación, firmaron el “Pacto de No Intervención”, con lo que se desmoronó cualquier atisbo de optimismo con las trágicas consecuencias que conocemos.


Hoy en día todos calificamos la actitud de esas naciones como necia – porque no supieron o no quisieron ver el peligro del fascismo del que a su vez serían víctimas poco tiempo después – y de cobarde. Bueno, todos excepto Pío Moa, algunos medios cuya filosofía la han tomado del que con su nombre rendía homenaje a la Fortificación Toledana y unos pocos más: los 11–Manipuladores, que continúan buscando apellidos vascos en Atocha, armas de destrucción masiva en Irak y razones para justificar el levantamiento que propició la Guerra Civil.


Pero para la mayoría está claro que el no intervenir ante una injusticia flagrante, con efectos sangrientos y cuyo alcance afecta a gran número de seres, es intolerable y merece una repulsa casi tan contundente como la que suscita el responsable de la violación de la que se trate. Si somos conscientes de que la solidaridad es una actitud necesaria y exigible – lo contrario sería una especie de “denegación de auxilio” de gran magnitud, un acto condenable – si sabemos que más allá de que el problema nos ataña o no directamente no es lícita la conducta del “oír, ver y callar”, ¿por qué no aplicamos este valor a todos los ámbitos?.

La adhesión de terceros a causas relacionadas con el padecimiento del hombre es escasa, pero cuando nos referimos al sufrimiento de animales, se diluye sin remedio en el egoísmo humano y se convierte casi en una quimera, en el grito desesperado de unas pocas voces, empeñadas en transformar en lamento humanizado el dolor inaudible de aquellos más cercanos a objetos en su consideración social y legal que a seres vivos con capacidad sensorial. Una empresa muy ardua cuando tal defensa se estrella una y otra vez contra la indiferencia general y los intereses particulares.

¿Es necesario llegar a que nuestros hijos o nietos se sientan avergonzados de nuestra incomprensible intimidación y apatía frente a la brutalidad constante, consentida e institucionalizada presente en esta Sociedad?. ¿No somos capaces de extraer las lecciones que la historia nos ha dejado al respecto: rebeliones militares, esclavitud, inferioridad de la mujer, racismo, etc.?. Es difícil de asumir, pero alguna especie de necedad cognitiva o de perversión moral, nos impide aplicar al “hoy” razonamientos que esgrimimos con total desenvoltura cuando nos referimos al pasado.

La información, a pesar del secretismo que a menudo rodea el inquietante mundo del maltrato animal, es abundante y reveladora acerca de lo que ocurre en todos sus ámbitos: tauromaquia, caza, peletería, experimentación, vivisección, circos, zoológicos, criaderos, abandono, peletería, granjas, espectáculos con animales, etc. El dolor tanto psíquico como físico padecido por estas criaturas es una realidad científicamente demostrada. Las tendencias violentas de los individuos que organizan, participan o posibilitan la pervivencia de este tipo de actividades o tradiciones es también un hecho patente, así como su no poco frecuente traslado a comportamientos agresivos con humanos. Por otra parte, en un proceso muy lento se va logrando que ya se vean con horror prácticas antes lícitas: peleas de perros, lanzamiento al vacío de cabras o decapitación de gansos, por ejemplo.

Con todas esas premisas, ¿cómo es posible que la conclusión no sea todavía un rechazo absoluto y casi unánime – siempre habrá quien anteponga su ambición o egocentrismo – al resto de situaciones tan inadmisibles como las que por fortuna ya forman parte de un ayer negro e ignominioso?. No reclamo piedad al bruto, generosidad al individualista ni tampoco la comprensión de los ganaderos de lidia, de los lanceros de Tordesillas, de los que negocian con la caza furtiva y los trofeos o de los que reciben dinero por hacerle ingerir una y otra vez el mismo producto corrosivo a un conejo, pero del resto, que son casi todos, ¿por qué se obtiene impasibilidad ante crímenes cometidos cada día a su alrededor?, y los políticos, ¿siguen en silencio ante tales barbaridades por ineptitud, por apocamiento, por ignorancia o acáso por no perder prebendas propias consintiendo las ajenas por más ruines que sean?.

Es necesario condenar la “no intervención” y cualquier postura tibia o despreciativa ante el abuso cometido sobre seres más débiles, indefensos o carentes de derechos plenos por culpa de códigos parciales redactados por el hombre; poco a poco se va cambiando la mentalidad en ese aspecto pero tan encomiable actitud solidaria, seguirá empapándose en sangre ajena mientras no incluyamos en objeto de nuestra defensa a los animales, eternas y olvidadas víctimas del maltrato, e instrumentos al servicio de atrocidades que en colmo del oscurantismo y de la crueldad, pretenden dar pábulo a la ciencia, al arte, al entretenimiento, a la cultura o a la educación.

