Hay algunos que emulando al Doctor Frankenstein pasan buena parte de sus días intentando resucitar cadáveres. Lo más estrambótico del asunto es que su interés poco tiene que ver con el deseo de otorgar vida, se corresponde más bien con un enfermizo culto a la muerte; no a una muerte natural y exenta de padecimientos en lo posible para el que la sufre, sino provocada, tortuosa y por lo mismo, apetecida para terceros, pues si de la agonía propia siempre se huye, los hay que disfrutan con la ajena y en el colmo del extravío moral, llegan incluso a presentarla como una necesidad irrenunciable, beneficiosa y enaltecedora para el ser humano. Estoy hablando de la tauromaquia, una tradición con consecuencias letales que languidece mientras unos cuantos tratan desesperadamente de hacerla resurgir, por más que sus constantes vitales sólo las mantengan ya terapias basadas en inyecciones continuas y millonarias de dinero público. Como Víctor Frankenstein, pero éstos conocedores del monstruo que alientan y con la asistencia indispensable de las administraciones.
Así, en una nueva tentativa por lograr tan innoble objetivo (y el adjetivo, si no es apropiado se debe a que se queda corto o a que es demasiado benigno, porque teniendo en cuenta lo que estos individuos le hacen a los toros, se me ocurren calificativos mucho más apropiados), en Andalucía se han reunido Peñas y Tertulias Taurinas con la pretensión de crear la Federación Cultural Taurina Andaluza (observen que el término "cultura" lo introducen con calzador una y otra vez, que viene a ser algo así como asociar los sustantivos "amor" y "violación"), porque según ellos, tales colectivos "son un motor fundamental para mantener viva la Fiesta de los Toros". Llevan años estos siniestros personajes tirando del desfibrilador mediático para salvar a un paciente que se les muere, que por otra parte es lo más conveniente que puede hacer, ya que su existencia implica la tortura y el asesinato de miles de seres inocentes.
¿Y qué mejor para convencer de las bondades de su brutal afición, que asegurar que es muy recomendable para los niños y fomentar la participación de éstos en su desarrollo?. En una Sociedad en la que al menos sobre el papel, se dice proteger a la infancia de cualquier agresión física o moral, lograr que una actividad se considere adecuada para los más pequeños es dotarla de legitimidad ante la conciencia colectiva, puesto que si no daña sus mentes es porque nada tiene de nociva. Y así, con ese halo de inocencia y con esa pátina de pedagogía, quieren estos taurinos vestir la indecencia con una mortaja de colores, cual traje de gala, para hacerla atractiva a los padres y encandilar a los hijos; sin embargo, por muy festiva que sea su apariencia es sólo eso, un sudario dudosamente seductor que envuelve violencia, abuso y crueldad.
Entre las perversas ideas surgidas en este conciliábulo de adeptos a las hemorragias de toro están las de: "ofertas de entradas en los institutos, clases de toreo a críos y permitir la entrada de los más pequeños a las plazas de forma gratuita". Se están pasando por el forro de su egoísmo y de su sadismo artículos de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, pues dónde queda para esta gente el que "deban de ser protegidos contra prácticas que fomenten cualquier discriminación (la de los animales en este caso), o que hayan de ser educados en la paz (la lidia incita a la agresión), en la tolerancia (nada más intolerante que negar el derecho a la vida) y consagrando sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes (o cuando menos, al respeto a quienes cohabitan con nosotros en el Planeta)".
Estos sujetos, obsesionados como están en que se siga considerando el suplicio y la ejecución de animales como expresión de un valor fundamental para el desarrollo artístico e intelectual del hombre, así como para reafirmar la validez de tradiciones según ellos inamovibles, hacen sus pretensiones merecedoras de una condena social - ya que la legal por el momento no se les puede aplicar - por la bajeza y el desprecio que demuestran queriendo parapetar lo que sólo se puede clasificar como crimen autorizado, tras la conmovedora e inofensiva estampa de multitud de cuerpos infantiles, como testigos de la ruindad de sus mayores y bebiendo por sus ojos, la sangre derramada de quienes cometieron la fatal equivocación de no nacer personas; todo ello sin que debido a su inmadurez, sean capaces de reflexionar sobre las razones y las consecuencias de tanta brutalidad, y recibiendo estímulos asi de malsanos cuando la imitación de conductas, forma todavía parte fundamental de su proceso de aprendizaje y socialización.
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¿Cómo es posible realizar tal exaltación de actitudes salvajemente primitivas?, ¿cómo tienen la desfachatez de valerse de los niños como instrumento destinado a colaborar en la perpetuación de la tortura a otros animales?, ¿cómo se atreven a bordear la ley por el margen del cinismo y de la sevicia, pisando de lleno en los pozos negros de una legislación anacrónica y profundamente injusta?, ¿cómo... se puede defender la tauromaquia?.
Han echado mano de taurinos famosos, como si la popularidad fuese garantía de ejemplaridad en la conducta; han buscado el apoyo de ciertos políticos con una taurofilia sospechosamente obsesiva; incluso se han valido de donaciones a ONGs, previo llamamiento masivo a los medios de comunicación, para escarbar en el corazón de los ciudadanos, una suerte de inversión con dinero manchado en sangre; y ahora, en un último esfuerzo rozan la degeneración y convierten la perversión consentida de menores en estrategia al servicio de sus intereses, estableciendo un callejón directo desde los centros de enseñanza hasta los ruedos y en algunos casos, utilizando la gratuidad del espectáculo como aliciente para que los niños se familiaricen con la tortura de animales y asegurarse la continuidad de tan deficitario negocio.
Cómo me recuerdan, promotores de la Fiesta, a los que reparten droga en las puertas de los colegios. La diferencia es que convertir a los jóvenes en yonquis de la crueldad con toros, es todavía un acto impune.
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viernes 4 de diciembre de 2009
Resucitando la Tauromaquia
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martes 1 de diciembre de 2009
En el maltrato animal, el silencio mata
Cómo me gustaría estarme calladito y dejar de escribir sobre la utilización de animales por parte de los hombres, acerca de su maltrato y en la mayor parte de los casos, de su muerte como corolario a su explotación con fines utilitaristas (en los que la utilidad es siempre para el ser humano y los daños indefectiblemente para el animal irracional), de su uso con intenciones deportivas, lúdicas o educativas (todo eso atendiendo a una perversión de dichos adjetivos), o lo que coincidiendo en efectos resulta todavía más pérfido en motivos: el padecimiento infligido como manifestación sádica de ciertos instintos que albergan y son incapaces de contener algunos hombres.
Sin embargo no olvidemos que éste último caso, por más estremecedor que resulte, es una secuela inevitable de nuestra conciencia de propietarios de estas criaturas y del trato que en consecuencia les dispensamos. Pensemos que en el fondo, poca diferencia existe entre actos como la lidia de un toro, el desollado de un zorro para confeccionar un abrigo o un rececho de venados, y matar a un perro a pedradas o quemar vivo a un gato. Los separa la legalidad, pero tal disparidad de criterios a la hora de calificar formalmente cualquiera de esas acciones, se sustenta realmente en la degeneración a conveniencia de la moralidad aplicada del hombre en función de los beneficios que pueda obtener. Introducir frutas por el ano de una mastina no origina réditos de ningún tipo, pero mantener como lícito el engorde artificial del hígado de una oca administrándole por la boca alimento a la fuerza, preserva una industria rentable para unos cuantos. Así, lo primero es una infracción y lo segundo, gastronomía de alto nivel, existiendo realmente grandes similitudes entre ambos casos.
Taurinos, cazadores, partidarios de circos con animales o usuarios de prendas de visón, a menudo me incitan a que deje de darle a las teclas y que no pierda más el tiempo, según ellos, en seguir escribiendo. Fundamentan sus "consejos" en varios razonamientos: que no digo más que estupideces y mentiras, que nadie me hace caso, que es inútil que me esfuerce porque esto no va a cambiar, y que soy un caradura que pretende vivir de subvenciones y sin dar un palo al agua. Lo curioso es que no pueden hacerse una idea todos estos “admiradores”, de hasta qué punto sus observaciones me animan a abrir un Nuevo Documento de Word para seguir expresando la sensación de repulsa que me produce tanta crueldad impune.
Yo les comprendo cuando me conminan al silencio y entiendo que para ellos, resulta muy molesto que en la Sociedad vaya tomando forma y fuerza un movimiento en contra de sus actitudes explotadoras y violentas, pero el problema que se encuentran es que con nosotros, los hombres, no pueden servirse de la misma superioridad fisiológica que ampara y legitima su exención de responsabilidades en el sufrimiento que infligen al resto de animales.
Me explico: un toro, un jabalí, un gato o un mono, pueden, cada uno en función de sus limitaciones biológicas, expresar en mayor o menor medida miedo, enfado o dolor, pero lo que es indiscutible, es que ninguno de ellos será capaz acercarse a una comisaría a presentar una denuncia, ni escribir al Defensor del Pueblo o enviar una Carta al Director de algún Diario para manifestar su parecer acerca del papel de eternas víctimas que le ha tocado en este reparto de funciones decidido por el ser humano. Su limitación física es precisamente lo que les impide rebelarse contra la condena que se les ha impuesto a lo largo de la Historia y la razón principal de que su penoso destino haya variado tan poco.
Pero he aquí que aparecen en escena unos cuantos hombres, cada vez más, y empiezan a convertirse en la voz de los que sólo pueden ladrar, maullar o gruñir. Resulta que esas garras prensiles o esas uñas válidas para escarbar pero inútiles para sostener un bolígrafo, son sustituidas por manos humanas susceptibles de argumentar a favor de los derechos de aquellos a los que por conveniencia de una sola especie se les vienen negando, y mira por dónde, que cuerpos inválidos para trepar, correr o saltar como lo harían otros animales, si están en disposición de congregarse para expresar su rechazo a tanto abuso y exigir el fin de los atropellos que los animales racionales ejercen sobre seres con sus defensas mermadas o anuladas.
Es en este instante cuando esta gente nos manda callar. A nosotros no se nos puede apuntar con una escopeta, apretar el gatillo y después colgar nuestra cabeza en un salón; tampoco están autorizados a clavarnos una espada y atravesarnos los pulmones mientras la afición grita “Oleee Maestro”; ni se les permite por medio de castigos físicos obligarnos a saltar a través de un aro ardiendo. Y claro, ahí vienen los problemas, pues cuando los sometidos disponen de quien divulgue, denuncie y censure la situación de absoluto desamparo en la que se encuentran sumidos, comienzan los nerviosos movimientos de sus verdugos, temerosos de que la publicidad de sus actos y el revulsivo que para la conciencia de los ciudadanos implica llenar de luz el oscurantismo que rodea los excesos del hombre con otros animales, traiga como consecuencia un repudio generalizado y que los políticos legislen tomando en consideración dichas demandas.