Ciencia es el conocimiento racional por medio de la investigación, no los desmanes cometidos en su nombre; Arte es la expresión de ideas o de emociones, no puede calificarse como tal cuando pasa por provocar el sufrimiento extremo a un ser vivo; Entretenimiento es sinónimo de diversión, pierde esa consideración cuando algún elemento implicado en su desarrollo es objeto de padecimiento; la Cultura, como la entendemos hoy en día, no puede asimilar aspectos que sí eran válidos en las primitivas, la evolución del hombre es incompatible con tal degeneración; la Educación intenta transmitir conocimientos y valores, ¿es admisible que entre ellos incluyamos la tortura, el sadismo o el antropocentrismo?. Y Política es dirigir la acción del Estado en beneficio de la Sociedad, ¿contribuye a su enriquecimiento moral la tolerancia con la iniquidad y que nuestros hijos la entiendan como legítima?.

Así, al fin, el único término que nos quedará como herencia que dejar a los que vengan detrás en lo que al respeto a los animales se refiere es el siguiente: vergüenza, y una humillación espantosa por haber sido cómplices de tan abyectas conductas. Algún día nos arrepentiremos, pero el terrible daño que se le está causando a miles de animales mientras Ud. lee estas líneas, su muerte angustiosa y absurda en estos mismos instantes, será un hecho ya irreparable y tan irreversible como nuestra vileza moral por consentirlo.



domingo 24 de mayo de 2009

Cuando la cultura y el arte tienen forma de vísceras

Un caballo llamado Pata Negra corriendo por la Plaza de Las Ventas, pisándose sus tripas y arrastrándolas por la arena en sus dos huidas desesperadas: por una parte del toro al que logró esquivar demasiado tarde, cuando su vientre ya estaba abierto y el contenido del mismo desparramado; por la otra del dolor, pero ésta resultaba inútil, porque el padecimiento provocado por sus vísceras sanguinolentas cayendo desde su barriga hacia el suelo le acompañaba allí donde fuese, al igual que las cámaras que captaron tan dantescas escenas pero que posiblemente, se cuidarán muy mucho de emitir, no vaya a ser que esta vez las razones aducidas por los defensores de la tauromaquia no sean capaces de justificar tanta depravación humana.

Al parecer ocurrió cuando el rejoneador le iba a poner al toro el "rejón de castigo"... ¿castigo?, transcribo la definición del Diccionario de la R.A.E. para este término: "Pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta"; ¿cuál ha sido la acción punible perpetrada por el toro?, ¿nacer en un mundo en el que algunos hombres han decidido utilizarlo como víctima de sus perversiones sádicas?. Y como sabemos tras este tercio viene indefectiblemente el del "rejón de muerte", porque al parecer el astado siempre es encontrado culpable y por lo tanto, se le aplica la sanción máxima de este peculiar y miserable código que dicta el sometimiento del animal al hombre: la tortura y ejecución de la criatura irracional con un macabro colofón: su mutilación ya cadáver o todavía con vida, según la duración de la agonía del animal, para premiar la labor del verdugo y satisfacer la hematofilia de la afición.

En ciertos diarios que nutren sus páginas habitualmente con noticias que en tono solemne y pretencioso tratan de ensalzar esta tradición feroz nos cuentan que el jinete, Pablo Hermoso, lloraba por lo ocurrido pero que intentó sobreponerse continuando con lo que le había llevado a ese ruedo y por lo que cobra: hacerle al toro algo similar a lo que le había acontecido a su montura y que aparentemente provocó su congoja y sus lágrimas. Si esto no es hipocresía es inmoralidad, en cualquier caso su dolor es difícil de "vender" a quien no distingue entre el sufrimiento de un caballo o de un toro.

También nos explican que el público se sintió horrorizado. Pagan una entrada por ver cómo a un animal se le hunde en acero en su cuerpo una y otra vez, por contemplar su muerte lenta y angustiosa, pero les entran los "remilgos" y la piedad cuando el caballo escapa barriendo la arena con su "mondongo" - como lo denomina en un periódico taurino - para afirmar después que el hecho de que se lo pisara al incorporarse "fue un inconveniente añadido". Qué alguien me explique la credibilidad que merece el espanto ante la suerte del infortunado caballo viniendo de unos aficionados que se han reunido para ser testigos del martirio de varios toros.

Esto ocurrió ayer y esta mañana pude escuchar unas declaraciones del Presidente de Ganaderos de Lidia y de la Mesa del Toro, hablando en tono jactancioso de la hermosura de las dehesas gracias a la cría del toro y de los muchos puestos de trabajo que proporciona. Qué prisa se ha dado el Sr. Martín Peñato en barnizar de ecología y de solución al paro lo que sólo tiene un color: el rojo de la sangre y únicamente una interpretación: la crueldad es rentable porque se la subvencionan.

A Uds. no les importan las dehesas, ni los caballos, tampoco los toros, les preocupa su cuenta corriente, los dineros que reciben en forma de ayudas estatales, autonómicas o municipales por dedicarse a una actividad de por si ruinosa y cómo no, su posición social, porque en este País seguimos haciendo de algunas actividades repugnantes el escenario donde se dan cita los "grandes", los "poderosos", los "famosos" y un buen número de aduladores y de "estómagos agradecidos".

En este caso, en el de la tauromaquia, los palcos y gradas están al servicio de un "arte" brutal, de una "cultura" violenta y, en ocasiones, con la circunstancia agravante de querer dulcificarlo con el calificativo de "benéfico", como si la tortura de un ser vivo se convirtiese en virtud destinando el dinero que tal degradación genere a un fin humanitario.

La imagen de ese desdichado caballo con sus intestinos colgando y huyendo debería de ser suficiente para poner fin de forma inmediata a estos espectáculos, y no porque se trate de ese animal en concreto o por lo espeluznante de la estampa, que su angustia no es menor ni más turbadora que la de cualquiera de los toros que por miles padecen y mueren en nuestro País, sino también porque el tratamiento que se le ha dado desde los ambientes taurinos, demuestra que estamos dando carta de legalidad a un grupo de personas que además de violentas y sádicas, utilizan la hipocresía como arma frente a la razón.

sábado 23 de mayo de 2009

Dónde está la Ley de Protección Animal

¿Qué tal están de imaginación?, porque les quiero pedir que hagan en este momento un esfuerzo de figuración. Supongan que están inmovilizados por un par de individuos, que uno de ellos les practica con una cuchilla un profundo corte en la cabeza, después sujeta el borde del mismo en forma de esquina y empieza a tirar levantándolo, así hasta despegarles por completo el cuero cabelludo del cráneo dejando a la vista una superficie sanguinolenta. Es muy desagradable pensar en una situación semejante, ¿verdad?.

Pues eso es exactamente lo que le han hecho a un gato a comienzos de este mes en un Pueblo de Guadalajara y en su caso no era una ficción. Se lo encontraron con vida y completamente desollado de la mitad de su cuerpo hacia atrás, con las uñas ensangrentadas y en un estado de padecimiento físico que no es necesario describir para hacerse una idea. El animal tuvo que ser sacrificado para poner fin a su terrible sufrimiento. Tenemos por lo tanto que un gato ha pasado por una tortura indescriptible, por un dolor inimaginable y que al final ha muerto, ¿y todo por qué?, pues para que alguien se divirtiese un rato a su costa contemplando la indefensión y la angustia del animal.

Algunos dirán que constituye un caso aislado pero no es así, en nuestro País esos sucesos “esporádicos” merecen ya el desgarrador calificativo de habituales. Todas las semanas, por no decir que todos los días, nos enteramos de salvajadas similares, pero seguimos actuando como si fuesen trágicas anécdotas que por lo escasas ni hay que tener en cuenta; un razonamiento equivocado, equivocado y de consecuencias muy graves, a menudo mortales, para determinados seres cuya protección es un deber de los hombres.

¿Encontrarán a los responsables?, no, no lo harán. Si me equivocase y diesen con ellos, ¿serán condenados a alguna pena acorde con su crimen?, no, nunca ocurre tal cosa. Un juicio rápido, una multa irrisoria y esa misma noche a cenar en su casa con la familia, mientras cortan el pan con las mismas manos con las que martirizaron sádicamente a un gato unos días antes.

La consecuencia inevitable es que el acto se repita, porque esa perversión no es un impulso que llega un día y desaparece al siguiente, sino una degeneración de la conducta presente de forma permanente en ciertas personas; la actitud negligente que supone pasar tales hechos por alto es la que propicia la reincidencia más que probable del despiadado sujeto: ayer con un gato, mañana con un perro y pasado tal vez con un ser humano. Sobran los ejemplos que confirman esta progresión en la elección de las víctimas.

Estoy tan harto de la crueldad de algunos hombres como de la hipocresía y de falta de sensibilidad de nuestros gobernantes; la de los primeros me repugna, la de los segundos además me asusta por la responsabilidad de su cargo. El Partido en el poder prometió durante la campaña electoral una Ley de Protección Animal y mintió, escudando después su embuste en la supuesta competencia de las Comunidades Autónomas para esta materia. Pues muy bien, si no es una atribución estatal y sí autonómica me da lo mismo, que el procedimiento para cambiar o ampliar la Ley sigue siendo un instrumento a su alcance y cuando les conviene bien que lo utilizan.

Pero no, es mucho mejor seguir amparándose en cuestiones formales y que nada cambie, que se continúe pagando con unos pocos euros de sanción el sufrimiento causado a los animales para entretenimiento tortuoso de otros que se dicen racionales. Eso cuando no es el propio Estado el mecenas de la crueldad.

Ya vale Señores políticos de tanta abulia y de evasivas en este asunto. Una de dos, o a Uds. el maltrato a los animales les trae sin cuidado o temen que los cambios en la Ley puedan tener un alcance que no les conviene, como por ejemplo que Blanco, Aguirre o Borbón se encuentren sin saber qué hacer una tarde a partir de las cinco.