Pero de momento siguen relativamente tranquilos, porque saben de la cicatera empatía de esta Sociedad con los males ajenos, en la que unos cuantos, pocos, están hartos de la superioridad violenta sobre el resto de especies que el hombre se ha otorgado como privilegio, otros tantos son la viva muestra de ese antropocentrismo tan dañino y los demás, esto es, casi todos, nada dicen y su indiferencia o cobardía se traducen en consentimiento implícito y por lo tanto, vienen a dotar de legitimidad moral a las nocivas prácticas de los segundos. A todo esto, los políticos echando cuentas y sumando los votos que pueden obtener de cada una de las opciones. Sus cálculos concluyen en lo conveniente de no hacer nada, porque legislar a favor de los derechos de los animales es asegurarse el voto de sus defensores, perder el de sus maltratadores y crear un clima de protesta como ocurre con todo cambio importante, que puede menoscabar su imagen de estabilidad ante el grueso de los ciudadanos. Y dejar que todo permanezca igual es quedarse sin el apoyo de los animalistas y seguir obteniendo el que les venga correspondiendo del resto, de unos porque pueden continuar con sus diversiones, costumbres o negocios, sangrientos pero cubiertos por la ley, y de los demás porque en el fondo, por ignorancia o egoísmo, el sufrimiento de esas criaturas es para ellos una cuestión más o menos desagradable, pero demasiado insignificante como para merecer su compromiso o la menor "pérdida" de tiempo.
Acabo igual que comencé, asegurando que me gustaría estar muy calladito por un simple motivo: que no tuviese razones para escribir sobre el maltrato de animales. Pero lamentablemente ese deseo es de momento sólo eso, un sueño, acáso cada vez más cercano pero inalcanzable todavía. Por lo tanto voy a seguir haciéndolo mientras sea testigo de un solo caso de injusticia o de explotación hacia estas criaturas y sobre todo, en tanto en cuanto me exijan silencio los que empuñan el cuchillo, el estoque, el látigo o la escopeta, porque de sus insultos nace buena parte de mi certeza de que voy por el buen camino.
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jueves 26 de noviembre de 2009
Los enfados escatológicos de una destacada taurina
Obsérvese la exquisitez y la finura de la dama en sus declaraciones, que tuvieron lugar durante un programa taurino en La COPE: “No vamos a consentir que unos políticos de mierda vengan a estropearnos la fiesta…”. La frase, merecedora para su autora de un sillón en la R.A.E. (supongo que el de la “M”) - ¿y por qué no, acáso no le otorgan la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes a los toreros?, pues esto es igual de esperpéntico - fue pronunciada por Rosa Gil, Presidenta de la Plataforma para la Defensa y Promoción de la Fiesta. Ocurrió en Agosto, pero ahora que ha llegado a mí y teniendo en cuenta lo actual del debate taurino, no me resisto a ignorarlo.
No me asombran, es cierto que me producen náuseas pero no me sorprenden sus palabras, y es que ya que sé que no puedo pedirle respeto en el lenguaje a quien empieza por no tenérselo al derecho de los toros a no ser torturados ni asesinados, ni más ni menos que el que a buen seguro reclama para si esta delicada mujer, solo que ella exige tanto que no se vulneren sus libertades fundamentales, como que se acate su agresión hacia las de terceros, y eso es cometer un abuso y caer en la inmoralidad. Como las víctimas son toros esta disquisición ética ella ni se la plantea, pero tiene que comprender que ese es el origen no sólo de la tauromaquia, sino también de todas las formas de maltrato a los animales: la superioridad con bula que como sus afines, la Señora Gil se otorga sobre otras especies, incluyendo por lo que veo a ciertos seres humanos, según se deduce de sus calificativos hacia determinados políticos que defienden a los mismos que la distinguida Presidenta sentencia.
Y todo esto teniendo en cuenta que la afamada restauradora habrá hecho méritos para ocupar la Presidencia de la Asociación Taurófila, no quiero ni pensar que hubiese ocurrido de haber invitado al programa al último mindundi de la misma. Aunque tal vez, éste se habría mostrado un poco más comedido y correcto, pues supongo que en este tipo de colectivos, se le considera más capaz y eminente al que muestra mayor violencia verbal, no en vano sus ídolos se bañan en sangre ajena y mutilan en señal de triunfo los cadáveres de aquellos a los que acaban de matar, exhibiendo orgullosos los miembros amputados. Todo muy digno y acorde con la elegancia de esta buena mujer.
A personas como la Señora Gil habría que ofrecerles un homenaje por parte del movimiento animalista, pues cada vez que abren la boca hunden un poquito más la tauromaquia y de paso, ilustran a los ciudadanos sobre su catadura moral. No es que espere sensibilidad y diplomacia de estos apasionados de las hemorragias y estertores de los toros, no llego a tal punto de inocencia, pero ya que son portadores habituales de la mentira y del cinismo, deberían de amarrar un poquito mejor su verdadero yo y entrenarse con más ahínco, para así no echar por tierra en un instante sus consabidas menciones a la cultura, al arte y a la belleza.
Gracias dulce Señora, espero que la mierda de ciudadanos que han apoyado con sus firmas la ILP y la mierda de políticos que van a refrendarla con su voto, tengan la deferencia una vez aprobada de regalarle a Usted un micrófono de oro, porque ha sumado razones para que salga adelante con su “deposición radiofónica”. Bueno, un micrófono y un rollo de papel higiénico, y es que digo yo que tendrá que limpiarse la mano después de dársela a los políticos que visitan Casa Leopoldo. Es Usted una crack Doña Rosa Gil y sin duda, el Mundo de la Tauromaquia se la merece. A Usted y al Señor Juan Manuel de Prada con su universo católico taurino, pero esa es otra historia.
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domingo 22 de noviembre de 2009
Jesulín, una existencia consagrada a la muerte ajena
Pero estos peculiares letrados del torero cazador (es que el hombre no se priva de nada) no son contratados por él, ni tampoco nombrados de oficio, prestan sus servicios de forma altruista; no visten toga, sino que se lanzan a esas prendas de catálogo y camuflaje que tanto excitan la testosterona de los Rambos de domingo (a muchos los entierran el lunes por culpa de "accidentes"); y no sujetan en su mano el Código Penal, pues la tienen ocupada con un arma de fuego. Son, cómo no, cazadores, defendiendo por corporativismo a un personaje con pasiones compartidas y de paso, justificándose a si mismos.
Lo que sigue, copiado de uno de sus foros, es un ejemplo de su postura ante este este asunto: “aún en el supuesto de que este tio caze con huron con permiso, la tele, dirigida por pseudoecologistas, anti-toros, caza, boxeo, etc,etc hace enseguida carnaza del tema... Por tanto creo que jesulin no nos hace daño a los cazadores pero es la escusa para que 4 ignorantes nos pongan a parir a todos .¡¡No caer en el engaño!!! “ (texto transcrito literalmente). Por favor, quédense con esta frase: “Jesulín no nos hace daño a los cazadores...”. Para reflexionar, ¿no es así?, a “ellos” no les causa perjuicio, pues entonces al resto... que les den.
Las afirmaciones anteriores resumen de modo muy gráfico y preciso la mentalidad de la mayoría de los escopeteros, unos individuos obsesionados con satisfacer la faceta de su personalidad que encuentra gusto en matar, sin preocuparles por lo tanto lo más mínimo las consecuencias (fatales) de sus actos para terceros. El único factor que valoran es si, individualmente o como colectivo, se ven ellos perjudicados de algún modo, algo nada sorprendente en quien empuña un rifle y lo utiliza situándose siempre por el lado de la culata, y es que para tener el cuajo de exterminar vidas por pasatiempo hay que estar sobrado de egoísmo y carente de escrúpulos.
La Justicia dictaminará si Jesulín es legalmente culpable de emplear técnicas de caza prohibidas; moralmente por cierto que lo es, no por la licitud o no de sus actos, sino por hechos consumados de los que es responsable y que consisten básicamente en entretenerse acabando con la existencia de otros. En divertirse y en hacer fortuna de idéntico modo, lo que demuestra que es una persona incapaz de sentir piedad por el sufrimiento de unos seres a los que considera inferiores, y asume que están ahí sólo para satisfacer sus despiadados instintos y engordar su billetera.
Este sujeto aparece en reportajes con esa sonrisa de bonachón mil veces ensayada mientras acaricia con ternura a sus caballos. Quiere trasladarnos la imagen de hombre sensible, en paz consigo mismo y con la naturaleza, pródigo en atenciones y cariño a otras criaturas. Pero después contemplamos atónitos el salón de su casa transformado en un macabro museo, y esa siniestra y estremecedora colección de trofeos de la que tan orgulloso está, todas esas cabezas decapitadas, robadas a sus auténticos dueños con el único fin de servir de adorno, son las que con su silencio eterno nos están gritando lo que realmente esconde el corazón de ese hombre: un placer acáso enfermizo por matar y por exhibir a sus víctimas. En ese instante, sabemos que su gesto afable es realmente un rictus perverso que lo mismo le sirve para posar ante las cámaras, que para reventar a un venado o atravesar a un toro. Todo en él, es una inmunda mascarada y no sólo es un ser destructivo, sino que se recrea y se enorgullece de su infame conducta.
Estos cazadores que ya están defendiendo al matador, haya transgredido o no la ley, me gustaría ver con qué cara son ahora capaces de repetir su discurso de siempre, el de presentarse como los mayores ecologistas y conservacionistas - ¿la protección de especies pasa por colgar su craneo rebanado en las paredes? - el de que ellos quieren y respetan a los animales más que nadie. Pocos se dejarán engañar por tanta y tan mal disimulada hipocresía y aún esos, lo harán por indiferencia o interés y no porque se crean sus embustes, pues dudo que ni el más avezado cazador sienta realmente amor por aquel al que apunta, dispara y mata, que líbrenos el destino de amantes cuyo beso es letal, sea la víctima un zorro, un corzo o una novia que les dejó.
Para buena parte de los ciudadanos, estos hechos sumados a la proliferación del furtivismo, a la de heridos y fallecidos por culpa de la actividad cinegética, a la de perros maltratados y asesinados por cazadores, al tráfico de trofeos y a las competiciones deportivas en las que se mata por ganar, o sea, por matar, son muy ilustrativos y les permiten conocer las razones últimas de tales depredadores federados y con licencia de armas cuando sitúan a un animal en su mira, aprietan el gatillo, le introducen uno o varios proyectiles en el cuerpo y a menudo, acaban por rematarlo a mano valiéndose de un cuchillo, en otras ocasiones el animal huye malherido y experimenta una prolongada agonía hasta que muere desangrado. Lo hacen porque se lo pasan bien así y todo lo demás, es literatura digna de Carlo Collodi.