Su indiferencia es vergonzosa y su actitud una muestra de desprecio no ya a los animales, que también, sino a los ciudadanos corrientes, la mayoría, esos que no se lo pasan bien violando a una mastina, ahorcando un galgo, llenando de perdigonazos a un gato común o rompiéndole con el acero los pulmones a un toro. ¿Faltas leves, arte?, ¿qué aberrante vara de medir utilizan para clasificar determinadas acciones del hombre?.

Yo no dispongo de medios ni de atribuciones para dar con el que despellejó a ese infortunado gato y enviarle a la cárcel, pero sí me asiste el derecho de recriminar su contemporización con el maltrato a los animales y de exigirles un cambio inmediato en su política al respecto. A Uds., en cambio, obligados como están a prestar atención a las demandas de los ciudadanos, no les pertenece el privilegio de seguir callando y consintiendo, no a menos que reconozcan públicamente que no piensan mover un dedo a favor del respeto a los animales y de su protección, en ese caso su sinceridad nos permitirá saber a qué atenernos porque hasta ahora, no hacen más que practicar el juego de la confusión pero yo ya no me creo sus promesas - hace tiempo que no lo hago - y no quiero seguir esperando, mi credulidad o mi paciencia le cuesta la vida a muchos animales cada día. Además, no todos los padres saben cómo explicar a sus hijos que algunas acciones que el Estado consiente o alienta son en realidad un crimen. Siguen sembrando crueldad y pretenden cosechar votos en nombre del progreso y de la democracia. ¡Cuánta hipocresía!.

domingo 17 de mayo de 2009

Los animales y el medio ambiente en las Elecciones Europeas

Desde Europa nos han venido impuestas decisiones que, aún sujetas a interpretaciones, es difícil negar que en algunos casos han tenido también connotaciones negativas, como por ejemplo la implantación del euro, que habrá sido muy beneficioso para las transacciones de carácter internacional, pero al ciudadano corriente le ha hecho perder poder adquisitivo y ahora es más pobre con el mismo dinero en su bolsillo.

Sin embargo en otros aspectos, sobre todo en cuestiones de amparo social, parte de ellas han sido en cierta medida beneficiosas y aunque muchas veces tibias y sin duda insuficientes, al menos han contribuido a que el daño que pretenden paliar avance a un ritmo más lento.


Entre estas nos encontramos con las disposiciones orientadas a la protección de los animales, tan necesarias en un País como España, cuyo atraso en esta materia es tal, que constituye un peso muerto - como los toros al final de cada corrida - que nos imposibilita considerarnos por completo integrados en las sociedades plenamente avanzadas. Y es a este asunto al que deseo referirme con motivo de las inminentes elecciones al Parlamento Europeo del 7 de Junio.

No estoy dudando de la importancia fundamental de ámbitos como la educación, la economía, la sanidad o cualquier otro cuyo destinatario exclusivo sea aparentemente el hombre, y digo en apariencia porque no olvidemos que las consecuencias de las regulaciones en muchos de ellos también las sufren los animales no racionales y nuestro entorno.

Pero dejando muy claro que la gestión política se construye sobre diferentes pilares, hay que admitir que aquellos que no afectan directamente al ser humano son igualmente importantes, tanto por razones éticas como por el hecho de que vivimos en un ecosistema universal y no estamos solos en él. Del respeto y atenciones que le dispensemos dependen en gran medida nuestras propias condiciones de existencia, por más que no seamos a veces conscientes de esa vinculación.

A los grandes grupos políticos se les llena la boca de cuestiones como el paro, la crisis, la seguridad social o la vivienda y las urnas de votos de personas lógicamente preocupadas con esos temas pero, más allá de tan primordiales inquietudes, existe un gran número de realidades a las que también hay que prestarles atención, entre ellas están el maltrato a los animales y el deterioro progresivo del medio ambiente, dos eternos “farolillos rojos” en la agenda de los responsables de hacer política.

Si todos repartimos nuestras papeletas entre Partidos - y empleo el plural por aplicar la norma lingüística, aunque apenas se trate de dos - en cuya gestión jamás aparecen cuestiones como las corridas de toros, la vivisección, los circos con animales o las ridículas penas económicas ante quien martiriza a un perro o a un gato, estaremos circunscribiendo la supuesta capacidad que la democracia nos otorga para intervenir en los asuntos de estado a unos cuantos contenidos muy importantes, es cierto, pero ignorando por completo otros y por lo tanto, actuando de modo parcial y hasta negligente.

Este año se presenta a las elecciones europeas una Formación Política que lo viene haciendo de forma continuada en los últimos años en las generales y autonómicas de nuestro País: el PACMA (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal), un Grupo que a pesar de su tal vez poco acertado nombre por lo que puede aparentar de limitativo, no orienta su trabajo únicamente a la erradicación de las corridas de toros, sino a luchar contra cualquier tipo de maltrato a los animales, a garantizar su amparo legal y respeto, así como a la protección del medio ambiente abogando por un desarrollo que no destruya nuestro entorno.

La candidata que encabeza la lista del PACMA es Marta Jimeno, una Veterinaria especializada en producción animal, cuya trayectoria como profesional y como activista a favor de los derechos de los animales le convierte en la persona idónea para representar los intereses de estos en la Cámara Europea. Una y otra vez, los que son partidarios de que la legislación les permita seguir actuando impunemente en la tortura de animales, en su utilización en espectáculos degradantes y lesivos, en su muerte elevada a tradición o deporte y en seguir percibiendo los dividendos que a algunos procura su padecimiento, afirman que aquellos que abogan por su defensa son cuatro desarraigados, movidos por su ignorancia y ociosidad e incluso alertan del “peligro” que implica la permisividad con sus demandas. Es un intento patético y malicioso de poner a la Sociedad en su contra, es el egoísmo convertido en premisa y al servicio de su individualismo y codicia.

Cuando se trata de ponerse del lado de los más débiles lo fundamental no es la titulación universitaria, ni la posición social o la solvencia económica, sino la sensibilidad y la empatía con el sufrimiento y desvalimiento de unos seres que por si mismos no pueden protegerse de los desmanes del hombre. Pero aún así, lo cierto es que empezando por Marta Jimeno y siguiendo por el resto de candidatos, así como por todos los colaboradores y simpatizantes del PACMA, continuando por las numerosas personas que pertenecen a asociaciones animalistas, protectoras y grupos de defensa animal en este País, y acabando por multitud de particulares comprometidos con esta causa, nos encontramos que entre ellos hay desde diputados hasta personas en paro, desde veterinarios o catedráticos hasta mecánicos, empleados de banca o escritores, actores, comerciantes, obreros de la construcción y policías... Porque ser capaz de ponerse en la piel de los maltratados no es una cualidad que se compre ni se obtenga tras un examen, sino un valor que solo la afectividad, la generosidad y el conocimiento de la realidad pueden otorgar.

Los grandes grupos políticos no van a perder ni un ápice de poder representativo porque el PACMA se presente a estos comicios ni su lista supone un riesgo para el número de votos que logren, pero lo cierto es que su candidatura es una puerta abierta para la introducción del debate animalista y medioambiental en Europa, la oportunidad de convertir en voz legible los ladridos, maullidos, barritos, mugidos o simplemente, los silencios dolientes de las eternas e indefensas víctimas que causa la acción tantas veces depredadora del hombre en la Naturaleza y en aquellos que la conforman.

Y no es un imposible que esta Formación cuyo trabajo es tan necesario obtenga representación, lo hará si demostramos la cultura y preocupación social que en otros Países europeos ya ha quedado patente y valga como ejemplo Holanda, una nación en la que el Partido por los Animales, cuya ideología y programa político coinciden en gran medida con el del PACMA, ha conseguido ya una importante presencia efectiva a través de diputados, senadores y diferentes cargos electos. Superado el desconocimiento de los problemas y vencido el temor inicial a comprometerse en su solución, el avance en el camino que nos lleve a la protección de nuestro entorno es imparable, sin que ello suponga descuidar otras materias. Es un sumar esfuerzos y hacia esa actitud tenemos que tender, de otro modo excluimos aspectos cuya lamentable situación nos empobrece y envilece como hombres y como seres racionales, responsables del estado de un Planeta que es nuestro hogar y el de muchas criaturas más.


Grupos como este, tan denostados por algunos de los “grandes” porque ven en ellos el germen de una transformación social que no conviene ni favorece a sus intereses, son realmente una esperanza de alcanzar el progreso y bienestar como derechos para todos y no privilegio de unos pocos. Los intentos de “aplastarlos” son continuos, como ocurre con cualquier colectivo con inquietudes verdaderamente progresistas, pero a pesar de ello su crecimiento es imparable, porque el futuro no es una sociedad de clases, ni las injusticias o el abuso de poder, sino la tolerancia, la igualdad y la solidaridad como principios de actuación necesarios para terminar con cualquier tipo de sometimiento y hacernos más libres. Y eso incluye a todas las criaturas, lo contrario es un antropocentrismo incompatible con tal filosofía, ya que demasiadas veces las violaciones de los derechos vienen justificadas por la pretendida inferioridad de la víctima; eso es algo que ha pasado y sigue ocurriendo con seres humanos y con animales.



Es por lo tanto una buena noticia para todos la candidatura del PACMA. Perdón, para todos tal vez no, porque seguro que le molesta a unos cuantos: a los que disfrutan alanceando un toro en Tordesillas o viendo como José Tomás le atraviesa los pulmones a otro con su estoque, a los que crían animales para despellejarlos incluso con vida y vender su piel, a los que organizan peleas de perros y gallos, a los que ponen lazos, trampas, pagan grandes sumas por puestos de caza, practican el furtivismo, ahorcan a sus galgos o negocian con trofeos de linces o urogallos naturalizados, a los que matan gatos a pedradas o les arrancan la piel y cuelgan las fotos en internet, a los que roban a los perros de los albergues y los torturan hasta matarlos, a los que vierten lejía en las heridas provocadas a un beagle para “ver qué ocurre”, a los que contaminan y desertizan... a todos esos y a unos cuantos más, no les conviene que el Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal se presente a unas elecciones, pero al resto, que somos la inmensa mayoría, nos parece una oportunidad muy valiosa que no debemos de desperdiciar, porque la economía y la sanidad seguirán ocupando muchas horas tras los comicios, pero ya es hora de que el sufrimiento de los animales y la destrucción del medio ambiente, dispongan de unos minutos de atención y sean objeto de medidas que aseguren su protección.