Jesulín es sólo un nombre más en la inmensa lista de anónimos y conocidos que torturan y matan animales, unas veces bajo el amparo de la ley y otras, saltándosela con menor o mayor disimulo. Pero el límite para determinar cuando algo es crimen o no, siendo el resultado idéntico en ambos casos, no debería de estar en una norma escrita concebida como la actual, sino en la naturaleza del acto, pues de lo contrario se cae en el agravio comparativo y en la justificación circunstancial de la violencia, además de marcar el camino por el que habrán de internarse los verdaderos abogados – y torpes no serán si se pagan con sueldo de torero - con el propósito de que su representado salga absuelto de cualquier imputación, como es fácil que ocurra con este peligroso zote venido a más en la dudosa escala de valores social por un camino plagado de vísceras, tanto reales como mediáticas, un Señor tan adinerado y presuntuoso como egocéntrico y nocivo. Pero sea cual sea el veredicto, su historial de cadáveres, no se lo quita nadie.
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jueves 19 de noviembre de 2009
La úlcera de un político por la abolición de la tauromaquia
A veces imagino – que es tanto como decir que en ocasiones sueño – que todos los seres perversos (condición exclusiva del hombre) sufrirán una especie de conversión “a lo San Pablo” porque un día, al despertarse, sentirán agitarse sus entrañas al tiempo que tomarán conciencia de todo el daño que con su conducta hayan originado, o tal vez, porque el destino les devuelva con creces el dolor causado por su proceder tan indigno. Es sólo eso… mi mente transitando por la utopía, seguramente que en sentido contrario a la razón.
Malvado es aquel que perpetra maldades o contribuye a ellas de forma libre y consciente, como cínico es quien las maquilla para disimular su verdadera naturaleza y justificar de ese modo sus acciones, tratando de hacer pasar lo negro por blanco, lo ruin por admirable y el crimen por arte. ¿Un ejemplo?: defender la conveniencia de las corridas de toros aún a pesar del repudio mayoritario que las mismas suscitan en los ciudadanos, consideración importante pero tampoco decisiva y que no modificaría el asunto en su esencia de no tenerse en cuenta, pues la calidad de miserable o de abyecto de un acto la determinan en primer lugar las consecuencias para la víctima, por encima siempre de la opinión de unos testigos inmunes en cualquier caso a la perfidia cometida.
Y por ilustrar con nombres propios el ejemplo citado se me ocurren dos: la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) catalana encaminada a la prohibición de la tauromaquia y el Señor David Pérez, Portavoz del PSC y miembro de la Asociación Taurina Parlamentaria, un diputado que parece haber escrito con tinta de oro y grana en todas las páginas de su agenda política: “Toros SÍ”. A este hombre la ILP acáso le haya provocado una suerte de úlcera en su taurofilia visceral, y así se levanta cada día dando capotazos a una realidad abolicionista que apenas soporta, como le ha pasado en múltiples facetas a otros tantos a lo largo de la historia, seres anclados por propia conveniencia en la tiranía basada en la supremacía que otorga el poder y que de haber logrado sus propósitos, hoy estaríamos todavía un poco más sumidos en la sociedad salvaje, agreste y cavernaria que durante siglos, significó el sometimiento y sufrimiento para infinidad de animales humanos y no humanos, lacra de la que aún estamos lejos de librarnos.
El Señor Pérez, con su acostumbrada estrategia, saltará del tremendismo a la emotividad y así, en un alarde de maquiavelismo, tan pronto afirmará que Cataluña, cuando dice NO a las corridas, realmente no está rechazando el maltrato absurdo y cruel de animales, sino que pretende fomentar el famoso: “España se rompe” ( así de rebuscado, y uno se pregunta si las Islas Canarias, o todos los municipios no catalanes donde ya no se celebran las infamantes faenas, también han decidido la abolición de la tauromaquia en un afán de trocear la unidad nacional, que ya me dirá Usted, Señor mío, que diantres tiene qué ver eso con la negativa a que el padecimiento atroz de animales sea una práctica institucionalizada y subvencionada), como tirará a lo Médici por el camino del mecenazgo cultural, asegurando que cada centímetro de acero hundido en el cuerpo del toro es una pincelada, su sangre acuarela, su dolor éxtasis, sus vómitos sanguinolentos poesía y su muerte, el instante cumbre de una representación grandiosa, emocionante, trascendental educativa e imprescindible. Probablemente también hará mención a la “libertad individual”, pero no dirá nada acerca de la degeneración de ese concepto cuando tal derecho, pasa por la más grave vulneración del mismo en otro ser, arrebatándole la vida por comercio y placer.
Pues nada Don David, invierta Usted su tiempo en hacer de adalid de la tortura legal si ese es su deseo y siga vendiendo el titular de que van a frenar la ILP con un “trabajo serio y riguroso”, a pesar de saber que su fracaso está garantizado, porque a aquellos que disfrutan viendo como sufre un desdichado toro y sobre todo, a los que se lucran de tan pérfido negocio no necesita convencerlos, que ya lo han hecho el egoísmo y la codicia inmisericorde por Usted, pero al resto, los que prefieren salir al aire libre y dejar de respirar la atmósfera viciada, cargada de un hedor de muerte, que rodea a quienes escogen habitar entre la violencia, el abuso, la crueldad y el exterminio, a esos, no podrá engañarlos con la farsa argumental, tan endeble y manida, que esgrime el lobby taurino, del que Usted ha decidido erigirse en valedor.
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viernes 13 de noviembre de 2009
La regia diversión de abatir venados
Me alegro Don Juan Carlos – tendrá que disculparme pero no me sale el Tratamiento de Majestad, pues no identifico la Grandeza inherente a dicho Título y su calidad de aplicárselo a quien infunde admiración y respeto, con aquel que muestra la bajeza de matar por solaz – me satisface decía que al parecer, vaya a recuperar Usted el Record Nacional de Venado, ya que en un País en el que dicha modalidad de caza la practican un buen número de aduladores y de cortesanos, no es muy probable que alguno de ellos se atreva a un nuevo rececho con la intención de arrebatarle la dudosa reputación que dicho Trofeo le confiere, pues en razón de su cargo no son pocas las prebendas sobrevenidas y el resto, se las otorga la cohorte de tiralevitas que le encumbra.
Ha sido un ganadero el que le invitó a una de las numerosas fincas de su propiedad, ya que en ella había criado el mejor ejemplar de ciervo con el deseo de que Usted lo abatiera y que de ese modo, retornase a sus regias manos el mismo galardón que durante muchos años poseyó el Caudillo. No me asombra en este hombre, dedicado al negocio de producir reses para que sean ejecutadas en una plaza, su convicción en que le asiste el derecho a decidir sobre la vida y la muerte de otros seres. Pero en Usted a estas alturas tampoco, porque dispone de un nutrido historial en este sentido y así, entre oso o venado y corridas de toros, frecuenta ese camino donde el padecimiento de unos se transforma en privilegio de otros, lo único que varía es que utilice su arma o aplauda el uso de ellas por parte de terceros, pero el rechazo que el acto me inspira es el mismo Señor.
No voy a negar que existen críticas a su conducta, sin embargo son bastante aisladas y muy poco ácidas, como suele ocurrir en España cuando de mentar a la Corona se trata, sea por la afición cinegética o taurina de algunos de sus miembros, por el gasto que implica mantener a la Casa Real o yendo más allá, al analizar si tiene razón de ser su existencia. Pero en los “34 Años de Monarquía” al igual que en los “39 Años de Paz”, la censura sigue engrasada y afilada y entonces como ahora, unos inclinan levemente la cabeza y otras acompañan dicho movimiento de una ligera genuflexión, pero Usted, con esa sonrisa “campechana”, sabe que cada plus real aleja de su corte el fantasma de Luis XVI y afianza sus regalías.
Todos hemos oído la poco creíble afirmación de que al Generalísimo le colocaban los salmones en el anzuelo; a otros, acáso con menor asomo de leyenda, les ponen a los venados o a los osos embriagados en el centro de su mira telescópica. Pero eso es lo de menos Sr. Borbón, porque tal actitud iría más en detrimento de los halagadores que le rodean que en el suyo, lo triste es que Usted convierta el sufrimiento y la muerte de esas criaturas en una diversión palaciega, y remarco lo de palaciega porque encima le sale gratis, que ya nos encargamos los ciudadanos de cubrir los gastos de sus cacerías.
No encuentro la menor justificación a la figura de un Rey y por añadidura, a la de una Reina, Príncipe, Princesas e Infantas, además de para la ristra de títulos nobiliarios ganados en la misma y peculiar oposición que le hizo valedor de la Diadema Soberana, ese concurso en el que el único aspirante al puesto era Usted, vamos, lo que se dice en paridad de condiciones con el resto de los españolitos. Pero si la imposición de la Monarquía, tan incuestionable como intransferible a otros apellidos y que por lo tanto, se me antoja bastante ajena al concepto de democracia, me parece una carga prescindible, el que su representante principal fomente desde mi punto de vista, tanto por activa como por pasiva la crueldad legal con animales - utilizo el concepto de lícita por no entrar a valorar la inducción al alcoholismo en un plantígrado sentenciado - me lleva a considerarla también como nociva, puesto que su comportamiento es por una parte ejemplo para muchos y por otra, argumento perverso en manos de quienes comparten con Usted tan dañinos pasatiempos.
Espero que de adjudicárselo, disfrute Usted de su recuperado trofeo venatorio, hágalo mientras pueda, porque si algún día La Zarzuela pasa a compartir capítulo en la Historia con Versalles – sin episodios cruentos, por supuesto - no tenga la menor duda que vendrá quien se lo arrebatará y en ese instante, ya no habrá ganaderos taurinos que le sirvan en bandeja la cabeza del venado más hermoso, pues serán otros los candidatos a ser obsequiados en la lista de "Grandes de España", una vez que el "Favor Real", por desaparecido, haya dejado de ser el objetivo de algunos que siembran animales y cosechan prestigiosas y productivas relaciones.
Hace algún tiempo, Usted definió la lucha contra el cambio climático como uno de los principales desafíos internacionales. Sus desvelos ecologistas me sorprenden Don Juan Carlos, pues no sé si es que no se repasa previamente los guiones que le escriben o tal vez, tiene una idea deformada de ese concepto, pero le recuerdo que el significado de dicho término es “defensa de la Naturaleza” y que ésta, comprende entre otros aspectos a los seres que habitan el Planeta. Así que su afán por preservarla, a mi modo de ver, no es muy compatible con el inquietante placer que le proporciona la eliminación por razones lúdicas de estas criaturas. ¿Hipocresía, egoísmo, oportunismo?, la verdad, no lo sé, al igual que desconozco el motivo de las dispensas y de la inmunidad que el destino le ha concedido y el Pueblo ha acatado. La Corona, para mí, es una fuente inagotable de estupor y desasosiego.