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viernes 15 de mayo de 2009

La fobia del Sr. Selvaggi a los perros y a sus dueños

Ocupar un cargo de confianza de un alcalde no tiene nada de malo; coordinar los diferentes ámbitos funcionales de las áreas de cultura, juventud y deportes de un Ayuntamiento tampoco; ser editor junto con otras dos personas de una revista que se dice independiente y que incluso lleva ese término en su nombre, pero que está financiada con dinero público y que realmente es un panfleto de propaganda municipal, tal vez llame un poco más la atención pero entra dentro de lo habitual - iba a decir normal, sin embargo me cuesta emplear ese adjetivo -; que la persona a la que me refiero tenga una retribución anual de más de 30.000 euros en una Población que no alcanza los diez mil habitantes, resulta chocante pero usual. Que el Sr. Antonio Selvaggi, editor de la Revista Independiente de Palafolls y hombre de confianza del Alcalde de esa Localidad, escriba en la misma un artículo tan necio como venenoso, criticando a los defensores de los animales, satanizando a los perros y a sus dueños y hasta atreviéndose a sugerir que la solución es la muerte de los canes, es inadmisible y vergonzoso.


Este hombre tiene un problema, bueno, mejor dicho varios. Uno de ellos es con las heces, un asunto que a todos nos preocupa, empezando por los que tenemos perros y asumida la necesidad de recoger los excrementos de nuestros animales de la vía pública. Lo sorprendente es que a este señor le molesta que los canes defequen. Dice que ya no se les puede "señalar" con el dedo porque los amantes de los animales "se lanzan en feroces ataques". Pero, ¿qué pretende este obseso de las deposiciones: apuntar con el dedo acusador a dálmatas, chihuahuas y caniches e inculparlos por no utilizar el inodoro de sus hogares cuando les viene el retortijón?. Su aversión a la materia fecal tiene, sin embargo, ciertos tintes coprofágicos singulares, porque en su escrito manifiesta que "hay cagarros de todas las formas, colores, olores y tamaños". Destinar tantos miles de euros de las arcas municipales a un individuo para que realice exámenes cromáticos, odoríferos y geométricos de las deyecciones caninas me parece, con el mayor de los respetos, una mierda de inversión.

Poco a poco va entrando en calor en el articulo de su Revista y pasa del ano de los perros a su boca cual pulga saltarina. Entonces el asco se transforma en pavor y estos animales se le antojan seres malignos y sanguinarios salidos del averno y dispuestos a devorarle. El Sr. Selvaggi afirma que "mira de reojo los potentes y amenazadores incisivos de estas bestias". Yo no me lo quiero imaginar cual infortunado hijo de Saturno, caminando deprisa, con el rostro descompuesto por el terror y apuntando con un ojo hacia el oeste, para vigilar las temibles fauces de un yorkshire paseando con su dueña, y con el otro hacia el sur, inspeccionado las posibles cagarrutas en la acera. A este caballero o le subvenciona el Ayuntamiento un tratamiento para curarse de su cinofobia y escatofobia o se nos queda como Marty Feldman en cuatro días.

Y ya por fin, acude a un pensamiento que él mismo reconoce haber extraído de "la antigüedad", demostrando con semejante hecho que tan rancio coordinador se nos ha quedado anclado en la España de la Edad Media, con su repulsión a los perros y su propuesta de eliminación física de los mismos, porque asegura que "muerto el perro, muerta la rabia". Diga que sí D. Antonio, eso se llama gestión política razonada e inteligente: seis tiritos por aquí, ocho degollamientos por allá, un par de atropellos, cuatro pedradas en mitad de la testa, y Ud. termina con su pánico cerval a los perros. ¿De verdad Sr. Selvaggi es Ud. la mano derecha del Alcalde de Palafolls?, no me quiero ni imaginar cómo tiene que ser la izquierda.

Menos mal que al final de su escrito encuentra otra solución que implica menos sangre: crear guetos. Que conste que no me saco el término del bolsillo, Vd. mismo lo emplea y al hilo de esa idea manifiesta: "tal vez tendríamos bastante éxito". Podemos construir si le parece y el presupuesto municipal lo permite, una zona amurallada para los que tienen perros, otra para los dueños de gatos, ya puestos a los que padecen halitosis, a la gente con dentadura prominente – pesadilla del Sr. Selvaggi - y uno digamos para estancias cortas, que ocuparían aquellos con desarreglos intestinales pasajeros que les provocasen diarreas temporales.