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martes 10 de noviembre de 2009
El Circo Ringling Bros en España, diversión y maltrato en la pista
Niños, Damas, Caballeros... Pasen y vean uno de los mayores espectáculos del mundo, pues llega a nuestro País el Circo Ringling Bros con su carga de música, de luz y de color, con su tropel de acróbatas, de trapecistas, de malabaristas y de payasos y, cómo no, con sus animales de diferentes y exóticas especies, enjaulados, fustigados, sometidos y asustados para demostrar al respetable cómo es posible lograr por medio de un exhaustivo entrenamiento basado principalmente en el castigo físico y psicológico, que estas criaturas muestren comportamientos atípicos y ejerciten números impensables en estado de libertad y reñidos con su naturaleza, fisiología e instintos.
Compren sus entradas y contribuyan a esta cruel explotación. Servirán para pagar los impuestos solicitados por los Ayuntamientos en los que tendrán lugar las representaciones, los mismos ingresos que condicionan a determinados responsables municipales para permitir la presencia de este Circo a pesar de las denuncias presentadas contra el mismo por su miserable trato a los animales.
Su dinero también valdrá para pagar los salarios de los seres humanos que trabajan y participan en él, algo muy lógico y respetable teniendo en cuenta que todos ellos, prestan sus servicios en el Circo de forma voluntaria y que constituye su medio de vida. Pero a los elefantes, a los leones, a los tigres o a los lobos marinos, entre otros, no hace falta destinarles un sueldo, son irracionales y no lo necesitan, es más, no es ni tan siquiera obligado pedirles consentimiento para capturarlos, retenerlos y obligarles a actuar, ¿para qué si no son personas?, no merecen por lo tanto la menor consideración y su cuidado, ha de ser el justo para que sobrevivan y puedan trabajar - a menudo enfermos o dañados, pero mientras el público no lo descubra no es algo relevante - pues lo contrario supondría pérdidas económicas indeseables.
La ONG Infocircos se ha puesto en contacto con los Ayuntamientos de diversas ciudades españolas en la que el Circo Ringling tiene previsto ofrecer funciones: Sevilla, Málaga, Valencia, Madrid y Zaragoza, informándoles acerca del rosario de denuncias y de irregularidades de esta Compañía en lo que a maltrato de animales se refiere, y que van desde graves lesiones y heridas por falta de cuidado en su manejo, hasta casos de tuberculosis por una higiene y alimentación inadecuada, pasando por efectuar disparos contra ellos, utilización de garfios, encadenamientos, muertes no notificadas ni investigadas, fallecimientos por mala ventilación y deshidratación, etc. Existen informes y grabaciones que dan fe de los abusos que se cometen con los animales en este Circo.
Pero claro, las autoridades municipales de esas poblaciones, no se han molestado ni en responder a la petición realizada por Infocircos, es más cómodo y lucrativo abrir la bolsa para echar en ella los cánones que estas empresas han de satisfacer, que ajustarse a las Leyes de Protección Animal vigentes, según las cuales: “se prohibe el empleo de animales en circos o actividades semejantes si con ello se les causa dolor o sufrimiento o son obligados a realizar comportamientos antinaturales”. ¿Para qué meterse en camisa de once varas si como siempre, sólo son animales y ninguno de ellos se va a presentar en comisaría para interponer una denuncia por malos tratos, ni tampoco va a acudir a un medio de comunicación para relatar a la sociedad lo que están pasando dentro de ese infierno llamado Ringling Bros?.
Pero en el fondo, da exactamente igual el nombre del Circo e incluso, que a los animales se les golpee, se les someta a descargas eléctricas, permanezcan horas amarrados a cadenas, se les prive de agua, de alimento, de la temperatura adecuada o se les fuerce en sus números hasta tal punto, que muchos de ellos tengan que ser sacrificados por las quemaduras o por las fracturas, no en un asomo de piedad, claro que no, sino por evitar una boca no productiva y también por no invertir en gastos veterinarios, ya que resulta más económico adquirir un animal nuevo que mantener en tratamiento e inoperativo a otro. Además, para eso está montado el inmenso negocio de tráfico de seres vivos, para nutrir de materia prima a estos centros de tortura, de explotación y de exterminio. Y da igual todo eso, decía, porque su utilización ya constituye de por si una forma de maltrato intolerable, mas allá de que después, venga aderezada con conductas más o menos aberrantes.
Existen Circos, afortunadamente cada día más, que se niegan a ofrecer espectáculos con animales, al igual que aumenta el número de Ciudades que prohiben su instalación si emplean a estas criaturas para sus números. Pero con todo, el avance es muy lento y noticias como la llegada del Ringling Bros a España, y la permisividad con sus prácticas demostradas por los políticos locales a pesar de estar advertidos de todo lo que arrastra esta Compañía en su siniestro historial, nos sumergen en la desesperanza, en la rabia y el asco que produce comprobar como por dinero, el respeto a seres vivos pasa a ser una cuestión de último orden y el hombre, a cambio de unas monedas, se convierte sin el menor reparo en tirano y verdugo de otras especies.
Pero no sólo son los responsables locales los cómplices con toda esta basura moral, también los padres que más por sus hijos que por ellos mismos, adquieren localidades para seguir alimentado esta industria basada en el sufrimiento. Desde Ringling Bros, han tenido la desvergüenza y el cinismo de afirmar que desean que en España sea permitida su presencia; “porque eso contribuye a la conservación de las especies a través de la educación...”. Y eso lo aseguran desde un Circo juzgado en Estados Unidos bajo la acusación de maltrato a los elefantes y que desde hace varios años, viene siendo citado por el Departamento de Agricultura de ese País para declarar por el incumplimiento de los estándares federales en el cuidado de animales, en cuestiones tales como la falta de atención básica a elefantes y grandes felinos para evitar lesiones graves, por cebras y camellos expuestos a daños físicos, transporte inadecuado, condiciones de habitabilidad y alimentación insalubres, falta de atención veterinaria, irregularidades en los registros, uso de medicamentos caducados, etc. .
Lo primero que debe de aprender todo ser humano es que es necesario respetar a los demás, que nadie puede erigirse en dueño de otro y mucho menos, disponer a su antojo de la existencia de terceros, decidiendo cuándo se les da de comer o cuándo no, obligándoles a hacer aquello que no desean o que les causa padecimiento, negándoles la asistencia por los daños provocados precisamente por ese sometimiento y ejecutándolos cuando le parece conveniente, normalmente por falta de rentabilidad.
¿Qué van a aprender los niños del comportamiento contra natura de unos animales a los que sólo el miedo al castigo les impulsa a actuar de ese modo?, Aunque tal vez me estoy equivocando al plantear esta pregunta esperando una respuesta de carácter positivo, ya que lo cierto, es que ese espectáculo transmite unas enseñanzas convertidas a día de hoy en máxima sagrada: que el dinero y la obtención de beneficios están por encima de cualquier consideración ética, que es lícito establecer jerarquías absolutistas de poder para así, justificar la explotación y la violación de los derechos fundamentales de los que están más abajo y sobre todo, en el caso que nos ocupa, imbuir en la mente de los niños la idea de que el hombre es el amo y señor del universo a su alcance, lo que incluye no sólo a los animales no racionales con los que convive en el Planeta, sino también a otros hombres que en razón de su raza o su carencia de medios, se encuentran en una situación de indefensión respecto a los que toman las decisiones y ostentan el poder, o sea, a los propietarios de los recursos.
Los padres saldrán del Circo muy satisfechos porque habrán regalado a sus hijos unas horas de alegría y de entretenimiento, y los críos, lo harán un poco más domesticados para el día de mañana, no tener ningún remilgo en contribuir al sufrimiento y a la muerte de animales “inferiores” en las muchas y variadas facetas de maltrato que en nuestra Sociedad siguen vigentes y ampliamente aceptadas. Por cierto, que este tipo de espectáculos circenses, son los dignos herederos de aquellos en los que se mantenía “encarcelados” de por vida a hombres y mujeres que debido a sus peculiaridades físicas, por malformaciones o anomalías notables y llamativas, constituían un número más dentro de la función. Vaya por último mi reconocimiento y admiración a Compañías que como El Circo del Sol entre otras, demuestran el valor, la dignidad, la sensibilidad y el grado de civilización necesarios como para negarse a utilizar animales en sus espectáculos. Ese es el futuro, pero ciertos responsables políticos parece no querer enterarse y siguen embarrados en la mediocridad y el egoísmo de su salvaje especismo.
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jueves 5 de noviembre de 2009
El especismo que mata burras y envilece hombres
Los muchachos, un año más, decidieron que ese era un buen modo de celebrar su condición de “quintos”. Sí, han leído bien, de llamados por reemplazo a realizar el servicio militar. Aquí es cuando alguno se pregunta: “Pero, ¿ no ha desaparecido la mili obligatoria?". Pues sí, lo ha hecho, pero lo que permanece es la estupidez humana, que unida a la ignorancia en forma de incapacidad para analizar las consecuencias hacia terceros de nuestras conductas y para sentir empatía por el padecer ajeno, deriva en estas acciones que bien podrían estar localizadas y fechadas en el rural español más profundo de la posguerra, sin embargo han ocurrido en Octubre de 2009 en una Población con conexión a internet.
El Presidente de la Junta de Extremadura ha dicho que no se deben de cargar las tintas contra los responsables, y los padres, que parecen muy abatidos, pero no por el daño irreversible que sus hijos le han infligido a ese desdichado animal, sino porque probablemente tengan que tirar de billetera para indemnizar al dueño, ruegan que se retire la denuncia interpuesta contra ellos.
Políticos comprensivos con los chavales, progenitores dispuestos a pasar por alto lo que sus vástagos han hecho... todo muy enternecedor y solidario, pero, ¿quién piensa en el miedo y en el dolor experimentado por la burrita?. Claro, se me olvidaba que es sólo un animal irracional, y encima condenado por esas mentiras que el hombre convierte en credo, al estigma de su presunta y falsa carencia de luces. Habrá que pensar entonces que la burra transformada en balón de reglamento, la burra violada y reventada internamente con una barra de madera, no merece la menor consideración para algunos que en cambio, guardan toda su compasión para los presuntos autores del crimen. Esto es antropocentrismo en su estado más puro, el antropocentrismo de los verdaderos burros, atendiendo a la acepción popular y muy poco afortunada de la expresión.
La indecente fosa en la que tendremos que arrojar el cuerpo lacerado de esta burrita está repleta de restos, muchos de ellos tan recientes que su sangre apenas se habrá coagulado. Entre los cadáveres más frescos, nos encontraremos con el de un perro con las cuencas de sus ojos vacías y muerto a pedradas, o el de otro con numerosos cortes y rastros de tremendas hemorragias, el de un gato al que despellejaron vivo, el de un can al que tiraron al Río Miño atado a una piedra... Algunos se asomaron al borde de ese agujero y sólo la "suerte" impidió que cayesen al mismo, como el gatito al que unos niños le rompieron la columna pero logró sobrevivir. En definitiva, que la maldad del hombre no conoce límite y precisamente por eso, no se lo podemos poner tampoco de momento al número de criaturas que aplastadas, quemadas, desolladas, ahorcadas, ahogadas o envenenadas, acabarán pagando con su vida el precio de su indefensión por ser irracionales.
El suceso de la burra ha hecho estremecerse a los defensores de los derechos de los animales, que aún acostumbrados a los episodios más macabros que se puedan imaginar, no dejan de asombrarse al comprobar hasta qué punto el sadismo humano puede envilecerse cada vez más y elige como víctima a aquellos cuya seguridad jurídica es prácticamente nula, y eso ocurre porque el maltratador suele ser un individuo extremadamente cobarde. Pocas personas implicadas en el movimiento animalista ignoran lo que ha pasado en Torreorgaz a manos de un grupo de chavales, pero, ¿podemos decir lo mismo del resto de los ciudadanos?.
Los medios de comunicación buscan sobre todo grandes titulares y dos de los condicionantes para considerarlos como tales, son la exclusividad y la novedad de la noticia. Hoy en día, la crueldad con los animales ya no es algo sorprendente y en ese sentido, ha perdido una característica imprescindible para que decidan hacerse eco de ella, al menos de forma destacada, las televisiones o los diarios. La gente se acaba aburriendo de hechos repetitivos y los responsables de los soportes informativos son conscientes de ello, al igual que tampoco hoy se preocupan por contarnos algo que siendo bueno o malo, en su momento constituyó un hecho de gran alcance pero que ya se ha convertido en algo común, como un trasplante de corazón con éxito o incluso cuestiones mucho más recientes, como la de un nuevo muerto por la Gripe A, reseña ésta que va perdiendo espacio y difusión según pasan las semanas.
Con los crímenes cometidos contra animales está pasando algo similar, que son tantos que ya dejan de interesar porque no llaman la atención. Si no son mediáticos no llegan a los ciudadanos, y si éstos, por cansancio o por desconocimiento no expresan su rechazo y su preocupación por los mismos, desaparece la presión sobre los responsables de establecer la legislación que les afecta, así como en aquellos encargados de aplicarla y de dictaminar las condenas por su transgresión; el resultado es que el asunto deja de ser prioritario, lo que normalmente le lleva a ser excluido de las acciones pendientes de estudio.
Esto, por supuesto que no lo van a admitir los políticos, que en todo momento nos hablarán de su gran inquietud por tales asuntos, dirán que figuran en sus agendas y tratarán de transmitirnos su profunda sensibilidad al respecto. Mentiras, eso es lo que son en la mayor parte de los casos, argumentos falsos que sólo pretenden evitar cualquier tipo de agitación social. Por eso mismo, me repugna oírles decir que van a comenzar a debatir cambios en la Ley de Protección Animal, pero ya avisan de antemano de lo prolongado del proceso y piden que entre tanto, cesen los ataques contra ellos por esta razón.
Ustedes, animales racionales metidos a políticos, en vez de asumir errores y carencias, lo que procuran es enmascarar su negligencia y despreocupación, y para ello se escudan tanto en la reglamentación respecto a plazos, como en el empleo de advertencias que no dejan de ser amenazas veladas. Pero esas estrategias no sirven cuando hay muertos de por medio. En otros aspectos las demoras no tienen mayor importancia; un torero, por ejemplo, podría esperar muchos años hasta que se aprobase su concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes sin graves consecuencias, de hecho, lo deseable sería que aguardase por ella toda su vida; pero cuando estamos hablando de crímenes y de víctimas, el único adverbio de tiempo admisible es "ahora", porque esperar es seguir llenando la fosa de la que hablaba y de eso, aunque no rocíen de gasolina al animal y le prendan fuego directamente, se están encargando Ustedes.
Ustedes y la indiferencia de los ciudadanos, que si bien en su mayoría no son seres embrutecidos y condenan estas acciones, tampoco causan en ellos el estupor y repulsa que merecerían. Otra cosa sería, claro, que el agredido fuese una persona. Si nos cuentan que un joven ha sido atacado por una docena de personas, que le han pateado y le han metido un palo por el ano hasta acabar con su vida, todo el País se estremecería con la noticia y los políticos intervendrían en el debate inmediatamente. Pero es sólo una burra, y no se puede decir lo mismo del especismo que nos aqueja que de la brutalidad, si ésta es escasa, el otro es inherente al hombre; esta distinción que hacemos del sufrimiento ajeno en función de la especie de la víctima, es la que permite que un mismo acto y de idénticas consecuencias, produzca horror o pase desapercibido según la naturaleza del muerto. Y no es justo, ni justo ni habla en beneficio del ser humano. De demostrarse su autoría, los causantes del sufrimiento y de la muerte de la burrita, deberían de ser condenados a una pena de privación de libertad con cumplimiento efectivo de la misma. No ha sido una travesura inocente, sino un crimen repugnante y repetido.
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viernes 30 de octubre de 2009
La incontinencia taurina del Sr. Sánchez Dragó
La otra noche estuve viendo en la televisión un debate entre partidarios y detractores de la tauromaquia, suscitado con motivo de la próxima votación para la Iniciativa Legislativa Popular presentada en la Cámara Catalana, cuya aprobación supondrá la eliminación de las corridas de toros en esa Comunidad, y estableciendo un precedente que sin duda, habrá de trasladarse poco a poco al resto del País, intención ésta que es la que mueve el espíritu de este movimiento contra la crueldad con animales.
El participante como defensor de la lidia era el Sr. Sánchez Dragó, valedor de causas e ideologías rancias pero siempre vestido con la camisa del progresismo y de la modernidad, y pletórico de vehemencia en sus intervenciones pues este Caballero, lejos de dialogar, sienta cátedra cada vez que habla y lo hace mezclando apresuradamente fechas, acontecimientos, citas literarias y ataques furibundos con tono jactancioso contra su interlocutor, en una especie de andanada del absurdo que busca aturdir y acogotar más que convencer, además de impresionar a los oyentes al estilo del "Usted no sabe con quién está hablando", pues falto de razones dignas trata de disimular su carencia de argumentos, al menos en este tema, sepultando con su incontinencia verbal, como si la palabrería fuese un sustituto de la coherencia.
Pero no es así, a quien plantea las cuestiones desde la cordura y la ética, le sirven pocas frases para expresarse ya que no necesita de la confusión como aliado; tal vez por eso y ante la pregunta de si consideraba o no tortura lo que se le hace al toro en la plaza, evadió la respuesta en diferentes ocasiones con la excusa de que esa era una disputa estéril. Es una técnica bastante burda la de soslayar la verdad indiscutible en la que se basa todo este asunto: que el animal es maltratado hasta la muerte y que algo así, es inconcebible que siga siendo legal y subvencionado, pero hay que reconocer que tampoco tenía más opciones el Sr. Dragó, o rehusaba contestar o habría de acudir al absurdo y a la mentira si quería defender su postura.Y así le ocurrió, que el hombre entró en una especie de éxtasis dialéctico y perdió la noción de la realidad, de tanto escucharse a si mismo se le olvidó que estaba en un plató de televisión y ahí vino el desastre, pues dijo algo digno de figurar en la antología del disparate o en las páginas de El Cossío, panfleto al que por cierto se refirió en repetidas ocasiones.
El Sr. Sánchez Dragó, sin que se le empañasen las gafas por el rubor, afirmó con toda su cachaza que: “el toro, cuando se le introduce la pica y se le escarba con ella, al clavarle las banderillas y en el momento de ensartarle con el estoque, no sólo no sufre, ¡qué va!, sino que incluso - sujétense el estómago – genera hormonas de placer”. Ignoramos si cuando los pulmones se le encharcan y se ahoga en su propia sangre, momento en el que se producen los estertores y los vómitos sanguinolentos que todos hemos podido ver, el animal disfruta como si estuviese degustando una copa de Vega Sicilia. Habrá que preguntárselo a D. Fernando, todo un compendio de cultura de la fisiología animal al servicio del cinismo, de la desfachatez y de los intereses taurinos.
La verdad es que yo, como contrario a que los animales padezcan cualquier tipo de maltrato, agradezco la comparecencia de este individuo y espero verlo batirse públicamente en más ocasiones a favor de la tauromaquia, porque está tan pagado de si mismo que no piensa lo que dice, simplemente adoctrina y como todos aquellos que están endiosados, su vanidad es también su perdición, pues sandeces como la de que el toro es feliz sintiéndose atravesado por el acero, hacen mucho más por la toma de conciencia de los ciudadanos ante esta tragedia y por su erradicación, que cualquier exposición de un defensor del respeto a los animales.
Sr. Dragó, si no fuese porque detrás de todo esto están la tortura y la muerte de seres vivos inocentes, la otra noche gracias a sus declaraciones me hubiese reído de buena gana, que conste que a punto estuve de hacerlo cuando le oí asegurar que “nadie amaba más que Usted a los animales”. Lástima que las arcadas que me vinieron se adelantasen a las carcajadas.
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jueves 29 de octubre de 2009
El Toro Júbilo de Medinaceli, otra tradición sádica

No se trata de saber dónde, cuándo y por qué nació la sobrecogedora tradición del Toro Júbilo, lo imprescindible e inmediato es averiguar cómo es posible que siga vigente a día de hoy, en una era en la que el hombre se jacta de haber superado cualquier vestigio de salvajismo. Al menos eso es lo que se deduce escuchando las declaraciones de los líderes del “Primer Mundo”, ese al que dicen que pertenecemos los españoles, lástima que realidades como esta lo desmientan una y otra vez.
El 14 de Noviembre, en Medinaceli (Soria), inmovilizarán con violencia a un toro y embolarán sus cuernos con dos conglomerados de material inflamable a los que les prenderán fuego, después soltarán al astado por las calles para divertirse acosándolo, mientras el animal, aterrado, tratará inútilmente de librarse de esas bolas incandescentes sobre su testa y de las brasas que desprendidas, ulcerarán su cuerpo a pesar de la capa de barro. Al final, cuando el jolgorio se acabe, la desdichada criatura será sacrificada según el Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares de Castilla – León, así será aunque sus cínicos valedores, esgrimiendo como siempre la mentira, afirmen que disfrutará de un retiro placentero.
A nadie le puede extrañar que en más de una ocasión durante esta atroz exhibición de crueldad, el toro haya acabado por suicidarse golpeando repetidamente su cabeza contra una pared. Lo que sí tendría que estremecernos, es que su agonía constituya un motivo de alegría para los hombres y un aleccionamiento sobre la licitud del sadismo y del ensañamiento para los niños que acompañan a sus mayores, en una especie de pedagogía degenerada acerca de la relación del ser humano con el resto de especies animales. En España la infancia tiene libre acceso al martirio y al asesinato injustificado de animales.
El mismo día que se lleva a cabo dicho acto popular de tortura, el PACMA, en colaboración con diversos colectivos contra el maltrato animal, ha organizado concentraciones de protesta y de repulsa en Medinaceli y en Soria. Los responsables políticos harían bien en tomar buena nota de ellas y en extraer conclusiones, porque representan el sentir de la mayoría de los ciudadanos, y denuncian no sólo la brutalidad de unos pocos energúmenos, sino también la complicidad de la Administración, empezando por el apoyo económico que le brinda a estas muestras de indignidad humana y acabando por su clasificación como “Fiestas de Interés”. El crimen, por más que se institucionalice, no deja de serlo, y el Toro Júbilo de Medinaceli, con varios agresores y una víctima inocente a la que martirizan y matan, sin duda lo es.