A mí, con la sana intención de echarle una mano, se me ocurre que ya que es Vd. un peso pesado dentro del Ayuntamiento, debería de hablar con su mentor y convencerle - al igual que hizo en su día para que Palafolls no fuese declarada Ciudad Amiga de los Animales - de que se emita un edicto municipal en el que con carácter de urgencia, se imponga la obligatoriedad de que todas las mascotas de Palafolls tengan que ser Tamagochis - había pensado en Furbies, pero tienen pico e igual descubrimos que es también ornitofóbico - .

Sr. Selvaggi, no tengo la menor idea de cómo ha accedido Vd. a ser el hombre de confianza del Alcalde ni viene tal cuestión al caso, pero lo cierto es que los habitantes de Palafolls que tienen perro y que recogen sus excrementos, la mayoría sin duda, aquellos que aún sin tener animales los respetan, los que están en contra de que se le cause daño a estas criaturas y cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, tienen que sentirse bastante indignados de pensar que, un hombre que dice que las asociaciones de defensa de los animales son feroces y pendencieras, que califica de peligrosos y agresivos a todos los perros, que afirma sin rodeos que la mejor solución es matarlos, o que propone la idea de que todos aquellos que tengan canes residan en zonas habilitadas al efecto, en "pisos donde sólo pueda vivir gente con animales de compañía", ocupa un puesto de responsabilidad política y encima le están pagando un sueldo por vomitar tal sarta de necedades obsesivas.

Si Ud. no tuviese capacidad para influir en la labor de gobierno sus declaraciones me parecerían ridículas pero inofensivas, puesto que no serían más que desvaríos sin mayores consecuencias. Pero teniendo en cuenta su posición y sus atribuciones en el Ayuntamiento de Palafolls, la cuestión adquiere una gravedad que no permite pasarla por alto. Y como no tengo la menor duda de que Vd. no va a cambiar, ya que las personas que son así no lo hacen casi nunca porque son víctimas de su propia mediocridad y eso les convierte en soberbios - es la altivez que otorgan la ignorancia y la prepotencia - espero que sean los ciudadanos de esa Localidad los que expresen su rechazo al Regidor por tener plena confianza en las decisiones de un hombre que odia a los animales, a los que los protegen, a los que los poseen y posiblemente, a todo aquel que no piense como él. Ud. no debería de ocupar un cargo público, carece de sensibilidad, de juicio, de conocimientos, de talante democrático y le sobra hiel Sr. Selvaggi.

Hay ideas, algunas de ellas escritas incluso en Revistas, que habría que recoger como las heces, con guantes y depositarlas en un contenedor de desperdicios.

http://www.pacma.es/ (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal)

viernes 8 de mayo de 2009

La crueldad con animales y sus interpretaciones

La materia, orgánica o no, constituye por si misma una existencia objetiva, los sentimientos o deseos que despierta su contemplación son en cambio subjetivos. Así, ante una misma realidad, en las personas se producen reacciones diferentes y que a menudo son antagónicas.

Hay a quien la visión de un perro abandonado le causa tristeza, le hace pensar en lo siniestro del destino del animal y en que probablemente, el responsable de su soledad y de la fatalidad que le aguarda es el egoísmo o la maldad de algún hombre; para otros, su desvalimiento significa la oportunidad de satisfacer sus inclinaciones sádicas procurándole cualquier tipo de dolor y de divertirse a costa de su sufrimiento. Solidaridad frente a vileza.

Ver a un pájaro posado en una rama puede servir para pasar un rato ameno e instructivo observando su plumaje, siguiendo sus movimientos o escuchando su canto; habrá quien sin embargo, lo identifique de inmediato como una presa fácil para abatir de un disparo, se lo imaginará colgando ensangrentado de su zurrón y eso le llenará de satisfacción. Respeto frente a voracidad.

Para muchas personas la imagen de un toro es un motivo de entusiasmo, por lo hermoso e imponente de su estampa; pero no son pocos los que únicamente lo conciben como un ser destinado a saciar su deseo de matar impunemente a un animal de gran envergadura, bien sea a lanzazos, quemado, golpeado por tractores o en la tortura institucionalizada por excelencia: la corrida de toros. Admiración frente a desprecio e impiedad.

Los hay a los que un zorro les estimula su percepción de la belleza y quienes lo imaginan convertido en un abrigo de pieles. Un elefante o un tigre pueden suscitar fascinación en algunos, otros esperan ver subido a uno encima de una pelota o saltando al otro a través de un aro de fuego en la pista de un circo, para regresar ambos a las cadenas y a la jaula una vez concluido el espectáculo. Sensocentrismo frente a especismo.

Hay muchos ejemplos más y no todos conciernen a animales irracionales; así algunos, la gran mayoría, están convencidos de que la mujer merece la misma consideración que un hombre y para unos pocos es un ser inferior, de su propiedad, que piensan que pueden manejar y hasta maltratar a su antojo. Pocos dudan que a toda persona se le debe idéntico respeto sea cual sea su raza, sin embargo queda todavía quien cree inferiores a los que pertenecen a determinadas etnias. Casi todos ven en los niños entes vulnerables a los que hay que proteger, pero algunos los entienden como las víctimas apetecibles de sus depravaciones sexuales. Derechos universales frente a sexismo, racismo o violación y abuso.