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domingo 25 de octubre de 2009
Nueva escuela taurina en Cádiz para instruir en al tortura animal
El Gobierno Andaluz continúa su aberrante y estrafalaria cruzada a favor de la tauromaquia, y en ese inútil afán por recuperar prestigio y afición para lo que no son ya más que los patéticos vestigios agonizantes de una tradición degenerada e infame, está recurriendo a las más desesperadas estrategias por lograrlo, casi todas ellas, cómo no, acompañadas de la consiguiente inyección de dinero público.
Charlas, coloquios, corridas gratuitas o descuentos para niños, ferias, presentaciones de libros, búsqueda de patrocinadores, presencia en los medios de comunicación... toda una campaña muy bien organizada y convenientemente maquillada bajo mil disculpas pero que a la hora de la verdad, no puede disimular lo que bajo ella subyace: la exasperación de los círculos taurinos por el paulatino e imparable declinar de su fiesta, y sus mezquinos y esperpénticos esfuerzos por impedir lo inevitable presionando al poder, pues de influencias no carecen, además del apoyo de un mayestático taurino y escopetero de caza mayor.
Y entre tanta maniobra pensada para que a estas alturas, nos sigamos creyendo que martirizar hasta la muerte a un animal es un modo adecuado e indispensable de transmitir belleza, sensibilidad y cultura, para pretender que contemplemos bondades donde sólo hay dolor, sangre y muerte, la última perversión que nos llega es la de la apertura de una Escuela Taurina en Cádiz, y con ésta ya son veintitrés las que existen en Andalucía.No se pierdan la justificación para su creación, pues para los responsables constituye: "un instrumento fundamental para canalizar el potencial de los jóvenes andaluces aficionados a este arte y ofrecerles la oportunidad de aprender con independencia de la capacidad económica de sus familias".
¿Arte?. No Señores, se están equivocando, porque si para manifestarse le cuesta la vida a alguien ya no es una expresión artística, sino un crimen. El alanceamiento, la evisceración, la mutilación o el descabello de un ser vivo, es cierto que como el arte, requieren que alguien esté en disposición de llevarlos a cabo y que posea la siniestra habilidad necesaria para ello, pero nunca la exteriorización de un acto humano ha merecido el calificativo de artística, si ha sido necesario torturar y asesinar para realizarla. De otro modo, los crímenes de Jack el Destripador, por lo certeros e impunes, o los del Régimen Nazi, por lo numerosos y prolongados, deberían también alcanzar la categoría de arte. Qué despropósitos los míos, ¿verdad?, seguramente, en su doble moral, interesada y rastrera, no conciben como puedo establecer tales comparaciones. Tal vez porque no soy especista.
Y luego tenemos a los jóvenes. Están instruyendo en la tortura a los mismos que luego dicen proteger luchando contra el “botellón”, informándoles sobre los riesgos de las drogas o de las enfermedades de transmisión sexual, amparándoles ante el abandono, la crueldad o la explotación, educándoles en la tolerancia y en la comprensión... Sí, todo eso está muy bien, pero, ¿no les parece una muestra de cinismo permitir y alentar que por otra parte, crean que infligirle padecimiento extremo a un animal como forma de espectáculo popular es una salida laboral digna para ellos?. Están consintiendo y poniendo los medios para que unos niños se conviertan en torturadores y matarifes profesionales, y eso es degradante y repugnante.
Al final de su estremecedor argumento, echan mano del sentimentalismo tratando de rozar la fibra solidaria de la Sociedad, y para eso nada mejor que presentarse como unos mecenas de la educación, explicando que aunque las familias de los futuros verduguillos no tengan poder adquisitivo, Ustedes se harán cargo de los gastos generados durante la formación. Se puede emplear dinero en fabricar armas para vendérselas a países en guerra y que sean utilizadas por niños soldado, en crear redes de narcotráfico y conseguir que muchos jóvenes se conviertan en drogadictos para asegurarse la clientela, o en enseñar a adolescentes cómo torturar animales, empezando por becerros y novillos, para acabar con toros al final del proceso de aprendizaje. Ustedes han escogido esta última vía como modelo de inversión.
Con esta Escuela recién creada en Cádiz dan un paso más hacia atrás y siguen sumidos en las sombras de la ignorancia y del atraso, pero no pretendan que los ciudadanos les acompañen en ese viaje a través del sufrimiento y de la vergüenza porque cada día, encuentran menos hombres tan ruines y egoístas como para que les satisfaga cometer semejantes atrocidades con un toro. Ya sabemos que detrás de todo esto, lo que hay realmente es la rabia de algunos por su lucro cesante al estar desapareciendo la tauromaquia, pero como ese hecho es lógicamente inconfesable ante la opinión pública, siguen enredando con sus argumentos falsos y retorcidos: los de la especie y dehesas en peligro, lo de que es una lucha de igual a igual, que representa a la vida misma... y toda esa serie de majaderías que tanto les gusta repetir dentro y fuera de nuestro País.
La última es que se declaren las corridas de toros “Bien de Interés Cultural” y hasta “Patrimonio de la Humanidad”, dicen algunos en el colmo de la enajenación mental. Caballeros, el toreo es un cadáver del que cada día se alimenta menos carroña. Hagan el favor de asumirlo pero sobre todo, por favor, dejen de invertir dinero público en abrir escuelas donde se enseña a los niños una actividad cuya prohibición, se está extendiendo sin cesar, por el bien de todos, empezando por el de los toros, esos a los que tanto dicen querer Ustedes, pero luego les cortan las orejas, el rabo y los sacan de la plaza arrastrándolos y dejando un reguero de sangre tras de si. La tauromaquia está llena de hipocresía, de sadismo y de oscurantismo.
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miércoles 21 de octubre de 2009
Liberar visones es malo, ¿y despellejarlos?
Por eso afirmo que aquellos que las llevan a cabo son malos y tontos y que está muy feo liberar a estos animales, principalmente para el industrial peletero, que mira por donde ve como con cada una de estas actuaciones miles de sus esclavos, que permanecían todos condenados a muerte, corretean libres por los montes y con ellos, los millones que va a dejar de percibir por despellejarlos.
Los hechos ocurridos en Galicia hace pocos días, Comunidad en la que perduran la mayor parte de salvajes y sangrientas explotaciones de este tipo en España, han desatado una corriente de rechazo hacia los responsables de las liberaciones, linchamiento mediático al que se ha sumado la mayor parte de la prensa y de la televisión, que ya se sabe que esto de los productos suntuarios es como los lobbies taurinos, repletitos de gente forrada de pasta y con gran poder para influir en la línea de opinión. Porque los abrigos de visón no los compran los de los 420 euros mensuales, ¿no?.
¿Cómo es el discurso?: “Terrible impacto ecológico con grave peligro para las especies autóctonas por la acción del visón americano...”. Vamos, que mientras estén encarcelados no hay problema, lo peliagudo del asunto viene cuando alcanzan la libertad. Igualico igualico que cuando llevaban a los ilotas africanos a Norteamérica: si estaban encerrados en las plantaciones todo estaba bajo control, lo malo llegó con su manumisión, que se extendieron, proliferaron y ahora así les pasa, que tienen al descendiente de uno de ellos en la Casa Blanca.
Respecto a las consecuencias de que estos animales estén libres podrían ponerse bastantes “peros” a algunas de las falacias esgrimidas por las partes interesadas en su confinamiento: como que son solitarios y territoriales, lo que implica un índice de ocupación muy bajo por esta especie. Tampoco está de más recordar que antes que los defensores de los derechos de los animales, fueron algunos de los propios encargados de granjas peleteras, los que los soltaron cuando este infamante negocio perdió cuota de mercado y decidieron deshacerse de ellos, aparte de las evasiones fortuitas que desde la década de los 70 se vienen produciendo.
Luego nos cuentan, o mejor dicho, tratan de envenenar a la opinión pública, argumentando que “¡menudo amor a los animales!” el de los que hacen esto, pues la gran mayoría de los visones que se liberan morirán. Y tienen toda la razón, pocos serán los que sobrevivan, pero la pregunta que enmudece esa razón rastrera es la siguiente: ¿cuántos de ellos se salvarían de una muerte prematura en el caso de seguir enjaulados?. La respuesta es siempre la misma: ninguno. Probabilidad cero contra posibilidades escasas. ¿Qué escogen”.
Así que no nos vengan con consideraciones piadosas porque suena como un discurso de integración racial en boca del Führer, de hecho los propietarios de los visones invitan a que la gente mate a los evadidos y les lleven sus cuerpos no por evitarles sufrimientos mayores, sino para poder desollarlos y continuar con el negocio, del mismo modo que si la época del año en la que se produce la liberación coincide con aquella en la que las hembras están preñadas, el ruego es que se capturen vivos, así no perderán tanta materia prima.
Yo comprendo que en esta Sociedad, si uno no es “políticamente correcto” se le echarán encima y después, resulta muy complicado limpiar la imagen, sobre todo si conviene mantenerla inmaculada para poder pisar en ciertos salones, en ese caso entonces es mejor pasarse al otro lado o simplemente, no participar en estas cuestiones, pero lo triste es proclamarse en defensor de los animales y denostar a los que tienen el valor y la dignidad de jugarse el tipo por conseguir que se hable de su espantosa situación. No hay charla en ningún salón de actos, que tenga tanta repercusión como abrir las cárceles de estos seres.
Yo mantengo prisioneros de por vida a miles de visones para cuando alcanzan el tamaño y el grosor de piel adecuado, asesinarlos con gas o mediante electrodos y acto seguido, muertos si la ejecución ha tenido éxito o sólo aturdidos si no ha sido así, arrancarles toda la piel y en más de una ocasión, arrojarlos a un contenedor en carne viva y todavía moviéndose. Y si vienen unos señores y permiten que se escapen antes de que yo lleve a cabo mi lucrativa matanza, resulta que soy el bueno y el que puede lloriquear delante de las cámaras afirmando que esos asaltantes son gentuza sin escrúpulos. Hay que fastidiarse con la escala de valores vigente y con aquellos empeñados en que nada cambie.
Entonces, si dijese – que no lo hago, que para eso tengo un primo abogado - que las sueltas de visones me parecen un mal menor y buenas como llamada de atención sobre estas prisiones – cadalsos de seres vivos, sería tachado de delincuente y hasta de terrorista, palabrita ésta última muy de moda en boca de los maltratadores de animales para referirse a los que rechazan sus crímenes y exigen respeto por estas criaturas, pero resulta que si las critico, estoy contribuyendo a un negocio sangriento y miserable que acarrea verdaderas atrocidades cometidas con los animales para que unos cuantos, se vistan con sus pieles. Así que a la vista de lo dicho, que cada uno interprete mi postura como quiera, sobre todo teniendo en cuenta que soy gallego.
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domingo 18 de octubre de 2009
Galicia, un cortijo de cazadores
En el B.O.P. de Ourense Nº 202 de 03/09/2005, se publicó la relación de fincas que se pretendía segregar y se abrió el periodo de alegaciones. Posteriormente, la Consellería de Medio Ambiente de A Xunta, envió una copia del escrito correspondiente a la dirección del TECOR y a todos los afectados, informando de cuáles eran estas parcelas y ofreciendo los datos necesarios para identificarlas y situarlas.
Resumiendo, que cualquiera que hubiese tenido el mínimo interés en determinar su ubicación disponía de información sobrada para ello, con lo que no es posible alegar desconocimiento. Lo que sí se puede hacer, como en su día se le ocurrió al Presidente de este TECOR, es difundir por una emisora de radio que no pensaba respetar la normativa, invitando a los propietarios del suelo a desistir de su derecho sobre el mismo.
¿Y todo esto por qué?. Pues se debe a que el hecho de que sus legítimos dueños recuperen el dominio de sus fincas, impide a los 150 cazadores que pertenecen al TECOR emplear sus armas para matar animales dentro de ellas, algo a lo que unos cuantos, no todos, no están dispuestos a renunciar. Su obsesión por apuntar a una criatura, apretar el gatillo y rematarla a cuchillo cuando sea menester, les domina de tal modo que les hace despreciar la propiedad privada, la legislación y hasta el riesgo de alcanzar a un ser humano.
Nos encontramos entonces con que siguen efectuando disparos en las zonas de seguridad, en refugios de fauna y en las mencionadas fincas. Ellos, que en ningún momento niegan esta vulneración legal, aducen que la señalización de esos espacios es deficiente. La realidad es que las indicaciones abundan y son repuestas por los propietarios hasta la saciedad, ya que los cazadores las destrozan con sus armas o las arrancan, para luego poder defenderse diciendo que no sabían que estaban en lugares no autorizados.
Enfrentarse al grupo de escopeteros que arma en mano, pululan por estas zonas prohibidas a la caza en el citado TECOR, es recibir un aluvión de insultos, de amenazas y cómo no, de agresiones físicas. La última fue la sufrida por el portavoz de un grupo ecologista y también dueño de algunas de las parcelas invadidas por los cazadores. Le atacaron con los puños, con piedras y con palos. También blandieron armas blancas aunque éstas no las llegaron a utilizar. Sus lesiones fueron múltiples y existe el parte médico que lo demuestra, así como una denuncia interpuesta por dichos hechos.
Esta gente, que no tiene el menor reparo en violar la ley de caza, dice ahora sentirse "amenazada" por el ecologista al que golpearon con brutalidad, cuya conducta tienen la osadía calificar de agresiva. El ataque, cobarde y feroz, se produjo cuando después de explicarles que allí no podían cazar, regreso al lugar tras ir a su casa a buscar la documentación que así lo acreditaba para demostrárselo. Y esas declaraciones las hacen los mismos que le dieron una paliza, los que amagan con pegarle a un tiro a aquellos que les reprenden por su desprecio a la legalidad escudándose en que "será un accidente y ya pagará el seguro".
Su actitud chulesca y el hecho de que vayan siempre en cuadrilla y armados, les basta para mostrar su bravuconería con cualquiera que les indique que están cazando donde no está permitido. Sin embargo, ante la opinión pública y las autoridades, quieren ir de inocentes y de acosados, por lo que ahora le han pedido a la Subdelegación del Gobierno que establezca vigilancia en el monte, ya que el comienzo de la temporada de caza es inminente y se sienten "asustados" ante el portavoz de la asociación ecologista al que dejaron herido entre cuatro. Qué repugnante mezcla de salvajismo y de hipocresía.
Esta falta de control es precisamente lo que vienen denunciando los afectados por los cazadores desde hace años, ya que sólo el SEPRONA, desbordado de trabajo, se preocupa por vigilar esas zonas, pero el escaso número de efectivos imposibilita abarcar todo y no existe presencia de guardas forestales para participar en dichas labores. En lo que se refiere a este TECOR, los perjudicados por los desmanes de los cazadores, han dirigido a diferentes estamentos de la Administración más de veinte escritos en los cuatro últimos años, exponiendo los casos de abusos, amenazas, actuaciones peligrosas, violaciones de la ley y en casi la mitad de ellos, solicitando una inspección suficiente y efectiva.
También puede ocurrir que la Administración, ante la petición de una mayor vigilancia en los terrenos del TECOR, necesaria según una cuadrilla de cazadores para un ecologista solo no les pegue, y a juicio de los que no se dedican a esparcir vísceras de animales, para que los discípulos de San Huberto no conviertan todo el monte, sectores vedados incluidos, en su particular campo de exterminio, responda que no disponen del presupuesto que les permita establecer dichas rondas. Y probablemente tendrán razón, sobre todo después de que hayamos conocido que la Consellería de Medio Rural, ha decidido aportar 170.000 euros para fomentar la actividad cinegética. Es lo que tiene subvencionar a los verdugos, que luego no quedan dineritos para las víctimas.
Dejando ya aparte de lo discutible de la caza, un deporte que aunque quiera disfrazarse con el atuendo del conservacionismo, no es más que darle gusto al simple placer de matar, es inadmisible el comportamiento de ciertos cazadores, que se creen que todo el monte, incluyendo terrenos en los que por su especial consideración es ilegal cazar, es un escenario en el que pueden reventar a disparos a un animal sin que nadie tenga derecho a impedírselo.
Son violentos, son chulos y cuando no hay testigos que puedan comprometerles, hacen de las amenazas su seña de identidad y de las agresiones sus argumentos. Alguna prueba en vídeo existe sobre este comportamiento intimidatorio tomada durante un Campeonato de Caza del Zorro en Galicia. Este ecologista, que no hacía más proteger sus propiedades, recordarles la ley y evitar matanzas de animales allí donde está prohibido ejercer la caza, tuvo que sufrir los golpes y la brutalidad de cuatro de ellos. Ahora le toca soportar la falsedad y desvergüenza de estos escopeteros, tratando de convertirse en víctimas cuando son ellos las que las causan.
Se creen los amos y señores del monte, por el que transitan a sus anchas portando armas y dejando innumerables regueros de sangre, a menudo humana, no hay más que repasar las hemerotecas. Y están acostumbrados a que los ciudadanos, en vez de poder ejercitar su derecho de pasear libremente por lo que es patrimonio de todos, opten por quedarse en sus casas o tengan que escoger otros lugares, ante el miedo de recibir el disparo de un cazador.
Este TECOR de Galicia, es sólo una muestra más de un problema que afecta a todo el País, porque muchos de estos señoritos siguen pensando que cualquier terreno en el que hay piezas susceptibles de ser abatidas, forma parte de un inmenso cortijo de su propiedad que pueden sembrar de cadáveres a su antojo, sin admitir que nadie se atreva a negarles esa “prebenda” que ellos solitos se adjudican cuando obtienen la licencia de caza.
Ataques a personas, muerte indiscriminada de animales, sufrimiento, furtivismo, perros heridos, abandonados y asesinados, “accidentes” con víctimas humanas, tráfico de animales y de trofeos, conculcación de los derechos de muchos ciudadanos, infracciones legales... todo eso y más trae consigo la caza. Y encima, los responsables de tales desafueros, quieren jugar el papel de mártires ante la Sociedad. Algunos, movidos por su pasión por matar, no encuentran límites ni en la moral, ni en la razón, ni en la Ley.
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sábado 10 de octubre de 2009
El inminente declive laboral de José Tomás
¿Qué vas a hacer dentro de muy poco tiempo, José Tomás, cuando se te reduzcan las posibilidades de que te contraten para matar?. Hasta ahora, toda España constituía para ti un inmenso patíbulo en el que podías ejercer impunemente de verdugo de inocentes a cambio de suculentas sumas de dinero; pero mira por dónde que llegan unos cuantos antitaurinos, de esos a los que tú temes más que a los cuernos del toro – a los animalistas no se les puede “afeitar”, ¿verdad? – y te encuentras con que son capaces de presentar una Iniciativa Legislativa Popular que va a conseguir que Cataluña, sea declarada zona libre de tortura y de muerte en las corridas. Y encima muchos miles de ciudadanos respaldan con su firma la propuesta.
Ya sabes lo que eso significa porque hasta los más brutos son capaces de percibir el peligro: no sólo que a partir de su aprobación La Monumental de Barcelona deje de ser un recinto, como si de un circo romano se tratase, en el que se celebren cruentos sacrificios de animales para llenar tu bolsillo, el de algunos ganaderos y también el de empresarios taurinos, así como para practicarle una transfusión de sangre ajena a esos aficionados incapaces de vivir sin ver como otros mueren después de un intenso sufrimiento. Si no que esto es el comienzo de un cerrar y abrir de puertas en todo el País, porque por cada una que se os clausure a ti y a tu cuadrilla en una Plaza, se abre otra a la justicia, a la compasión y sobre todo, a la razón. Contigo y con los tuyos, se va el olor de la muerte y entra el de la vida, mucho más sano para todos, empezando por los toros.
Tú, aún furibundo porque vas a quedarte sin muchos kilómetros cuadrados que sembrar de cadáveres, te consolarás pensando que son todavía abundantes los ruedos de España en los que situarte frente a un toro herido y disminuido por el picador y por algún otro previamente, en los que ensartarle el acero en las entrañas, y después de unos minutos de rendirle homenaje al sadismo, mientras el animal agoniza entre vómitos de sangre, pasearte orgulloso como sueles hacer, hinchando pecho, marcando paquetillo y mirando con ese aire petulante al tendido, mostrando arrogante las manchas rojas que en tu traje dejó el roce con el cuerpo de aquel que entre estertores, pagó con su vida el precio de una gloria tan mezquina como la que apeteces.
Pero en el fondo, sabes como yo, como muchos, que la cordura puede imponerse con tanta celeridad como la estupidez. Es cuestión de romper la inercia de una o de otra y a partir de ahí, su crecimiento se vuelve continuo e invulnerable. Después de muchos años de ruindad moral, en los que la saña con seres vivos cobró institucionalmente la categoría de arte y de cultura en el colmo de la perversión, la ILP de Cataluña marcará el comienzo de otro movimiento imparable, el del respeto hacia los inmolados una de las formas de maltrato mortal más extendida y cruel en nuestro País: la tauromaquia.
Empezamos por el Noreste José Tomás, y no dudes que acabaremos por el Suroeste pasando incluso por Galapagar, tu tierra natal. Porque ni es divertido, ni educativo, ni tiene el menor sentido o razón de ser, el que tú sigas cobrando por provocarle padecimiento a los toros y `porque los martirices hasta la muerte. Ese, el del rechazo a semejante brutalidad, es el sentimiento de la mayor parte de la Sociedad española, sólo hacía falta el cauce legal para expresarlo y convertirlo en realidad. En Cataluña esa herramienta existe y va a dar resultados, en el resto de las Comunidades es cuestión de tiempo, ya verás como no demasiado, porque ningún bien nacido puede admitir la licitud de un crimen y ya son demasiados los que habéis vivido de perpetrarlos.