Pero volviendo a los animales "inferiores", porque de los casos en los que el ser humano está involucrado ya se preocupa la justicia, al menos sobre el papel. No ocurre tal cuando aquellos que, llevando a la realidad la degeneración de sus instintos, su acción supone el padecimiento y la muerte de una criatura irracional, pues en un gran número de casos, dichas actitudes cuentan con la indiferencia de los responsables de preservar el bienestar de todos los seres vivos o lo que es peor, con su beneplácito y colaboración, siendo esta ruindad legal una tara indigna de un sistema que se pretende democrático.

Que en toda sociedad existen personas dañinas es un hecho conocido y asumido; la brutalidad, la crueldad, el uso de la violencia con los más débiles o la saña, son patologías y conductas criminales estudiadas, demostradas, tipificadas y afrontadas con menor o mayor éxito por la medicina y por la ley, pues es una labor exigible en los garantes de la protección de todos los ciudadanos. Y cuando digo patologías o crímenes, me refiero también a los que incomprensiblemente, se siguen ocultando bajo denominaciones que tratan de clasificarlos como cuestiones lúdicas, culturales, educativas o socialmente rentables. El salvajismo no pierde su carga de iniquidad porque su autor se vista con traje de luces, disponga de una licencia de caza o incluso ostente un cargo mayestático. Y podrán llamar tradición a la tortura, pero no por no nombrarlo dejará de ser aplicable el calificativo de sangrienta si su puesta en escena implica martirizar a un animal.

El problema surge cuando los comportamientos indicados y otros similares, son identificados o no como tales, en función de la víctima escogida por aquellos cuya empatía con el dolor ajeno, se ha degradado hasta tal punto, que disfrutan provocando sufrimiento o siendo testigo de la agonía de un ser vivo. Despellejar hombres, cortarles sus testículos y clavarlos en la punta de una lanza, descabellarlos, hacerles ingerir ácidos, abrirles un boquete en el pecho con un cartucho u obligarles a realizar números circenses a golpe de látigo, son cuestiones que a casi todos horrorizan y que las autoridades declaran como delito, castigando de forma inmediata a quien las cometa. Si en vez de a una persona, ponemos como protagonista de todo lo anterior a un animal, de pronto se transforma en deporte, tradición, entretenimiento, ciencia o industria textil. ¿Es posible tal mezquindad moral?. Pues sí, todavía lo es.

A nadie que atase al cuerpo de un hombre unas teas ardiendo y después le persiguiese hasta que éste, cubierto de quemaduras, se derrumbase por no poder continuar con su huida desesperada, pegándole un tiro en ese instante al no darle más juego para su entretenimiento, se le ocurriría justificar su acción diciendo: "a quien no le guste que no participe, pero que nos dejen en paz con nuestra tradición", pues esa es la defensa esgrimida una y otra vez por los que llevan a cabo barbaridades semejantes con toros o con cualquier otro animal, que variedades del encarnizamiento humano con estas criaturas hay suficientes para ahogarse en la vergüenza e indignidad de nuestros actos.

Esta denigrante interpretación parcial y cargada de subjetividad de hechos que sólo pueden responder, debido a su naturaleza, a una valoración objetiva - ¿no lleva acáso la justicia sus ojos tapados con una venda simbolizando su equidad? – con independencia de que el perjudicado tenga dni, microchip o la marca al fuego de una ganadería, es una herida abierta en esta sociedad cuya sangre, brotando constantemente, nos empapa a todos y a todos nos convierte en responsables, por más que no seamos autores materiales, porque sí nos transformamos sin duda en cómplices necesarios si no luchamos sin descanso por terminar con tan ignominiosa situación.

Pero no todo es desesperanza, y así como hay algunos a los que la pertenencia a un grupo político les sirve para medrar y alimentar sus ambiciones, otros pretenden utilizarla como plataforma para defender a los más débiles y no en beneficio propio, sino dedicados a los que carecen de cualquier tipo de apoyo institucional y no disponen de más amparo que el de la voluntad de algunos hombres. Por eso es tan importante el compromiso político en este asunto, porque permite emplear armas legales contra las que no caben las críticas tópicas y vocingleras de los "salvatradiciones", esos que intentan identificar la defensa de los derechos de los más desprotegidos con terrorismo social o con demandas de ignorantes.

Y trabajar por erradicar el maltrato a los animales no significa en modo alguno despreocupación por el ser humano, como algunos energúmenos oportunistas afirman tratando de confundir y de guarecer sus intereses pancistas, al contrario, es contribuir a su progreso y bienestar, porque así como el respeto a los derechos ajenos no empieza y acaba en el hombre, la responsabilidad por las acciones infamantes que perpetra dañando a las criaturas de su entorno, sí es patrimonio exclusivo suyo.

http://www.pacma.es/