Tal vez tenías que haber venido al mundo hace cien años, cuando en España los animales eran simples objetos al servicio del hombre, al igual que las mujeres, por cierto. Pero escogiste mala época para convertirte en matador, porque resulta que a día de hoy, el movimiento contra el maltrato animal es una fuerza incontenible y creciente, presente en todos los rincones del País y algo que ya no pasa desapercibido para los políticos, poco sensibles y bastante cobardes, pero no tan majaderos como para ignorar eternamente una demanda que está alcanzando tal magnitud. Y los animalistas gallegos, castellanos, andaluces o extremeños, los de todos los rincones de esta Nación, José Tomás, vemos en la ILP de Cataluña un ejemplo a seguir, así como una primera batalla ganada decisiva para triunfar en esta “guerra”, en la que, no lo olvides, los únicos que matan, los responsables de las víctimas, sois vosotros, los taurinos. Pero por poco tiempo sayón, tu declive laboral ha comenzado.
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miércoles 7 de octubre de 2009
Lo sencillo de mutilar, cegar y lapidar a un perro
Les traigo el desayuno Sres. Políticos y espero que se les atragante, aunque lo dudo, porque Ustedes sólo se estremecen ante la pérdida de votos y de poltrona. Así que, anúdense la corbata para ir a justificar los muchos cientos de euros que perciben diariamente por su labor, pero por favor, antes de salir de casa échenle un vistazo a las fotos que acompañan a este escrito. Si después de hacerlo no devuelven encima de su traje, ese cuyo precio supera el subsidio de desempleo mensual de muchas familias españolas, es que no tienen conciencia, ni corazón, ni vergüenza. Su repulsión no debería de estar tanto provocada por la visión de tan espantosas imágenes, como por saber que esto sigue pasando, día tras día, por su culpa. Si dispusieran de un mínimo de dignidad sentirían repugnancia de Ustedes mismos. Pero no es así, estoy convencido.
Las fotografías se corresponden con los siguientes episodios: el primero fue el pasado 2 de Septiembre, cuando un podenco canario que hambriento y en los huesos deambulaba por la Barriada de la Constitución, en Güimar (Tenerife), fue atacado brutalmente por un joven de dieciséis años que según testigos, venía amenazando con matar al perro. Y lo cumplió con una piedra de grandes dimensiones, pero no sin antes vaciarle un ojo. Una mujer de una Asociación canaria contra el maltrato que acudió al lugar tras una llamada de la policía, relató como el muchacho, que tenía las manos manchadas de sangre, y la madre de éste, también presente, se reían de ella cuando desesperada les preguntaba que dónde estaba el animal. La policía halló su cadáver en el interior de una zanja. La autopsia indicó: “múltiples fracturas expuestas en la cabeza con pérdida de piel, músculo y hueso, así como exposición de la masa encefálica, fracturas en huesos frontales, occipitales, maxilar, mandíbula, vértebras cervicales, en las zonas atlanto oxipital y atlanto axoidal con desgarros musculares, y el globo ocular totalmente fuera de la cavidad orbital…”. El segundo suceso tuvo lugar el día 6 de Septiembre en una parcela particular de Utrera (Sevilla), y el desgraciado protagonista fue un pastor alemán que se encontraba dentro de un recinto cerrado en la finca. Los agresores rompieron la malla de cerramiento y atacaron al can con objetos cortantes. Las fotos son espeluznantes y muy explícitas, muestran perfectamente el feroz encarnizamiento con el que estos monstruos actuaron. Un detalle escalofriante: el pobre perro todavía fue capaz de mantenerse en pie hasta la llegada de su amo, en ese momento cayó desplomado muriendo poco después.
De los autores del asesinato de éste último no se sabe nada. El engendro que cometió el primer crimen y su tutora legal fueron localizados por la policía y pasaron a disposición judicial. Pero la pregunta es: ¿va a tener lo que han hecho, para uno como autor material y para la otra como responsable del menor, alguna consecuencia legal?. Es más que dudoso, puesto que en este País casi nunca le ocurre nada a los que perpetran acciones similares. No sólo son pocos los medios que se disponen para investigar estos casos y muy contadas las ocasiones en las que ofrecen resultados satisfactorios, sino que una vez detenidos, lo que sigue es un pequeño trámite que apenas les acarrea problemas, ya que para que matar a un animal conlleve efectos punitivos es obligatorio demostrar que se ha actuado injustificadamente y con ensañamiento. Al parecer el cadáver no les sirve como prueba, pues hace falta que “el autor no tenga motivos y que se haya prolongado y aumentado deliberadamente más allá de lo necesario (sic) el sufrimiento del animal”. Resulta increíble pero eso es lo que dice la Ley.
Pero claro, ni aún por esas tenemos garantizada la justicia, porque luego llegan jueces como el que decidió sobre el caso de Javier Ferrero, el “Matagatos de Talavera”, o el que juzgó a un joven que colgó a su perro de un saco de boxeo y le cosió a puñaladas hasta esparcir sus vísceras por toda la habitación, y no encuentran razones para sancionarlos; magistrados que no tienen el menor reparo en permitir que estos canallas se vayan a sus casas el mismo día de la vista al considerar que no existe delito y ni tan siquiera falta.
No acaba ahí la aberración, porque en las contadas ocasiones en las que se dicta un veredicto de culpabilidad, la sentencia se reduce a una pequeña multa que servirá para ayudar a que los políticos a los que estas palabras van dirigidas se compren nuevos trajes, o para pagarles viajes con “corazonadas”, pero en ningún caso el criminal es condenado a una pena que le obligue a entrar en prisión.La consecuencia es que los que planean acciones similares, pueden permitirse el lujo de reírse como hacía el muchacho de Güimar después de asesinar salvajemente al desdichado podenco, sabiendo que si le cogen unas cuantas monedas serán suficientes para compensar el inmenso padecimiento provocado al perro. Seguramente quien haya hecho lo de Utrera tampoco alberga la menor inquietud y repasa satisfecho su hazaña. Esta gente suele sentirse complacida contemplando lo que a nosotros nos produce arcadas.
Por eso la historia se repite una y otra vez, porque no existe el temor a ser castigados de un modo acorde al daño causado, con lo que el efecto disuasorio del Código Penal se pierde y España permanece convertida en un gigantesco cementerio, en el que se pudren los cuerpos de animales con los sesos desparramados, despellejados, con las cuencas de sus ojos vacías, quemados, mutilados o ahorcados. Y detrás de cada uno de ellos hay un ser humano que se ríe y disfruta por lo que ha hecho. A veces son casi niños, también orgullosos de su acción, y en ocasiones como la de Tenerife, con su madre delante defendiéndole y despreciando a quien recrimina su actitud.Pero por encima de las conductas envilecidas de algunos ciudadanos, más allá de su agresividad desmedida, de su tremenda cobardía y de su absoluta falta de consideración hacia el padecimiento de criaturas desamparadas, está la vergonzosa apatía de los políticos, a los que no les conmueve la visión de un perro con el hocico seccionado, con su masa encefálica esparcida o con las cavidades oculares vacías, ni les inquieta que sigan libres quienes fueron capaces de cometer tales atrocidades.
No pueden aducir desconocimiento, ni tampoco, asumiendo ya que el sufrimiento de los animales no les afecta, hacer como que no conocen todos los estudios que indican que muchos de los que comienzan ejerciendo la violencia con estos seres, acaban escogiendo como víctimas a los hombres, informes avalados por infinidad de historiales delictivos que así lo corroboran. ¿Cuál es entonces el motivo de una indiferencia negligente hacia estos sucesos?, ¿por qué están siempre dispuestos a endurecer, por ejemplo, las penas por infracciones al Código de la Circulación, pero no muestran la misma diligencia cuando se trata de enjuiciar casos de tortura y de muerte de animales?.Termínense sus cafés, Sres. Políticos, instalen en sus rostros la sonrisa populista y mediática y súbanse en sus coches oficiales para ir a sus despachos. Yo espero que durante sus días y sus noches, les asalten continuamente las imágenes de estos perros brutal y cobardemente asesinados en Güimar y en Utrera, sólo dos de una inmensa lista que no para de crecer, y confío en que cuando el único identificado, el joven de dieciséis años que mató al primero sea actualidad por haber asestado treinta puñaladas a una persona, Ustedes se estremezcan pensando que ambos muertos, perro y hombre, lo están porque no tuvieron ni el valor, ni la dignidad, ni la decencia, ni la honestidad, de trabajar por la implantación de una Ley de Protección animal adecuada.
Déjense de Olimpiadas y empiecen por traer a este País la justicia y la civilización. Su “Pan y Circo” cada vez resulta menos efectivo como táctica política y se están quedando desnudos ante los ciudadanos, porque despojados de sus golpes de efecto, de su retórica vacía y de la credibilidad popular ante sus falsas promesas, lo que permanece de Ustedes es su desprecio hacia la construcción de una Sociedad en la que no prevalezcan la violencia y el abuso como conductas impunes, mientras los cadáveres de aquellos que parecen no tener derechos fundamentales como consecuencia de una situación histórica de desamparo, se amontonan en sus conciencias sin que el hedor que despiden parezca servirles de revulsivo.Me gustaría que en todos los colegios, por más duras que sean, se exhibiesen las fotografías de los perros de Güimar y de Utrera, acompañadas de la aclaración de que los autores de esas salvajadas están en libertad y que en el caso de ser encontrados y juzgados, ninguno de ellos acabará en la cárcel, que sería el único lugar en el que puede permanecer alguien que alberga esos instintos criminales y capaz de torturar con tanta saña y de matar a esas criaturas.
Claro, que unos cuantos lo verían como un atentado contra el derecho de los niños a no ser expuestos a imágenes que puedan causarles algún tipo de trauma, pero curiosamente parte de estos valedores infantiles, son los mismos que no tienen el menor reparo en que los mismos críos vean corridas de toros, acudan a festejos taurinos de todo tipo, practiquen la caza con sus padres o vayan a circos con animales. No será, Sres. Políticos, que lo que realmente les ocurre es que tienen miedo de despertar en los infantes una actitud de rebeldía ante la permisividad con el maltrato a los animales y tal vez, en el fondo, prefieren asumir el riesgo de que un adolescente de dieciséis años le vacíe los ojos a un podenco y lo mate a pedradas, que alguien seccione vivo a un pastor alemán, o que unos niños de diez años le partan la columna vertebral a un gatito, como ha ocurrido no hace muchas semanas, antes que el de afrontar soluciones para lo que ha adquirido la magnitud de tragedia.
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Fin Maltrato Animal
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